martes, 30 de enero de 2018

EL CARNAVAL ABANQUINO (3)

LA FIESTA DE LOS “COMPADRES” Y LAS “COMADRES” EN ABANCAY


En tiempos pasados, casi todas las novedades que llegaban a Abancay era traídas por la élite que residía en las casas de las haciendas o que trabajaban en la administración de las mismas, para más tarde trasladarse a la ciudad y de allí a la campiña.

Como ya tenemos dicho, en la costa y especialmente en Lima, la fiesta de los “compadres” y las “comadres” se realizaba como un modo de acercamiento entre los hombres y las mujeres de un barrio popular o una estancia, para divertirse, conocerse y quizás hasta enamorarse. Se realizaba generalmente el mes de febrero durante dos jueves. Es importante aclarar que el término “compadre” y “comadre” en el argot criollo significa amigo especial o íntimo, o simplemente contemporáneo.

El primer jueves se llamaba “Compadres”, donde las damas agasajaban a los varones con regalos, sabrosos potajes y baile. El segundo se llamaba “Comadres” donde los varones se esmeraban en hacer ricos y lujosos regalos a las damas de su preferencia y organizaban un mejor agasajo. A estas bulliciosas y animadas fiestas en las que a veces se cometían excesos, se les llamaba jarana, que según algunos autores viene de la palabra quechua “rakraq” o “rakrana” que significa comer suculentamente, en abundancia o golosamente. 

Llegada esta fiesta a la campiña abanquina, fue asumida como una muy peculiar costumbre, sobre la base de la burla que desde siempre el campesinado le ha hecho, a la especial recomendación que hacen los sacerdotes al impartir el sacramento del bautismo, cuando públicamente declaran que los padrinos del bautizado pasan a ser: “el segundo padre y la segunda madre del ahijado”, de modo que para el burlón entender campechano, el ministro de la iglesia estaba declarando al compadre y la comadre como el segundo esposo y la segunda esposa de los padres de su ahijado. De esa chanza surgió aquel chiste que dice: “Compadre que no arrima a la comadre, es mal compadre” y viceversa.

Probablemente es por eso que el día que corresponde a la fiesta de “los compadres”, para sorpresa del padre del ahijado y su vecindario, colgaban de su puerta un muñeco de tamaño natural, mal trajeado, con orejas y narices descomunales y con cuernos en la frente, al que además para mayor broma, lo embadurnaban con excremento de ganado.

Un buen y memorioso testimonio de esta fiesta de la segunda mitad del siglo pasado, nos ha sido narrada con lujo de detalles por Lino Ballón durante su intervención en el Dialogo Taller: “Nuestro carnaval abanquino” organizado por la Dirección Desconcentrada de Cultura de Abancay, pero al parecer quedará sólo en su memoria si no se escribe para trasmitirla, y así como muchas de nuestras costumbres y tradiciones se irá yendo al tacho del olvido, pero sin embargo y contradictoriamente siempre nos ufanaremos de amar y evocar nuestra identidad regional.

  
En los últimos tiempos, por Decreto Municipal, está costumbre se ha convertido en una sui generis fiesta burocrática, que consiste en que la institución que ha asumido el compromiso de ser el “carguyoc”, con el conocimiento y consentimiento de su jefe o director, la noche anterior a la fiesta cuelgan de los techos, balcones o postes cercanos a las entidades públicas, unos grotescos muñecos que supuestamente representan al jefe de la misma y por extensión a todos los trabajadores con un cartel que alude a las negligencias de esa dependencia, por ejemplo: "Camal de Salud de Abancay".

Al día siguiente, los empleados de la entidad “carguyoc”, previo rol de sus visitas, recorren cada una de las entidades públicas y privadas, donde son recibidos por los anfitriones con chicha de jora, cerveza y cambray. Luego de cantar, bailar y jugar con chisguetes de espuma, pica-pica y serpentinas por espacio de más o menos una hora,  los visitantes se despiden para seguir cantando y bailando por las calles hasta llegar a la siguiente oficina, y así esta rutina continúa hasta que en horas de la tarde, la comparsa itinerante, cumpla con toda su hoja ruta.

La celebración de la fiesta de los “compadres” y de las “comadres”, tal como se realiza ahora, es solo una burda representación, sin el alma de la verdadera costumbre que vino del campo y de los barrios populares de la ciudad, a los que jamás regresó, y por eso su celebración se ha reducido a un paseo borrachón, donde los empleados públicos cantan, bailan y se arrebatan a costas del erario público.


¿A qué compadre o comadre de qué bautismo festeja la burocracia abanquina? ¿A quiénes representan los muñecos cornudos y con el pene al aire que se cuelga en las inmediaciones de las entidades públicas?, indudablemente a sus propios autores, por qué en esta fiesta nadie es comadre, ni compadre, ni existe el ahijado de nadie.

Ya nuestro poeta universal César Vallejo nos ha enseñado: “¡"Todo acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él, de frente o transmitido por incesantes briznas…..” Esas briznas incesantes son las vibraciones del alma del pueblo. ¡No se puede cambiar una costumbre popular por una “mala costumbre”, solo porque alguna mala autoridad así lo dispone.

Pero ya que esta nueva costumbre al parecer está arraigada, debe entenderse  que se trata de una comitiva de mensajeros que coincidiendo con la fiesta de los “compadres” y de las “comadres”, llegan anunciando a la población la próxima llegada de los carnavales abanquinos. ¡SOLO ASÍ TENDRÍA SENTIDO!


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