lunes, 12 de febrero de 2018

EL CARNAVAL ABANQUINO (5)

LA FIESTA DE LOS CARNAVALES EN ABANCAY






En esta tierra de haciendas coloniales (Patibamba, Illanya, Pachachaca, San Gabriel y Santo Tomás) esta fiesta se celebraba con gran derroche de pompa, júbilo y dinero. Primero en las casas-hacienda y dentro de los cerrados círculos sociales de los hacendados y sus invitados, donde se reunían al más purísimo estilo aristocrático limeño. No en vano Abancay, desde los tiempos de la colonia, ha sido conocido con el mote de “Lima chico”.

De esos centros de poder social, cultural y económico, a su modo, el carnaval se extendió a los centros poblados, que durante la colonia se les conocía como “pueblos de indios” y que con el paso de los siglos llegaron a constituirse en las principales ciudades apurimeñas: Abancay, Andahuaylas, Chalhuanca, etc., pero especialmente al campo donde cobró un singular colorido.

Una emulación de esas refinadas fiestas, aun se reproducían en los años 60’ y 70’ en el Club “Unión” de la Plaza de Armas de Abancay, con  disfraces, máscaras, serpentina, pica-pica, mixtura, chisguetes de éter, grandes orquestas y otras alegrías que la ocasión permitía.

Ese carnaval está prácticamente extinguido en la actualidad. Pero aquel que de las haciendas salió al campo, retornó a la ciudad convertido en una masiva, socarrona y alegre expresión cultural, motivo de orgullo regional, y que en la ciudad de Abancay se ha convertido en su principal atracción cultural y turística, de tal importancia que por sus propios méritos ha sido declarado Patrimonio Cultural de la Nación por el Ministerio de Cultura.

El carnaval abanquino que conocemos, tiene su origen en la campiña que rodea a la ciudad. Probablemente haya evolucionado a partir del ancestral “Pukllay” andino, pero asumiendo algunos detalles de las fiestas que se celebraban en las casas hacienda. No es difícil considerar que a estos orígenes se sumó el hecho de que las tierras agrarias de los valles de Abancay y Pachachaca fueron rápidamente convertidas en haciendas cañaveleras por los primeros españoles, donde además de los panes de azúcar se producía la chicha de caña que nosotros llamamos cambray pero que en otras latitudes se le conoce como Guarapo; y, donde se movía tanta cantidad de esta bebida espirituosa, era lógico  que reinara un ambiente alegre y festivo, y gracias a ello, se diera el motivo y humor para el mantenimiento o surgimiento de este tipo de fiestas y otras tantas diversiones populares, que aún persisten como el “cutipa” segundo cultivo del maíz; el “ccacu” en la fiesta de San Juan; la marca del ganado en la Fiesta de San Marcos; las carreras de caballos en la fiesta de Santiago Apóstol, etc.



No está lejos de la verdad señalar, que las fiestas carnavalescas que hoy prosperan en Abancay, han ganado su arraigo popular dentro de las principales ciudades apurimeñas durante los años 70’, década que coincide con la liquidación de las haciendas por el Proceso de Reforma Agraria, y con ello el final de una ideología elitista que permaneció y dominó el valle por más de cuatro siglos.

Desde el año 1936, la planificación, programación y desarrollo está a cargo de la Municipalidad Provincial de Abancay, y básicamente están referidas a las siguientes actividades:

-        Lanzamiento del Carnaval Abanquino, para fines de propaganda nacional e internacional con el objeto de invitar a los viajeros y turistas.

-    La Fiesta de los Compadres, en la medida que hemos señalado en la entrada Nº 3 de este trabajo.

-        La Fiesta de las Comadres, ídem.

-        La elección de la Reina del Carnaval Abanquino.

-  La entrada del Ño Carnavalón, con desfile de comparsas abanquinas. Podemos considerar que este es el centro de la fiesta.

-  El concurso de Comparsas abanquinas.

-        El concurso de Comparsas Infantiles.

-        El concurso de Timpus o Pucheros.

-        Concurso del Carnaval Campesino.

-        Entierro del Ño Carnavalón.

Todas estas actividades se desarrollan en los días señalados dentro de la programación establecida por la Municipalidad Provincial de Abancay.



De aquellos pasados tiempos, falta rescatar la fiesta de gala de disfraces con gran derroche de pica-pica, mixtura, talco y serpentinas y buena música a cargo de una orquesta de fama nacional.

La actividad principal y masiva de estas fiestas son las comparsas, que en otros tiempos se solían llamar "pandillas", tal y como aparece en la obra de Aurelio Miro Quesada Sosa, Guillermo Viladegut Ferrufino y otras publicaciones de época. 

         En buen castellano una comparsa es un grupo de personas que ataviadas de forma similar, que con intención jocosa o sarcástica, participan en una fiesta popular, como es el caso de los carnavales abanquinos, donde la población sale a las calles a interpretar su música, sus bailes y jugar con chisguetes de espuma y agua.

En el carnaval abanquino las comparsas tienen tres componentes bien diferenciados y muy especializados, aunque todos usen el traje típico de los abanquinos y las abanquinas:

  1. El conjunto musical con guitarras, mandolinas, charangos, quenas, tinyas, bordón y cascabeles que aporta la música y las letras de los “carnavales” que son unas canciones muy alegres y bailables con letras que hacen sátira mordaz a las instituciones, las personas, las personalidades o a los acontecimientos especiales como enamorarse, casarse, tener los hijos, en fin: la vida misma. Las más de las veces los músicos también cantan.
  1. Los cantantes, un grupo de hombres y mujeres, que dentro de la comparsa reciben el nombre de “las voces”. Pero en el desfile de comparsas todos cantan por toda la vía pública para que los escuchen.
  1. El cuerpo de baile que desarrolla las coreografías preparadas por la comparsa, pero que cuando se da la ocasión hacen el coro a “las voces”.



