lunes, 30 de marzo de 2020

EL CORTADITO

DEL ANECDOTARIO ABANQUINO

                                                      (Narraciones de la Zona de Emergencia)    

–¡Yo no sé pues hermano! Puede ser que seas inocente, eso tú nomás lo sabes. Eso está en tu conciencia. –Le recriminó con aires de moralizador y continuó: –Pero de todas maneras tienes que hacer algo para defenderte. Si no te mueves, nunca vas a salir de esta prisión, y como ya has visto con tus propios ojos, aquí están detenidos un montón de "terrucos" que quieren escaparse. Un día de estos se arma una revuelta de la gran flauta y segurito que los tombos se van a desesperar y meter bala como cancha y los primeros en morir, serán los que nada tienen que ver con ese pleito. Porque los verdaderos saben usar armas y técnicas de protección, de modo que cuando "reviente el chupo" se van a escapar incendiando la cárcel con todos los que se quieran quedar. Pero felizmente todo se puede arreglar, para eso las gentes sabemos hablar.

Aprendió a caminar juntando las sillas del cuchitril que hacía de comedor, cocina, dormitorio y cuyero. Después de las sofocantes noches del borracho amor de sus padres, sus ojos se abrían mirando la pared a la que se arrimaba la única cama que cabía en ese cuarto, y para seguir viviendo debía correr al patio a buscar desesperadamente el aire que acabara con el ahogo que le producía el amoroso tufo de su madre que tantas veces estuvo a punto de asfixiarlo. Más tarde con un pellejo de carnero y una vieja frazada doblada en dos le improvisaron una cama en una gran batea de madera que ocupaba el espacio que habitaba debajo de la mesa, y otra vez debía amanecer en el patio esperando la llegada del sol que lo ayudara a desvestirse del frío que lo acuchillaba.

–Muchas gracias doctor, no faltará tiempo ni buena voluntad para que le pague todo lo que quiere hacer por mí.

–De eso no te preocupes, yo para mí no quiero nada. Así como a ti, ya no me acuerdo a cuántos he ayudado solo por ser paisanos de mi mujer.

Sus primeros pasos, lejos de darle rumbo, lo perdieron. De modo que muchas veces fue felizmente encontrado en la comisaría. Más tarde esas huellas volvieron a encontrarse en ese mismo lugar por culpa de sus primeras fechorías. A los seis años conocía los cinco continentes y los siete mares de su pueblo. Creció pues, como le estaba admitido, a tumbos, levemente muriendo. Aprendió a contar y descontar dinero antes que a leer y escribir, talante que le acarreó la desgracia de ser rápidamente destituido del cargo de cajero de confianza del bar, restaurante, picantería, tetería y chichería de la propiedad familiar y condenado a no pisar más ese lugar mientras no hubiera alguien, so pena de recibir la paliza que todas sus carnes conocían. Hasta los clientes conocedores de su hábito rapaz, aprendieron a proteger con sus avisos oportunos las economías del negocio.

–Perdón doctor. ¿De dónde es nuestra mamá? –preguntó el “reo en cárcel”.

–¿De dónde eres tú? –replicó con gesto de quien tiene algo que decir en la punta de la lengua y no acierta.

–De Parhuaní doctor –respondió el paisano con ganas de aclararle la duda.

–Pues de allí mismo es mi mujer, pero de una familia antigua que hace mucho tiempo ya no vive en ese pueblo.

            Cuando arribó a los doce años sus padres huyeron de su  presencia, cerrándose las puertas de su casa con él afuera. Se negaron a pagar todos sus  pecados. Además, si al rapaz, ni a latigazos se le quitaba con nada la pendencia, la rapiña y la maledicencia, porqué debían ellos soportar las hazañas de su "angelito" sin compartirlo con el vecindario. De ese modo fue que se lo  regalaron al pueblo y sus alrededores.

Cerrado el negocio de la caja propia, enseñó a sus amigos a abrir la de sus padres, reservándose el derecho de administrar sus fondos, función que le enseñó el difícil arte de tomar decisiones sobre las cosas ajenas. "Debo guardar todo lo que hemos comprado con tu plata, porque si llevas algo a tu casa tu viejo puede darse cuenta que le has robado". Su negocio de la caja ajena se pagó en el cuero de sus socios en sangrantes y vergonzosas azotainas en pleno patio de la comisaría. 

