miércoles, 24 de enero de 2018

EL CARNAVAL ABANQUINO (2)

LOS CARNAVALES: UNA FIESTA DEL MUNDO OCCIDENTAL

Un carnaval es una celebración pública que combina varios elementos como disfraces, desfiles, música y fiestas en la calle. Tiene lugar inmediatamente antes de la Cuaresma[1] cristiana, con fecha variable (desde finales de enero hasta principios de marzo según el año).

Algunos historiadores remontan su origen a Sumeria y Egipto, hace más de 5,000 años, y lo visualizan en las fiestas públicas que se celebraban durante siete días, cuando los sacerdotes egipcios anunciaban al nuevo buey de Apis después del sacrificio y embalsamamiento del anterior. Más adelante durante la dinastía tolemaica estas fiestas pasaron a los griegos y de estos a los romanos.

            Los carnavales en occidente tienen su origen en la celebración pagana que los griegos realizaban en honor a Dionisos, el Dios de la vendimia y el vino, inspirador de la locura ritual y el éxtasis. Esta deidad fue conocida por los romanos como Baco, el Dios patrón de la agricultura y el teatro. También era conocido como el “Libertador” del ser normal de las gentes mediante la locura, el éxtasis o el vino. En Roma las fiestas en honor a Baco se denominaron las Bacanales en las que se bebía sin medida.  


En esos festejos los romanos se entregaban a los designios de una deidad de la mitología griega llamaba Momo, que en el Perú, con las diferencias del caso, conocemos como “El Ño Carnavalón”. Es el Dios griego de la burla, amo de la sátira hiriente, del sarcasmo cruel y de la más despiadada ironía. Momo era el "protector" de todos aquellos que se entregan al jolgorio, al escándalo del vicio y a los excesos, además de ser famoso por divertir a los dioses del Olimpo con sus críticas agudas y mímica grotesca. Más tarde, en la Edad Media, ésta costumbre pervivió en las llamadas "fiestas de la locura", durante las cuales la gente se gastaba bromas en lugares públicos oculta detrás de un disfraz.

Esta fiesta conjuga la música, el canto, el juego y los desplazamientos coreográficos llenos de alegría y mensajes satíricos, burlescos y no pocos, románticos. Todos ello para expresar un culto a la vida, al amor y a la fertilidad.

Así, con el correr de los tiempos los carnavales fueron incorporados al calendario cristiano y concebidos como un período de excesos permitidos antes de la abstinencia de la Cuaresma. Los festejos que se le denomina carnestolendas duraban hasta tres días antes del Miércoles de Ceniza. Estas costumbres se difundieron desde Roma hacia Europa y más tarde llegaron a la América española, de la mano de los migrantes europeos.


LOS CARNAVALES LIMEÑOS

Los cronistas limeños, señalan que está fue una costumbre italiana traída al Perú en la época colonial. En un inicio los carnavales eran festejados solo por las familias aristocráticas, pero con el correr de los años se masificó expresándose en los juegos con agua y el lanzarse objetos: serpentinas, papel picado y cascarones.

Sobre cómo se festejaban los carnavales en los barrios populares limeños, la revista “Variedades” en su número 52, del 27 de febrero de 1909, nos refiere que:

“No obstante las nuevas conquistas que la industria va efectuando en todos los órdenes de la actividad humana, el juego del carnaval ha revestido, en Lima, el mismo carácter de criollismo que tenía ahora cincuenta años. El promedio de los habitantes de Lima, goza más, endilgándose sendos baldes de agua, que con los amanerados chisguetes y las melifluas serpentinas de papel. En los barrios populosos es un verdadero laberinto el que se arma con motivo de los clásicos días y muchas veces suelen acontecer desgracias lamentables”.
  
Fiesta criolla


Por su parte, Carlos Prince,[2] en su obra “Lima antigua” cuenta que:

“Las fiestas del Carnaval tienen tan grande aliciente para todas las clases sociales, que es casi imposible su desaparición. Ni la autoridad de policía, que anualmente publica bandos tres días antes de Carnaval, prohibiendo que se arroje agua de los balcones sobre los transeúntes y que se juegue en las calles, so pena de una multa, ha podido extinguir esta bárbara costumbre que se pierde en lo atrasado de los tiempos”.

Con el ánimo de moderar estos excesos, durante la dictadura de Augusto B. Leguía, que deseaba congraciarse con el pueblo, se organizaba un corso de carnaval que se iniciaba en el Paseo Colón hacia el centro de Lima con carros alegóricos y presidido por una reina. Por esos días no se jugaba con agua sino con chisguetes de olor.

Este era un carnaval muy elitista, que culminaba en una fiesta de máscaras llenas de placer y derroche. Para disimular esta evidente exclusión social se promulgó la Ley Nº 6677, del 20 de enero de 1,930, que: “Disponiendo que el producto de las licencias para usar disfraces durante los días del Carnaval, en las poblaciones de Lima y Callao y ciudades vecinas, se destine a la Junta de Defensa de la Infancia”.

Corso del Carnaval Limeño
Pero en los barrios obreros los carnavales eran otros, pues en Barrios Altos, Rímac y La Victoria, las  mujeres, niños y hasta los ancianos eran mojados y pintados de negro sin piedad. Más adelante, debido a estos excesos, durante el gobierno de Manuel Prado fueron suprimidos los feriados de lunes y martes de carnaval permitiéndose jugar solo los domingos, con lo que quedó prácticamente liquidado el carnaval limeño, pero sin embargo en los años 60’ y 70’ de la mano de los provincianos, otros modos de festejar los carnavales llegaron a la ciudad Capital, como una colorida fiesta plagada de huaynos, danzas, cortamontes y  yunsas.

Desde los inicios de la época republicana, los carnavales estaban precedidos por la “fiesta de comadres y compadres”, que aparecen en las acuarelas del pintor costumbrista Pancho Fierro. Tenía lugar durante dos jueves. En el primero, las mujeres daban obsequios a sus amigos y fomentaban una jarana criolla,[3] y el jueves siguiente la fiesta era de las “comadres”, donde los varones obsequiaban a las damas finos y caros regalos y fiestas aún más sabrosas.

Jarana limeña (acuarela de Pancho Fierro)




[1] La Cuaresma (en latín: quadragesima, ‘cuadragésimo día (antes de la Pascua)’)? es el tiempo litúrgico del calendario cristiano destinado a la preparación espiritual de la fiesta de la Pascua. Se trata de un tiempo de purificación e iluminación,1​ celebrado en la Iglesia católica, copta, ortodoxa, anglicana, y buena parte de las Iglesias protestantes (incluyendo algunas evangélicas), aunque con inicios y duraciones distintas.
[2] PRINCE, Carlos. Lima antigua. Imprenta del Universo. Lima. 1890.
[3] Jarana criolla: fiesta peruana de cantos y bailes celebrados días enteros en una vivienda o vecindario.

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