En sus últimas versiones, los desfiles de las comparsas abanquinas han puesto en escena a más de 2,000 personas, de las cuales la gran mayoría han estado formadas por los empleados de las instituciones públicas y privadas, entidades financieras, instituciones de educación superior, entre otras; y, la otra parte fue formada por las abaceras de los mercados locales y por las delegaciones de algunos barrios populares o de la campiña abanquina.

No podemos olvidar que en este desfile de comparsas también están presentes los abanquinos, que de otras partes del Perú y el mundo, llegan exclusivamente para festejar sus carnavales, sin faltar algunos turistas que año a año van incrementándose, porque esta fiesta: “vale la pena vivirla desde el centro de su alegría”, como alguna vez me dijo una gringa que no se resignó a ser una simple espectadora, y bien vestida a la abanquina se metió  de lleno en la fiesta.









lunes, 5 de febrero de 2018

EL CARNAVAL ABANQUINO (4)


EL PUKLLAY
  


Aquí en los andes, el carnaval llegado de Europa, encontró su contraparte en el Pukllay (del quechua: juego, competencia deportiva, jugar o divertirse jugando), que aún es una tradición andina muy extendida entre los antiguos peruanos. En la actualidad es también la fiesta de algunas poblaciones de origen quechua de la Argentina, Bolivia y Ecuador. 

         Es muy probable que antes de la llegada de los españoles, en los pueblos de la provincia de Abancay también se haya disfrutado del Pukllay, pero el establecimiento de las haciendas y su intensa demanda del trabajo de los nativos, así como el fuerte adoctrinamiento que se hacía dentro de estos establecimientos para perpetuar la servidumbre, han debido mermar significativamente estas  las antiguas costumbres, que si subsistieron en las comunidades donde los indígenas gozan de cierta libertad.    

En tiempos precolombinos el Pukllay se festejaba al final de las lluvias y por el tiempo de las cosechas (marzo - abril). En época colonial esta fiesta se conectó con el carnaval europeo, asumiendo su calendario, pero sin dejar de ser un juego donde participa toda la comunidad.

Esta fiesta andina pervive en las provincias de Andahuaylas y Chincheros, probablemente porque su origen chanka está muy vinculado a los departamentos de Huancavelica y Ayacucho, y por haber mantenido durante la colonia esta conexión como parte de la Intendencia de Huamanga. Pero en la actualidad la fiesta central del Pukllay andahuaylino es una competencia de variadas danzas donde participan delegaciones llegadas de distintas partes del territorio apurimeño, del país y de Sudamérica, donde se reúnen muchos conjuntos musicales y miles de bailarines dispuestos a ganar los mejores premios.


           El Pukllay o carnaval andino de las parcialidades del distrito de Cabana de la provincia de Lucanas de la región Ayacucho, es una fiesta que dura tres días con juegos y ceremonias rituales, con el principal objeto de rendir homenaje a la naturaleza a través del arte, y donde los jóvenes varones y mujeres de los barrios de arriba y de abajo, se retan a los juegos del amor. ¡Es el tiempo para conseguir pareja!

En cambio en el distrito de Chipao de la misma provincia, el Pukllay es una danza costumbrista, que se celebra con un concurso dentro del programa local de las fiestas del carnaval.


       El Qarmenqa es una de las fiestas más tradicionales de la Comunidad Campesina de Qatun poqoy del distrito y provincia  de Churcampa del departamento de Huancavelica, que se celebra durante los meses de febrero y marzo de todos los años en la  época de los carnavales. Esta tradición se inicia en la fiesta de los compadres y comadres,  continua el lunes carnaval y termina el miércoles de ceniza en honor a la Cruz de Atoqassa. Se podría decir que se celebra en cuatro etapas, a saber:

 “Allichacuy: Es la bienvenida que se le da a todos los pobladores e invitados, cada uno con sus ofrendas pomposas para adorar a la imagen de la cruz.

Cheqollo: Es un encuentro de reto de uno a uno utilizando su arma que es el chicotillo (echo artesanalmente) que consiste en reventar las pantorrillas en señal de que la sangre derramada es el agradecimiento a la madre tierra.

Pukllay: Es un juego de parejas que utilizando elementos como la pepa del pantipapa se tiran para medir la fuerza entre ellos, después de los juegos utilizan la ortiga para poder jugar con su pareja hasta caer al suelo, culminado con el juego de barro.