Acabado el dinero fácil, comenzó con el difícil negocio de la cosa ajena. No había día que no anduviera de mudanza. Trasladó y ayudó a trasladar ollas, vasos, herramientas, libros, discos, herramientas, ropa vieja, en fin todo lo que vale y lo que no vale también, hacia los cuatro puntos cardinales del pueblo, aun cuando no obtenía ni siquiera la décima parte del valor de lo robado. Si se hubiera dedicado a lustrar zapatos quizá hubiera obtenido algo más. Le pasó la escuela con sus matemáticas, su lenguaje y los cuentos de sus historias con la misma facilidad con que le pasaba el hambre, el dolor y la tristeza.

–En ese pueblo pues había nacido mi mujer, aunque desde muy chica vive por aquí. Pero como te repito, todos los documentos no pasan solamente por mis manos, en la oficina hay muchos colegas que deben dictaminar. Lo que yo debo hacer para ayudarte es banquetearlos en mi casa. Allí podremos preparar el convido, que no sólo va a mejorar tu situación, sino hasta puede salvarte de la muerte.

–¿Cómo sería eso doctor? –Preguntó el campesino más asustado que interesado.

–!Fácil! –Respondió y siguió proponiendo. –Te traes diez gallinas, no me vas a decir que no tienes, ¿entonces qué clase de campesino serías? y plata para comprar diez cajas de cerveza, porque hay que invitar como a diez personas, pues esos conchudos se aparecen hasta con sus mujeres. ¡Saca tu cuenta! Como mi esposa es tu paisana le voy a suplicar que nos prepare un tallarín de casa con gallina, rocoto relleno y japchi de chuño. Después de la comida y cuando todos estén alegres y picaditos por el licor, les cuento tu problema, les digo que el convido es de tu parte y les suplico para que te ayuden, y como en otros casos, en una semana te vas de este infierno. !Eso déjalo de mi cuenta! –Culminó jactanciosamente.

            Ya nadie habla de los rincones donde acabó su errática adolescencia. No hubo pena que no sufriera ni alegría que no gozara su mundo escondido. Escuchó todas las voces, hizo todos los esfuerzos en todas las direcciones y algunos acabaron en trabajo. Cuando sorprendía a alguien tratando de tomar lo que señalaba como suyo, aunque esto sólo fuera en sus sueños, no conoció el perdón porque jamás fue perdonado, y el ladrón que roba a ladrón, terminaba cruelmente masacrado.

–No va a ser fácil papá porque ya plata no tengo. He pagado al abogado y todo lo que ha comido y tomado por donde me ha llevado. –Suplicó con ganas de recibir otra respuesta.

–!Ese es tu problema! Usurpas la chacra de tu vecino, te robas sus cinco chanchos, lo metes en la casa de tu cuñado, los matas a escondidas y vendiéndolo clandestinamente te haces chapar cojudamente con la carne de medio chancho con triquina encima, y quieres que yo, comprometiendo mi respeto, mi casa, mi familia, mi trabajo y mi dinero te ayude a salir de la cárcel. ¡Qué pendejo eres!

–Pero papá yo no he robado nada. Todo son falsas calumnias.

–¡Huevón! Si no hubieras robado no estarías metido aquí y en peligro de muerte. ¿Cómo puedes atreverte a pensar que voy a hacer comer y chupar al juez Mamerto Pocco Condori con mi plata, si ese condenado puede tragarse medio chancho sin eructar y tomarse hasta una docena de cervezas sin orinar, y eso no es todo, después ese indio leído se desconoce y comienza a joder e insultar a todo el mundo, especialmente al que le está sirviendo. Después conchudamente sale a la calle a ventilar su borrachera como un demente y luego retornar al lugar donde empezó la borrachera, para tratar de romper la puerta que con tanto cariño le habían abierto. Y ahí no acaba todo, al día siguiente hay que “curarle la cabeza”, que es otra tranca igual o peor que la anterior; aunque esta vez es sin comida, pero no por eso más barata. 

–Señor doctor y por qué no le damos platita nomás al señor juez. –Propuso el prisionero.

–No dices que estás misio, ¿cuánto tienes?

–Mi mujer dice que puede reunir hasta quinientos soles prestándose de sus parientes.

–Eso debe ser el producto de la venta de la carne triquinosa. A ver tráeme pues, para ver que se puede hacer con esa miseria. –Respondió con aire de estafado.