Dentro de este Pukllay se cantan estas letras:

I
Huarmacha cachakusqaymi manaña kutimunchu(Bis)
botellatachu qollqechatachu imatach wischurqamun(Bis)

III
Añas kankachatam apachimurqaykiqarmenqero (Bis)
munaspa mana munaspa mikukunaykipa qarmenqero (Bis)

III
Ama tuta purinkichu quisquichay (Bis)
Mala horawantaq tupa imawaq tinku imawaq quisquichay (Bis)

IV
Chikchichay parachay imallapiraq parasun(Bis)
cheqollopichuch parasun huaracapichuch parasun (Bis)

V
Kasquykim sepultura chukchaykim chawarwasca. Chunkullay (Bis)
apuray alistakuy ankuykillikinaypaq.Chunkullay (Bis)

VI
Chikutillichay huaracay (Bis)
kayna kaynatam toqllaykuyanki(Bis)

Mana allinta toqllaptiki(Bis)
kayna kaynatam saruparusqayki (Bis)

VII
Pantipapa balachayki nogalmuruarmachayki maqtachatam nanasqa makichayki(Bis) 
maqtachatam nanasqa makichayki(Bis)

VIII
Cheqollopichum ninkihuaracapichum ninki (Bis)
cheqollopi niptikiñoqaqa qollasqaykim huaracapiniptikiñoqaqa qollasqayki(Bis)

IX
Churcampalla plazapiclavelchay (Bis)
qué bonita flor eres clavelchay (Bis)

X
Yanucamuynisqaqa clavelchay (Bis)
que flojera tenías Clavelchay (Bis)

Despedida: Lo realizan cantando y bailando conmemorando el regreso hasta el próximo año.”


Como tenemos dicho, dentro de la celebración de la fiesta mayor del Qarmenqa se celebra al Pukllay, que es un juego donde las parejas se arrojan pepas del nogal, tunas, aylumpo, y pantipapa para medir sus fuerzas. Acabado los proyectiles se azotan en las piernas y los pies con ortigas con el propósito de hacer caer a la pareja al suelo. Finalmente el Pukllay termina en una lucha de todos contra con abundante agua y con el barro de los charcos que creo el agua de las lluvias y del juego.
  
En Tarabuco, capital de la provincia Yamparáez del departamento de Chuquisaca – Bolivia, sus pobladores celebran el festival del Pukllay en marzo de cada año. Los miembros de la comunidad indígena local se reúnen para la misa, desfilan con sus coloridos trajes tradicionales y bailan y beben mucha chicha en conmemoración a la batalla de Jumbate (12 de marzo de 1816), cuando los valientes tarabuqueños a la cabeza de los caudillos Carrillo, Calisaya y Miranda, con sencillas y rústicas armas vencieron al ejército realista.


En La Rioja – Argentina, el Pukllay es una fiesta que se celebra durante tres días y que termina con la quema de un muñeco de aspecto humano de tamaño natural, vestido en forma descuidada con ropa vieja y andrajosa, al que le pintan los rasgos faciales y le colocan un sombrero. Este monigote representa a Pujllay, el espíritu festivo y poseedor de una energía desbordante, que nace, vive y muere por los días de carnaval. Disfrutemos la hermosa leyenda de Chaya y Pujllay, que dio origen a esta fiesta:

“Esta es la  historia de una hermosa jovencita llamada Chaya que se enamoró del joven príncipe del ayllu llamado Pujllay. Pero este era un mujeriego y ella, al no ser correspondida, decidió huir a llorar sus penas a las montañas, donde llegó tan alto que se convirtió en una nube. Desde entonces sólo retorna, a mediados del verano de la mano de la diosa Luna (Quilla) en forma de rocío y lluvia. Dicen que Pujllay sintió remordimiento del destino de Chaya y partió a buscarla sin éxito. Después se enteró de que volvería en febrero y partió de nuevo a buscarla, pero no la encontró.

Así que regresó donde la gente festejaba la fiesta de la cosecha y miraban la pena del siempre divertido y mujeriego Pukllay con muecas de risa. Pujllay derrotado por no lograr dar con el paradero de Chaya, ahogó sus penas en abundante chicha hasta encontrar la muerte. Así quedaron para la posteridad el significado de sus nombres: Chaya, que en quechua significa “agua de rocío”, y Pujllay, que se refiere a “jugar, alegrarse”.


            Y así podemos seguir colectando una serie de noticias sobre la celebración del Pukllay o Pujllay en los países que alguna vez formaron parte del Tahuantinsuyo incaico.

En todos estos pueblos la finalidad del Pukllay o Pujllay no ha variado mucho, sigue siendo el tiempo feliz donde las comunidades andinas cantan, bailan y juegan celebrando la renovación de la vida y la abundancia traída por la época de las lluvias, y donde los solteros de ambos sexos muestran su fuerza o su coquetería para atraer a la pareja, al compañer@ de toda la vida.









Nota importante.- Las fotografías de esta entrada son del Internet. Mi agradecimiento a sus autores.

martes, 30 de enero de 2018

EL CARNAVAL ABANQUINO (3)

LA FIESTA DE LOS “COMPADRES” Y LAS “COMADRES” EN ABANCAY


En tiempos pasados, casi todas las novedades que llegaban a Abancay era traídas por la élite que residía en las casas de las haciendas o que trabajaban en la administración de las mismas, para más tarde trasladarse a la ciudad y de allí a la campiña.

Como ya tenemos dicho, en la costa y especialmente en Lima, la fiesta de los “compadres” y las “comadres” se realizaba como un modo de acercamiento entre los hombres y las mujeres de un barrio popular o una estancia, para divertirse, conocerse y quizás hasta enamorarse. Se realizaba generalmente el mes de febrero durante dos jueves. Es importante aclarar que el término “compadre” y “comadre” en el argot criollo significa amigo especial o íntimo, o simplemente contemporáneo.