Acabado de crecer, tendría que usar por todo el resto de su vida la misma moda que conoció sus bellacos años y la misma cicatriz en medio de la mejilla izquierda que le abrevió su nombre a "el cortadito". Sus ojos que antes le ofrecían paisajes para desteñirlos con su andar, ahora sólo le permiten ver. Ver la riqueza de éste y la pobreza de aquel y sobre todo los modos de las gentes y la forma de las cosas que vienen. Al borde de la cárcel donde le había llevado la gran borrachera que le enseñó a humillar al débil, adular al fuerte, golpear mujeres, apostar a los gallos y en los juegos de azar y conocer el rincón más cálido de los calabozos; conoció, comprendió y santificó el arte de pesar los pecados ajenos para vendérselos a los propios pecadores. Tomó partido por la justicia, se hizo justiciero recorriendo los difíciles caminos de los sabios maestros que para estos menesteres nos solo existen, sino que hasta sobran. Después de ser guardaespaldas, matón, confidente, soplón, sirviente y alcahuete de abogados, jueces y fiscales, acabó sus brillantes propósitos como diligenciero del Juzgado Penal de Atunrumi.

►☼◄

–Doctor Pocco, en el expediente sobre usurpación y robo de ganado, chanchos creo. ¿Qué opinión le merece la participación de Albino Espinoza Prada, es culpable o inocente? –preguntó el empleado con humillada curiosidad y tratando de disimular su interés.

–¡Culpable! –Le respondió el dueño del delito al tiempo que le lanzaba ésta suspicacia: –¿Acaso te interesa?

–No señor juez, simple curiosidad nomás y solo para saber cómo acaban esos desgraciados que les roban a los pobres campesinos. –Respondió "el cortadito", antes de darle a conocer al prisionero que todo estaba arreglado y que también él sabía cumplir su promesa con los que cumplen su palabra.


lunes, 23 de marzo de 2020

LOS VOLUNTARIOS

DEL ANECDOTARIO ABANQUINO
                                                      (Narraciones de la Zona de Emergencia)     


–Si no hubiera sido por tu angurrienta ambición, hoy estaríamos en Atunrumi, visitando a esas dos arrechas primitas, sin tener que estar acorralados en este pueblo de mierda, donde no se ve más que casas derruidas.
 
–Seguramente yo tengo la culpa de haber vuelto a ver aquella vieja, que desde sus ojos de chiririnca, ya nos había más que fotografiado.

–¡A callarse carajo! Durante la guardia está prohibido hacer ruido y fumar. Acaso no saben que el enemigo está a solo treinta pasos de estas paredes, esperando hacer puntería a cualquier blanco que se mueva, que ilumine o que haga bulla. –Calló esa conversación la voz del técnico que trataba de dormir en el cuarto contiguo a los muros que rodeaban el "Fuerte Apache".

            “Fuerte Apache”, era el nombre que le habían dado los jefes al morrito que se levantaba en el centro de aquel poblado comunal que desde antiguo sus habitantes habían respetado, porque bajo sus tierras se escondía una huaca sagrada. Aunque otros decían que no se trataba de ningún altar andino, sino que era el sitio donde desde el tiempo de su fundación como reducción de indios, debía construirse un gran templo de piedra, pero que por falta de gente y de dinero, no se hizo nada.

En su lugar los bravos jefes de la quinta compañía, imponiendo faenas forzadas a los habitantes de los cuatro pueblos vecinos, hicieron desatar desde sus cimientos las casas que habían dejado abandonadas los vecinos que despavoridos huyeron de las incursiones subversivas, y que al cabo de tan sólo dos meses acabaron por construir esa famosa fortaleza para ser una prisión militar y todas sus otras mayores notoriedades. Dicen que allí llevaban a los sospechosos de ser "delincuentes terroristas", para urgirles a hablar, a la buena o a la mala, todas las cosas que "inteligencia" deseaba saber. Y que allí también acababan los castigados por su “achoramiento” al reglamento militar y algunos más que valientes voluntarios.

►☼◄

–¿Usted es la señora Rosaura López Contreras? –Le preguntó con buenas maneras un extraño con aspecto de limaco acompañado por otro de igual catadura.

–Si señor que desea. –respondió la dama.

–Señora, lo primero que le vamos a decir es que no pasa nada, ni tampoco pasará nada si usted colabora. La verdad es que somos hermanos, usted ya sabe.

–¿Qué cosa voy a saber señor? ¡Exprésese con corrección! –Dijo la mujer al tiempo que intuía que algo malo le iría a suceder después del encuentro con esos intrusos.

–¡Carajo, vieja concha tu madre. No te hagas la huevona! Acaso no sabes que somos compañeros y que has tenido la suerte de que el partido te escoja como colaboradora de la revolución! Mañana en cualquier momento que nosotros decidamos, nos entregarás veinte mil soles, sino vaya despidiéndote de la vida! – Irrumpió el otro compañero para poner las cosas en su sitio.

–¡Dios mío cómo voy a tener veinte mil para regalar, si jamás he contado tanta plata! 
–Se lamentó la mujer.

–¡Y cuánto puedes tener para mañana? –Preguntó muy molesto el extorsionador.

–Mil soles, eso es todo lo que podría reunir para mañana. –Suplicó más que asustada, la pálida mujer.

–¿Mil soles? ¡Ya te cagaste vieja de mierda!, quédate con tus mil solecitos para comprarte tu cajón. Tú crees que el partido te ha escogido porque tienes mala suerte o porque Dios te ha castigado. ¡No carajo!, todo el mundo sabe que tienes cuarenta casas, más de treinta chacras y una buena fortuna en los bancos, por eso te estamos pidiendo una modesta colaboración, pero lejos de hacer lo que te conviene para salvar tu pellejo, te haces la pobretona.

–¡Ay, papacitos, no sean tan malos conmigo! Eso es la herencia de mis hijos.

–Mañana volveremos, y si no hay toda la plata vaya despidiéndote de tus huerfanitos, a lo mejor con ellos nos entendemos. Tampoco te ilusiones en ir a llamar a la policía o al comando, porque el partido tiene diez mil ojos que todo lo ven  y veinte mil orejas que lo escuchan todo. Si mañana encuentras muerto en este lugar a un policía o a un soldado, tú le seguirás sin ninguna duda. –Para despedirse el más avezado le dijo sarcásticamente. –¡Nos vemos en tu velorio!

            Cuando dejaron atrás a la temblorosa mujer, los dos se reprocharon mutuamente por haber demorado más de la cuenta en esa entrevista, cuando la cosa era dejar al vuelo el mensaje y punto. Cómo le vas a decir, “señora no pasa nada” y “tú qué necesidad tenías de insultarla tanto como si fueras un hampón y despedirte cachacientamente”. “Era para que la vieja se asuste hasta cagarse en sus calzones  y nos suelte el billete. Tú crees que los ricos son ricos porque sueltan el dinero. Esos se mueren por la plata y esta vieja es capaz de morirse en su cama esta misma noche, solo pensando en que tiene que darnos algo a cambio de nada. Se ve que no conoces a esas mierdas” “¡Fuera cojudo, ahora te crees psicólogo!” “¡Calla cagón de mierda!” Finalmente la discusión terminó en que el asunto de la vieja se quedaba como un ensayo, para probar con el ferretero que se las pega de millonario en las fiestas que ofrecen las autoridades y los jefes después del saludo a la bandera.  
         
            Al día siguiente pasaron disimuladamente por el frente de la casa visitada y como las cosas estaban como el día anterior, cruzaron sus miradas y sin decirse nada se fueron a tocar la puerta. Aun cuando había varias personas en su interior, la mujer se apareció sola y ambos irrumpieron violentamente en el pequeño patio que daba entrada a una moderna casa de cuatro pisos.

–Papacitos he hecho todo lo que he podido, por eso ahora tengo para ustedes mil quinientos soles. –les comunicó a modo de súplica con la cara desencajada y con signos de no haber dormido.

–¡Mil quinientos! ¡Métetelo al culo vieja tacaña, ahora sí que te jodiste por insultar al partido! No te matamos ahorita porque detrás de esa puerta hay alguna gente más, pero si no colaboras generosamente: ¡Todos esos hijos de puta van a morir por tu culpa! –gritó y sintió cómo la gente del interior de la casa se movió desesperadamente como buscando refugio.

–Por favor señores no me hagan daño, voy a ver si alguna de las personas que han venido a visitarme pueden prestarme alguito más.

–¡Si no vuelves en dos minutos te cagas vieja y mierda! ¡Se cagan todos los que están metidos ahí! –Amenazó furiosamente.