El primer jueves se llamaba “Compadres”, donde las damas agasajaban a los varones con regalos, sabrosos potajes y baile. El segundo se llamaba “Comadres” donde los varones se esmeraban en hacer ricos y lujosos regalos a las damas de su preferencia y organizaban un mejor agasajo. A estas bulliciosas y animadas fiestas en las que a veces se cometían excesos, se les llamaba jarana, que según algunos autores viene de la palabra quechua “rakraq” o “rakrana” que significa comer suculentamente, en abundancia o golosamente. 

Llegada esta fiesta a la campiña abanquina, fue asumida como una muy peculiar costumbre, sobre la base de la burla que desde siempre el campesinado le ha hecho, a la especial recomendación que hacen los sacerdotes al impartir el sacramento del bautismo, cuando públicamente declaran que los padrinos del bautizado pasan a ser: “el segundo padre y la segunda madre del ahijado”, de modo que para el burlón entender campechano, el ministro de la iglesia estaba declarando al compadre y la comadre como el segundo esposo y la segunda esposa de los padres de su ahijado. De esa chanza surgió aquel chiste que dice: “Compadre que no arrima a la comadre, es mal compadre” y viceversa.

Probablemente es por eso que el día que corresponde a la fiesta de “los compadres”, para sorpresa del padre del ahijado y su vecindario, colgaban de su puerta un muñeco de tamaño natural, mal trajeado, con orejas y narices descomunales y con cuernos en la frente, al que además para mayor broma, lo embadurnaban con excremento de ganado.

Un buen y memorioso testimonio de esta fiesta de la segunda mitad del siglo pasado, nos ha sido narrada con lujo de detalles por Lino Ballón durante su intervención en el Dialogo Taller: “Nuestro carnaval abanquino” organizado por la Dirección Desconcentrada de Cultura de Abancay, pero al parecer quedará sólo en su memoria si no se escribe para trasmitirla, y así como muchas de nuestras costumbres y tradiciones se irá yendo al tacho del olvido, pero sin embargo y contradictoriamente siempre nos ufanaremos de amar y evocar nuestra identidad regional.

  
En los últimos tiempos, por Decreto Municipal, está costumbre se ha convertido en una sui generis fiesta burocrática, que consiste en que la institución que ha asumido el compromiso de ser el “carguyoc”, con el conocimiento y consentimiento de su jefe o director, la noche anterior a la fiesta cuelgan de los techos, balcones o postes cercanos a las entidades públicas, unos grotescos muñecos que supuestamente representan al jefe de la misma y por extensión a todos los trabajadores con un cartel que alude a las negligencias de esa dependencia, por ejemplo: "Camal de Salud de Abancay".

Al día siguiente, los empleados de la entidad “carguyoc”, previo rol de sus visitas, recorren cada una de las entidades públicas y privadas, donde son recibidos por los anfitriones con chicha de jora, cerveza y cambray. Luego de cantar, bailar y jugar con chisguetes de espuma, pica-pica y serpentinas por espacio de más o menos una hora,  los visitantes se despiden para seguir cantando y bailando por las calles hasta llegar a la siguiente oficina, y así esta rutina continúa hasta que en horas de la tarde, la comparsa itinerante, cumpla con toda su hoja ruta.

La celebración de la fiesta de los “compadres” y de las “comadres”, tal como se realiza ahora, es solo una burda representación, sin el alma de la verdadera costumbre que vino del campo y de los barrios populares de la ciudad, a los que jamás regresó, y por eso su celebración se ha reducido a un paseo borrachón, donde los empleados públicos cantan, bailan y se arrebatan a costas del erario público.


¿A qué compadre o comadre de qué bautismo festeja la burocracia abanquina? ¿A quiénes representan los muñecos cornudos y con el pene al aire que se cuelga en las inmediaciones de las entidades públicas?, indudablemente a sus propios autores, por qué en esta fiesta nadie es comadre, ni compadre, ni existe el ahijado de nadie.

Ya nuestro poeta universal César Vallejo nos ha enseñado: “¡"Todo acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él, de frente o transmitido por incesantes briznas…..” Esas briznas incesantes son las vibraciones del alma del pueblo. ¡No se puede cambiar una costumbre popular por una “mala costumbre”, solo porque alguna mala autoridad así lo dispone.

Pero ya que esta nueva costumbre al parecer está arraigada, debe entenderse  que se trata de una comitiva de mensajeros que coincidiendo con la fiesta de los “compadres” y de las “comadres”, llegan anunciando a la población la próxima llegada de los carnavales abanquinos. ¡SOLO ASÍ TENDRÍA SENTIDO!


miércoles, 24 de enero de 2018

EL CARNAVAL ABANQUINO (2)

LOS CARNAVALES: UNA FIESTA DEL MUNDO OCCIDENTAL

Un carnaval es una celebración pública que combina varios elementos como disfraces, desfiles, música y fiestas en la calle. Tiene lugar inmediatamente antes de la Cuaresma[1] cristiana, con fecha variable (desde finales de enero hasta principios de marzo según el año).

Algunos historiadores remontan su origen a Sumeria y Egipto, hace más de 5,000 años, y lo visualizan en las fiestas públicas que se celebraban durante siete días, cuando los sacerdotes egipcios anunciaban al nuevo buey de Apis después del sacrificio y embalsamamiento del anterior. Más adelante durante la dinastía tolemaica estas fiestas pasaron a los griegos y de estos a los romanos.