            Al cabo de cinco minutos la mujer volvió, diciendo que gracias a sus amigos había conseguido mil quinientos soles más y con la misma rudeza y ofuscación los malandrines le dijeron que haber si esa gente que andaba metida ahí adentro cagándose de miedo porque saben quiénes eran ellos, podían prestarle dos mil soles más, y si fuera así, el partido le agradecería olvidándose de ella para siempre. Al cabo de dos minutos la mujer apareció diciendo que tenían suerte, porque entre ellos estaba un ahijado que había llegado de los Estados Unidos y le prestó dos mil soles más.

–¡Chau tía! Tienes suerte que solo gente con plata venga a visitarte. Si de aquí vas a quejarte a la comisaria o al comando, le decimos a los compañeros que están detenidos que declaren ante la fiscalía que eres una colaboradora del partido y tus miserables cinco mil soles serán nuestro mejor testigo.

            A esa fructífera bravuconada le siguieron muchas borracheras y ardorosas noches de amor al contado, y cuando el dinero se les iba acabando, comenzaron a planear la próxima “colaboración”.

            Al cabo de tres meses cuando el batallón de infantería marchaba gallardamente por las tribunas del sentimiento patrio, doña Rosaura vio desfilando entre aquellos valientes a uno de los que se llevaron sus cinco mil soles. “Con razón se morían de miedo estos miserables. Los verdaderos “tucos” no vienen por plata nomás, vienen por todo y tu vida también, dejando un cartel junto al charco de tu sangre”. Luego miró acuciosamente al resto del pelotón y no distinguió a nadie más.

            Al día siguiente se fue al comando y  ante el técnico que estaba a cargo de la puerta, presentó su denuncia con lujo de detalles y con una descripción casi fotográfica de sus autores. Este no permitió que la mujer  se entrevistara con ningún oficial, pero para demostrarle que era con él con quien tenía que arreglarse ese asunto, mandó llamar a cinco de los más achorados del improvisado cuartel y se los presentó. Luego la mujer señalando con el índice, le dijo: “Esos dos son los malditos que me sacaron los veinte mil soles haciéndose pasar por terrucos. ¡Tengo testigos señor!”

–Déjeme arreglar a mí esta lisura. Sé quién es usted y dónde vive. No se preocupe. Pronto tendrá noticias de su dinero y de la maldecida suerte de estos desgraciados. Prometió el técnico.

–La señora que vive por la panadería dice que le devuelvan los veinte mil soles que ustedes le han pedido como colaboración para la causa del  partido de los terroristas. ¡Huevones de mierda, cómo se han atrevido a semejante pendejada sabiendo que estamos en el ojo de los cojudos de este pueblo infestado de subversivos! Mañana esto estará en manos del coronel y pasado mañana los dos estarán en manos de su triste destino, porque la vieja tiene testigos. –Un profundo silencio siguió a esta revelación y luego continuó. –No, no quiero que me vengan con chanchullos y otras pendejadas más. La cosa esta clara para mí, para la señora, para sus testigos, y seguro lo estará  para el jefe y para el tribunal militar. ¿Qué quieren decir?

–Nada mi técnico. Nada. –Respondió bastante asustado uno de ellos.

–Pero yo seguiré hablando y quiero que escuchen que su suerte puede cambiar si ustedes comparten, digamos unos diez mil soles conmigo, y después le piden al coronel para que los trasladen al "Fuerte Apache",  donde siempre hace falta refuerzos y donde además los aplaudirán por ser uno de los pocos valientes voluntarios.

–Mi técnico. Cómo usted puede creer que esa señora haya podido darnos veinte mil soles. La verdad es que la semana pasada nosotros hemos detectado a varios presuntos elementos subversivos que entraban y salían de su casa y cuando fuimos a averiguar qué estaba pasando, esa misma señora nos regañó diciendo que el Estado de Emergencia no era para tanto y que vendría a quejarse con el coronel, porque ella era una ejemplar ciudadana que cumplía con la ley y que pagaba sus impuestos. Lo cierto es que al parecer la señora no es terruca, pero sí que es víctima de una extorsión por parte de los subversivos, y como justo nos encontrábamos por las inmediaciones de su casa, ha supuesto que nosotros también somos parte de la gente que la viene fastidiando. Eso es todo mi técnico, mañana pasaremos este dato a inteligencia para que haga las averiguaciones del caso y con eso se aclara todo.

–¡Huevones de mierda, quiero esos diez mil soles y punto! –Concluyó el técnico.

            Al día siguiente los dos valientes soldados presentaron ante el coronel una queja contra el técnico, quien sin respetar el mando se comide a atender las quejas de algunos ciudadanos, que sin prueba alguna levantan graves calumnias contra los defensores de la patria, para que luego este malvado a espaldas del comando, y suponiendo ser ciertas esas calumnias exigirles una parte de un botín que no existe.
–Señor coronel, cómo podemos atrevernos a asaltar a ninguna persona, más aún cuando el técnico conoce que por órdenes del comando supremo, ningún soldado vestido de civil puede pasearse con armas dentro de la ciudad. ¿O acaso se puede robar de pura boca? –Y que para librarse de todas esas patrañas se ofrecían como voluntarios para ser transferidos al "Fuerte Apache".

–¡Esa es la actitud que a mí me gusta! –Exclamó el coronel y luego ordenó: –¡Comandante para que dejen de joder a estos valientes soldados remítalos hoy mismo a su nuevo destino. A propósito de este incidente, quiero que todo el mundo sepa que jamás voy a permitir que mis soldados sean confrontados con ningún civil por ninguno de ustedes, porque yo tampoco lo voy hacer. Si creen que alguno de nuestros bravos guerreros están cometiendo delitos comunes, que presenten su denuncia ante el Ministerio Público, pero no ante los pendejos de mierda que por andar uniformados se creen jefes para todo.

–Sí señor, pero qué vamos a hacer con el técnico García.

–A ese insolente transfiéralo a “la oreja de lobo”, donde podrá atender personalmente a todos los que visitan ese destacamento, sea de día o de noche, armados o desarmados, sin tener que rendir cuenta a nadie. 

"Cómo le van a creer a esos miserables todo lo que dicen. Acaso el coronel no sabe que en este pueblo todos se mueren de susto y solo falta que los sepas amenazar para que se chupen completitos y te den todo lo que les pides y hasta lo que no tienen. No se necesita ningún arma para lograr todo lo que quieres si sabes trabajar su miedo". Pensó lleno de rabia el técnico, pero en seguida se consoló. "Menos mal que a donde voy, no tengo que rendir cuenta a nadie y dicen que por esos caminos recorren los dólares de los quesitos de valle."

El miedo es la clave para todo en una Zona de Emergencia. Miedo que se construye solito a punta de tanto tableteo de fusiles y ametralladoras por todos lados. Bombas explotando día y noche. Helicópteros que vienen y van mostrando sus amenazadoras panzas por encima de las cabezas de los asustados mirones. Muertos que llegan de todas partes. Noticias y bolas sobre incursiones y grandes matanzas en varios sitios. "Cuadradas" con muertos y carros volados en todas las carreteras. Sirenas ululando nerviosamente por todas las calles. Detenidos nacidos en todas partes. Prepotencia por todo lado. Soldados y policías correteando por las calles gritando como bestias con las caras manchadas de sangre y a veces con las tripas de los perros enroscados a sus cuellos. Los deudos más asustados que consolados trasladando en silencio sus muertos a los cementerios donde los sepultaran junto con todas sus lágrimas. Allanamiento de sus viviendas a medianoche para encontrar alguna prueba que pudiera incriminarlos. Varios sospechosos, muchos sospechosos, todos sospechosos. Prohibido festejar los cumpleaños, las fiestas patronales y los carnavales: agüita nomás. Toque de queda de seis a seis y para remate una inmensa desconfianza que el miedo va creando hasta meterse en todos los escenarios de la conciencia, en todos los sentimientos, junto a un omnipresente silencio que lentamente va paralizando la alegría que significa estar vivo. Todo se vuelve malo porque lo bueno no sirve para sobrevivir. ¡Qué fea es la guerra! 

            Casi inmediatamente de haberse recibido ese importante dato detectado por los valientes que se fueron al "Fuerte Apache". En las inmediaciones de la casa de doña Rosaura se ha instalado un equipo de inteligencia para detectar durante las veinticuatro horas del día algún movimiento sospechoso, porque en esta zona de emergencia no se puede confiar en nadie, y menos aún en esos ricachones que jamás se han identificado con las preocupaciones del gobierno para combatir la subversión y creen, como si se tratara de una religión, que si la patria libra una guerra contra sus enemigos es para proteger sus mezquinos intereses.