            Los carnavales en occidente tienen su origen en la celebración pagana que los griegos realizaban en honor a Dionisos, el Dios de la vendimia y el vino, inspirador de la locura ritual y el éxtasis. Esta deidad fue conocida por los romanos como Baco, el Dios patrón de la agricultura y el teatro. También era conocido como el “Libertador” del ser normal de las gentes mediante la locura, el éxtasis o el vino. En Roma las fiestas en honor a Baco se denominaron las Bacanales en las que se bebía sin medida.  


En esos festejos los romanos se entregaban a los designios de una deidad de la mitología griega llamaba Momo, que en el Perú, con las diferencias del caso, conocemos como “El Ño Carnavalón”. Es el Dios griego de la burla, amo de la sátira hiriente, del sarcasmo cruel y de la más despiadada ironía. Momo era el "protector" de todos aquellos que se entregan al jolgorio, al escándalo del vicio y a los excesos, además de ser famoso por divertir a los dioses del Olimpo con sus críticas agudas y mímica grotesca. Más tarde, en la Edad Media, ésta costumbre pervivió en las llamadas "fiestas de la locura", durante las cuales la gente se gastaba bromas en lugares públicos oculta detrás de un disfraz.

Esta fiesta conjuga la música, el canto, el juego y los desplazamientos coreográficos llenos de alegría y mensajes satíricos, burlescos y no pocos, románticos. Todos ello para expresar un culto a la vida, al amor y a la fertilidad.

Así, con el correr de los tiempos los carnavales fueron incorporados al calendario cristiano y concebidos como un período de excesos permitidos antes de la abstinencia de la Cuaresma. Los festejos que se le denomina carnestolendas duraban hasta tres días antes del Miércoles de Ceniza. Estas costumbres se difundieron desde Roma hacia Europa y más tarde llegaron a la América española, de la mano de los migrantes europeos.


LOS CARNAVALES LIMEÑOS

Los cronistas limeños, señalan que está fue una costumbre italiana traída al Perú en la época colonial. En un inicio los carnavales eran festejados solo por las familias aristocráticas, pero con el correr de los años se masificó expresándose en los juegos con agua y el lanzarse objetos: serpentinas, papel picado y cascarones.

Sobre cómo se festejaban los carnavales en los barrios populares limeños, la revista “Variedades” en su número 52, del 27 de febrero de 1909, nos refiere que:

“No obstante las nuevas conquistas que la industria va efectuando en todos los órdenes de la actividad humana, el juego del carnaval ha revestido, en Lima, el mismo carácter de criollismo que tenía ahora cincuenta años. El promedio de los habitantes de Lima, goza más, endilgándose sendos baldes de agua, que con los amanerados chisguetes y las melifluas serpentinas de papel. En los barrios populosos es un verdadero laberinto el que se arma con motivo de los clásicos días y muchas veces suelen acontecer desgracias lamentables”.
  
Fiesta criolla


Por su parte, Carlos Prince,[2] en su obra “Lima antigua” cuenta que:

“Las fiestas del Carnaval tienen tan grande aliciente para todas las clases sociales, que es casi imposible su desaparición. Ni la autoridad de policía, que anualmente publica bandos tres días antes de Carnaval, prohibiendo que se arroje agua de los balcones sobre los transeúntes y que se juegue en las calles, so pena de una multa, ha podido extinguir esta bárbara costumbre que se pierde en lo atrasado de los tiempos”.

Con el ánimo de moderar estos excesos, durante la dictadura de Augusto B. Leguía, que deseaba congraciarse con el pueblo, se organizaba un corso de carnaval que se iniciaba en el Paseo Colón hacia el centro de Lima con carros alegóricos y presidido por una reina. Por esos días no se jugaba con agua sino con chisguetes de olor.

Este era un carnaval muy elitista, que culminaba en una fiesta de máscaras llenas de placer y derroche. Para disimular esta evidente exclusión social se promulgó la Ley Nº 6677, del 20 de enero de 1,930, que: “Disponiendo que el producto de las licencias para usar disfraces durante los días del Carnaval, en las poblaciones de Lima y Callao y ciudades vecinas, se destine a la Junta de Defensa de la Infancia”.

Corso del Carnaval Limeño
Pero en los barrios obreros los carnavales eran otros, pues en Barrios Altos, Rímac y La Victoria, las  mujeres, niños y hasta los ancianos eran mojados y pintados de negro sin piedad. Más adelante, debido a estos excesos, durante el gobierno de Manuel Prado fueron suprimidos los feriados de lunes y martes de carnaval permitiéndose jugar solo los domingos, con lo que quedó prácticamente liquidado el carnaval limeño, pero sin embargo en los años 60’ y 70’ de la mano de los provincianos, otros modos de festejar los carnavales llegaron a la ciudad Capital, como una colorida fiesta plagada de huaynos, danzas, cortamontes y  yunsas.

Desde los inicios de la época republicana, los carnavales estaban precedidos por la “fiesta de comadres y compadres”, que aparecen en las acuarelas del pintor costumbrista Pancho Fierro. Tenía lugar durante dos jueves. En el primero, las mujeres daban obsequios a sus amigos y fomentaban una jarana criolla,[3] y el jueves siguiente la fiesta era de las “comadres”, donde los varones obsequiaban a las damas finos y caros regalos y fiestas aún más sabrosas.