            Mientras tanto la denunciante, se arrepiente en el alma, haber ido a quejarse contra las  ratas uniformadas, y siempre recuerda como si se lo habrían dicho solo hace un instante: “Si de aquí vas a quejarte a la comisaria o al comando, le decimos a los compañeros que están detenidos que declaren ante la fiscalía que eres una colaboradora del partido y tus miserables cinco mil soles serán nuestro mejor testigo.”

“Dios mío de repente para los que se mueven por los alrededores de mi casa, yo soy una terruca. Mejor me voy a mi casa de Lima por unos meses, pero tampoco eso puedo porque tengo que atender los juicios que he iniciado para defenderme de los conchudos que no quieren pagarme los alquileres”. “Y si esos morocos son de verdad terrucos infiltrados  en el comando militar y vienen a buscarme para matarme por soplona, y porque jamás les he dado veinte mil soles” “…..y líbranos señor de todo mal. Amén" Y siguió pasando las cuentas de su rosario.

miércoles, 11 de marzo de 2020

EL PADRE DE LA PATRIA

DEL ANECDOTARIO ABANQUINO
                                                      (Narraciones de la Zona de Emergencia)          

         ¡Qué distinción y elegancia! ¡Qué cambio tan revolucionario! Viste terno azul marino en las ceremonias públicas de salón, velorios y entierros importantes. Terno gris para los días de calor y campo. Terno marrón oscuro para los compromisos sociales. Luce zapatos de charol, pelo lacio ligeramente ondulado, una gran barriga que jocosamente llama: "El cementerio de chanchos, gallinas, cuyes y pollos". Oro en el anillo que estrangula un dedo gordo, oro en el reloj, oro del Congreso de la República en la solapa, dientes de oro. Y mostrando por todos lados su sonrisa de mazorca, exhibe con mucho orgullo su andar de policía en el "lugar de los hechos".

Cuentan que éste sujeto fue el líder más esclarecido del pueblo que lo eligió. El camarada más consecuente, el militante más combativo. Un auténtico hijo del proletariado. Pero ahora se ha reducido a ser un político profesional que dos veces al año trata de explicar a los ingenuos que lo eligieron, que no es cierto que sea uno de los diputados mudos del parlamento, como irresponsablemente ha publicado un diario limeño. El pide la palabra, él habla. Ha intervenido en innumerables ocasiones en nombre de la sagrada tierra que lo vio nacer y de su grupo parlamentario en la Cámara de Diputados y en el pleno del Congreso, y lo que ha querido decir ese panfleto amarillo es que de tanto hablar, un día se ha quedado mudo debido a una afección a la garganta, porque para eso lo han elegido o es que acaso los cavernarios de la derecha, los infantiles de la ultraizquierda y sus enemigos personales quieren una grabación. "¡No hay problema!, que vayan a Lima y graben las sesiones del Congreso". La mejor prueba que puede dar al pueblo que nunca ofende es su conciencia limpia y su frente alta. Finalmente no tiene nada más que decir sobre el particular, para no hacerles el juego a los enemigos de la democracia.

En esta ocasión ha venido a presentar denuncias por la comisión de los delitos de peculado, colusión, concusión, abuso de autoridad, malversación de fondos en agravio del Estado Peruano contra todos los funcionarios del actual régimen que operan en el Gobierno Regional, porque no es bueno que mientras él se rompe el alma por el progreso de ésta santa tierra, otros señoritos muy hondos y lirondos, sentados en cómodos sillones se roben los dineros del pueblo.

Todo eso dice él, pero todos saben que ha venido a "rescatar" la chacra que tuvo que vender su suegro para los gastos de su campaña electoral, porque sus cuñados no lo dejan en paz. Si bien el negocio no ha resultado para todos, porque como diputado de un partido de izquierda ha pasado a ser parte de la minoría opositora, para nadie es un secreto que se han multiplicado los panes y los peces de su anterior salario y si se considera un digno hijo del proletariado por lo menos debe reparar la herencia de sus cuñados.