Jarana limeña (acuarela de Pancho Fierro)




[1] La Cuaresma (en latín: quadragesima, ‘cuadragésimo día (antes de la Pascua)’)? es el tiempo litúrgico del calendario cristiano destinado a la preparación espiritual de la fiesta de la Pascua. Se trata de un tiempo de purificación e iluminación,1​ celebrado en la Iglesia católica, copta, ortodoxa, anglicana, y buena parte de las Iglesias protestantes (incluyendo algunas evangélicas), aunque con inicios y duraciones distintas.
[2] PRINCE, Carlos. Lima antigua. Imprenta del Universo. Lima. 1890.
[3] Jarana criolla: fiesta peruana de cantos y bailes celebrados días enteros en una vivienda o vecindario.

martes, 23 de enero de 2018

EL CARNAVAL ABANQUINO (1)

PRESENTACION


En este trabajo estoy presentando el material que he ido acopiando sobre el carnaval abanquino con motivo de la segunda edición de mi libro: “ABANCAY: Alegre y hospitalaria”(que no sale porque no tengo el dineral que me piden), y lo hago con mucha alegría porque a lo lejos y desde hace ya varios días, desde mi casa o el lugar de mi trabajo, vengo escuchando las melodiosas voces, guitarras, charangos, tinyas, quenas y cascabeles de los hombres y mujeres abanquinos que se preparan para celebrar su querido carnaval.

En estos carnavales festejarán con gran alborozo y júbilo la renovación de la vida y de las esperanzas de un pueblo que baila y canta, para que queden atrás como si solo hubieran existido entre la bruma de los sueños, los pesares que acompañan a sus días.

Una vez más los abanquinos se tomarán de las manos, se mirarán a los ojos, sonreirán y plenos de vida soltarán sus melodías directamente al corazón de sus amigos, sus amantes, sus esposas o maridos, y en este rito vital renovarán sus alientos, para que la vida les sea más llevadera y hasta quizás, y porque no, próspera a su modo. Y pasadas estas fiestas en el fondo de sus almas les quedará la certeza, de que tal como les fue en estos carnavales les irá el resto del año, y por eso tienen la obligación que todo les salga muy súper.

Después vendrá la Semana Santa con sus místicas procesiones y su dolor ancestral, donde desde lo profundo de sus cuitas, pedirán a sus dioses y santos para que sumerja sus almas en las aguas claras y profundas de la calma y la quietud, donde lo mortal parece que se acaba; y así, desde la fuente que cada uno conoce, emergerá a la superficie de sus almas, la promesa de la salvación y la vida eterna. 

Bajo este abundante hechizo vivificador y popular, en el 446 aniversario de la fundación de la Villa de los Reyes de Santiago de Abancay, tengo también en mi corazón la alegría de presentarles este pequeño esfuerzo acompañado de alguna de mis fotografías. 


“Para enamorar a esa chola
te compraste camioneta.
Para salir con tu hermana,
me basta mi bicicleta.

Cuando estas sano y bueno,
pata derecho y sereno.
Pero de un solo cañazo,
aborrecido cabrazo.

Con sueldo y a fin de mes
te adoran todos los patas,
pero  misio a medio mes
no hay cholas, ni garrapatas.

De viejo quieres panearte
con un cuerito de veinte,
pero debes resignarte
 que un chibolo la reviente.

De la jora sale la chicha
de la caña el cañazo
y de todo ese bagazo
semejante abanquinazo.

Carnaval abanquino
                                                                                  
Abancay, enero del 2018.

viernes, 5 de enero de 2018

LOS NEGRILLOS ABANQUINOS Y EL “NIÑO DE REYES”

Durante la Edad Media, la esclavitud fue una práctica habitual en los reinos de la península ibérica, y aún en la Edad Moderna esta lacra social siguió vigente en las colonias españolas de América.  La presencia de los esclavos negros en el Perú data de 1527. Aun cuando la servidumbre de los indoamericanos fue abolida con las Leyes de Burgos en 1512, solo a partir de 1837 fue eliminada toda clase de esclavitud en los territorios españoles de ultramar que para ese entonces ya eran pocos.

Si bien en 1821, tras la declaración de la independencia, el Libertador y Protector del Perú don José Francisco de San Martín y Matorras decretó la libertad de vientres, lo que quería decir que nadie debía nacer esclavo dentro del territorio de la nueva republica peruana, sin embargo la esclavitud de los afrodescendientes fue formalmente abolida mediante Decreto del día 3 de diciembre de 1854, promulgado en Huancayo por el Presidente Provisorio de la República Ramón Castilla y Marquesado.

Con estos antecedentes podemos señalar que el origen de la danza de los negrillos de Abancay se remonta a las cofradías[1] de negros esclavos que con la protección de la iglesia católica formaron los negros cautivos y sus descendientes secuestrados del África a España y trasladados al Perú por sus amos españoles. La primera cofradía se fundó en Lima en el año 1540 y según Christine Hünefeldt hacia 1816 existían quince. Durante los siglos XVI y XVII también existieron negros esclavos en las haciendas de Piura, Tumbes, Lambayeque, Colán, Paita, El Callao, Cuzco, Ica, Cajamarca y Arequipa. 

Jorge Polo Borda en su  oba: "La hacienda Pachachaca: Autoabastecimiento y comercialización (Segunda mitad del siglo XVIII)" nos refiere que en la primera mitad del siglo XVIII  los jesuitas que fueron los dueños de la hacienda San Miguel de Pachachaca tenía 102 esclavos negros, entre hombres, mujeres y niños, que estaban dedicados exclusivamente a la fabricación de azúcar, por supuesto que las otras haciendas también tuvieron los suyos, 

Lo poco que se conoce acerca de esta danza nos viene de “Los negritos de Huánuco”, veamos algo de su historia:

“Historia:

En la época colonial, los patrones daban libertad a los esclavos desde el 24 de diciembre hasta el 6 de enero. Esos días, eran aprovechados por los esclavos para celebrar la Navidad, visitando los nacimientos que lucían en las casas de las familias más pudientes.  A partir del Decreto promulgado por Ramón Castilla sobre la libertad de los negros el 3 de diciembre de 1854, las cofradías hicieron su aparición en las calles, visitando no solo los nacimientos sino también las iglesias, donde bailaban y bebían. Los dueños de los nacimientos en recompensa les invitaban huarapo[2] y shacta,[3] años después, el locro. Así lo hicieron los años sucesivos y de esta manera se institucionalizó el baile y Danza de los Negritos”.

Es probable que esta danza haya llegado a los valles de Abancay y Pachachaca traída por los negros esclavos de las haciendas coloniales, y que luego se haya trasladado a la población campesina donde siguió perviviendo, ya que producida la abolición de la esclavitud, estos afrodescendientes desaparecieron de nuestras serranías.

Pero sin embargo, la danza que nos dejaron siguió llamándose: “Baile de los Negrillos”, aun cuando la máscara que en otros lugares sigue representando a los afroperuanos, en Abancay y sus alrededores se ha mudado a la de un español, como queriendo significar: "Ahora somos iguales".

Gracias a este hecho histórico, la ecuménica fiesta de la “Adoración de los Reyes Magos” se festeja en Abancay de un modo muy especial.


La fiesta del “Niño de Reyes” de Abancay

Hasta donde se tiene noticia, la imagen del niño Jesus que se venera en una casa del Jr. Lima por el barrio de “Huanupata” con el nombre de "Niño de Reyes" tiene una cofradía que se remonta a principios del siglo XX, es decir, esta fiesta tal y como la conocemos ahora, tiene más de un siglo de vigencia y antigüedad.

Dentro de ella, por supuesto después de la devoción del “Niño de Reyes" está la llegada de “los negrillos”, que año tras año en vísperas del 06 de enero, los días posteriores y la “octava”, danzan por las calles abanquinas.

Se trata de una alegre exaltación por la llegada al mundo andino del “Niño Dios”, que poco tiene que ver con la narración del nuevo testamento sobre la adoración de los pastores y/o de los Reyes Magos, pues esta devoción se hace bailando jubilosamente ante la imagen del niño Jesús y para el deleite de toda la población.           

El día central 06 de enero se oficia una misa solemne mandada decir por los “Carguyoc” de turno en la Iglesia Mayor de la ciudad, donde acuden los invitados y los vecinos llevando los "niñitos" de su nacimiento y devoción para que unos reciban la bendición y otros sean “bautizados” por el "Tayta cura"

El grupo de danzantes que conocí en el año 2016 se llamaba: “Cuadrilla del Niño de Reyes” y tiene dos comparsas, uno de adultos cuyo caporal era Washington Vargas Pichihua y una de adolescentes capitaneados por Eduardo Olaya Mercado.

Los negrillos abanquinos visten un muy colorido “traje de gala” que está compuesto de un pantalón corto que les llega casi a los tobillos, bordado con flores de vistosos colores y filetes de sugerentes matices, un cinturón, un babero, una pañoleta en la cabeza sobre la que se coloca un vistoso gorro triangular del mismo color de sus trajes, plagado de espejos y bordados de flores, imágenes y figuras geométricas con hilos de oro y plata y que remata en una o varias pluma de colores. También exhiben una chaqueta de llamativos colores bordados al igual que sus sombreros y charreteras doradas.

Portan en las manos enguantadas de blanco, un lazo o fuete que como una gruesa brida de caballería está hecho a base de cuero forrado con cintas de tela y con anillos de plata fina en ambos extremos, que dentro de la danza la levantan a manera de arco, simbolizando la puerta de entrada al mundo para el recién nacido “Niño Rey”.

Calzan medias y zapatillas blancas para facilitar los rápidos giros y pasos que exige la danza. Tienen los rostros cubiertos con una máscara de malla con la representación pintada de la cara de un “chapetón” (español) de mejillas rosadas, ojos azules, barba corta y pobladas patillas y cejas. También llevan en la mano izquierda un gran pañolón, que aparte de darle más vistosidad al baile, les sirve para limpiarse el sudor que les ocasionan los agiles movimientos de sus frenéticas danzas.

Los acompaña una joven mujer que se llama “La dama”, luciendo un largo vestido blanco y en la cabeza un sombrero alón desde donde cae un largo velo de tul del mismo color que le llega hasta las rodillas, junto a ella danza su "ama seca".[4]. Sobre este personaje existen dos versiones, una dice que es la patrona o dueña de los negrillos y su sirvienta, y otra señala que esta jovencita representa a la virgen María de soltera y el otro personaje femenino sería la nana o niñera del "Niño Rey".

En ninguna cuadrilla puede faltar “el viejo” y “la vieja” que son casi los personajes centrales para la parvada de niños que por todas las calles siguen a los negrillos. “El viejo” viste ropa de  capataz o mayordomo de hacienda: botas, pantalón y chaqueta militar y sombrero safari inglés, tiene una barba larga de chivo y una enorme, grotesca y colorada nariz, lleva en sus manos un poderoso zurriago; mientras su pareja, “la vieja” o “Huaylaca” (mujer inútil para las labores domésticas) que también luce una descomunal nariz y que toda maltrajeada camina apoyada con un rústico bastón. Esta representa a una flaca, fea y desgreñada campesina echada a perder por amancebarse con el hombre que encarna dentro del pueblo el poder abusivo y prepotente de los gamonales. 


A lo largo de toda la fiesta estos son los personajes cómicos de la cuadrilla, pues se llenan de abrazos y besos y hacen algunas pantomimas muy divertidas, pero su trabajo consiste en espantar las bandadas de niños que se aglomeran en torno a los negrillos, y así dejarles espacio para que los  danzantes puedan realizar sus coreografías.

El afán de los niños en esta fiesta es provocar la ira del viejo y de la vieja con insultos y muecas, para luego echarse a correr despavoridos para cualquier lado, cuando estos comienzan a perseguirlos con el fiero ademán de llenarlos de azotes y  palos.

De un violín, un tambor y un bombo, sale la música que acompaña esta danza, cuyos ensayos, dependiendo del grupo, las coreografías y acrobacias que se quieran exhibir, pueden durar varias semanas. Esta música que es muy variada se llama “Ccarataca” (Literalmente: Pata de cuero o “pata pelada” descalzo), y al contrario de lo que sucede con el "carnaval abanquino", estas cuadrillas tienen la virtud de renovar su repertorio musical y coreografico. Las principales danzas, sin que estas sean las únicas, son:

-        Entrada;

-        Adoración;

-        Cuerpo (que es donde los negrillos cantan o recitan); y

-        Despedida.

Algunos informantes refieren que existen otras danzas llamadas: "Negro", "Marcha", "Acrobacia", etc., donde los negrillos hacen torres humanas y otras peligrosas maniobras.  Esta última es muy bien lograda por los negrillos de la provincia de Andahuaylas.

Negrillos de Ccallaspuquio - Andahuaylas
Negrillos de Ccallaspuquio - Pacobamba - Andahuaylas

Los pasos con los que se desarrolla estas coreografías son varios y reciben diversos nombres como: “Pateo”, “Rodilla”, “Vamos”, “Llegamos”, “Negro”, “2x2”, “Pasacalle”, etc., etc.

Don Mariano Vásquez Vera, ex bailarín de estas fiestas, me refiere verbalmente que el danzante principal se llama “Caporal” y es el que delante de todos dirige la coreografía del baile con una campanilla para indicar el cambio de paso. A sus costados se sitúan dos danzarines delanteros, y tres posteriores. "La dama" y su "Ama seca" bailan en el intermedio. Algunas cuadrillas suelen exhibir hasta nueve bailarines más los dos personajes femeninos.

Señala la tradición, aunque creo que ahora ya no se así, que los nuevos miembros que admite el grupo empiezan como danzantes posteriores y luego irán ascendiendo a lo largo de muchos años como danzantes delanteros y tal vez uno de ellos acabará asumiendo la condición de Caporal. El personaje de menor importancia es la “Ama seca” que generalmente es un niño bailarín que al igual que la dama va vestido de mujer y que en otros tiempos tenía el deber de proveer de agua y refrescos a los danzantes, para quizá más adelante poder llegar a ser un bailarín posterior. No sé si ahora, pero antiguamente estas cuadrillas solían durar varias generaciones.

Además de las señaladas anteriormente, el baile de los negrillos tiene otras composiciones que reciben diversos nombres como “Pasacalle”, “Saludo al Cargonte”, "Saludo a los nuevos Cargontes", “Baile con los Cargontes”, etc. Resulta necesario acotar que estas danzas admiten improvisaciones, que si son aceptadas por el público pasan a tener un nombre y a formar parte del repertorio de la cuadrilla que los creó.

Mi testigo refiere que la festividad y la danza eran gratuitas en sus tiempos de "negrillo", pero que tenían un “Ipalla” que era una especie de administrador de los obsequios que en agradecimiento debían hacerle a la cuadrilla los Cargontes y sus familiares. Con el producto de estas donaciones se adquiría algunas prendas como pañuelos, fuetes, zapatillas, medias, pantalones, chalecos, gorros, máscaras, etc. El pago de los músicos  siempre corrió y seguirá corriendo por cuenta de los Cargontes.

Las ocasiones para su aparición por las otras calles abanquinas es para visitar algunas casas con nacimientos tradicionales y donde sus dueños, previo pago, quieren que su “niñito” sea adorado por los negrillos porque quiere pedirle algo.


             Para la conservación de esta tradición que dice mucho de nuestra identidad abanquina, sería muy conveniente que las autoridades regionales, municipales y educativas se dieran al empeño de crear un Curso donde se enseñe esta danza a los niños y jóvenes, y que se rescate, vía grabaciones profesionales de audio y video, el repertorio de su música y coreografías antes que la vorágine de estos tiempos acabe extinguiéndolos o por lo menos se tramité su reconocimiento oficial como Patrimonio Cultural de la Nación tal y como se hizo en el caso de la Danza Negrillos de Andahuaylas reconocida por Resolución Viceministerial Nº 076-2012-VMPCIC-MC, del 26 de diciembre del 2012.
  
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[1] Asociación reconocida por la Iglesia católica que algunas personas religiosas forman con fines piadosos. Para el caso de los negros esclavos estas tenían como fin adoctrinarlos en la religión cristiana.[2] Chicha de caña de azúcar. En Abancay se le llama Cambray.
[3] Aguardiente de caña. "Chacta" en quechua.
[4] Mujer a quien se confía en la casa el cuidado de los niños.