Menos mal para él, porque es diputado y también abogado. Lo primero que ha hecho al llegar al pueblo es consignar en el Banco de la Nación a favor del comprador el valor depreciado del terreno que vendió su suegro para cubrir los gastos de su candidatura  y notificarle que esa venta es nula, porque siendo un terreno adjudicado por la Reforma Agraria, no estaba permitida su enajenación y porque además en el contrato no aparece la firma de su señora suegra. Después, en vía de aclaración ha hecho conocer a la opinión pública, que no ha asaltado la propiedad de nadie, sino que sus cuñados le han ayudado a recuperar una querencia familiar, que más adelante será destinada para dar techo a todos los humildes ciudadanos que han sido arrojados de sus comunidades por causa de la demencial ola de violencia terrorista que azota la región. Con esa perfecta acción legal amparada por los juzgados y tribunales del departamento, donde nadie ha resultado perjudicado ni mucho menos estafado, pone punto final a las atrevidas habladurías que vienen desde la más cavernaria reacción, solo con el propósito de entorpecer su valioso aporte al crecimiento de la patria socialista que todos los peruanos ansiósamente esperamos.

Además hacía saber al público en general que la Constitución Política del Estado y las leyes con las que está familiarizado por su trabajo parlamentario, le han hecho conocer que ningún individuo tiene derecho a meter sus narices en asuntos privados, que como cualquier mortal, también él los tiene y puede tener más aun, a pesar de ser un hombre público y un connotado líder socialista. “¡Patria o Muerte!”, ha dicho levantando el puño izquierdo. "¡Hasta la victoria, siempre!" le han contestado sus cuñados y algunos ayayeros más.

Ha estado muy ocupado atendiendo a tiempo completo las súplicas de todos los incautos que dicen que votaron por él. En ese afán y en sólo tres banquetes ha ofrecido trabajo estable y bien remunerado a cerca de 1,850 desocupados dentro del Programa de Empleo Extraordinario para la Sierra Sur del Perú, contenido en el Proyecto de Ley que ha presentado ante la Mesa Directiva del Congreso de la República, y que a pesar de la rabiosa oposición de los cavernícolas de la extrema derecha, muy pronto será aprobada, promulgada y ejecutada. Asimismo ha hecho saber que viene exigiendo al Presidente de la República la construcción de más de 40 carreteras, 170 escuelas, 150 postas sanitarias y también, ¿por qué no?, 900 baños públicos rurales dentro del ámbito regional, que a su vez creará miles de empleos temporales y no pocos permanentes.

También ha notificado que tiene especial interés en que los campesinos no cumplan con sus obligaciones crediticias, cualesquiera que sean éstas. Es más les ha ordenado "¡No paguen!". Un campesino le ha replicado, que si no pagan no les volverán a prestar: pero él sabiamente le ha respondido, que si se vuelve a prestar tendrá que volver a pagar y ha rematado recriminándole: "acaso no has comprendido que he convocado a esta reunión solamente a los camaradas que no quieren o no pueden pagar, pero si tú vas a pagar para que has venido aquí, porque mejor no te has ido al Banco”.

 el informativo de Radio Sintonía ha declarado que es falso que él haya formado una especie de sociedad en comandita con los líderes locales de su agrupación política. Que es completamente falso y hasta calumnioso, que sus supuestos socios hayan aportado sumas apreciables de dinero para los gastos de su campaña electoral bajo el compromiso de resarcirles con la gestión de importantes ventajas a su favor. "¡Qué ridícula acusación!", "¿De dónde podrían haber sacado semejante cantidad de dinero esos pobres diablos, si ni siquiera tienen para comprarle un par de chancletas a sus mujeres?" Cómo podían vociferar semejantes injurias, si sabían muy bien como viejos políticos que son, que cuando se accede al parlamento en minoría, no se toma las riendas del poder, sino todo lo contrario, se debe pelear a brazo partido para que los hombres del Presidente de la República no hagan lo que les dé la gana con el erario público y de tanto compensar a sus partidarios echen a perder el sistema democrático, quitándole a su partido la chance de ser gobierno más adelante.

Si desde el principio de la campaña electoral sabían que no iba a ser elegido para gobernar, porqué ahora le reclaman los favores que solamente puede hacer un gobernante. Aclaró que su partido es una organización de auténticos hijos del proletariado fundada para servir al pueblo de todo corazón y que su presencia en el parlamento obedecía a órdenes políticas y a la voluntad popular de esas gentes que a la hora de votar escogen lo mejor. "Pero desgraciadamente hay elementos que exonerándose del servicio al pueblo, pretenden hacer recaer en mi humilde persona todo el peso de su frustración, pero eso a mí me tiene sin cuidado. ¡Soy inmune!"

Cada dos días anunciaba por Radio Sintonía, que al día siguiente iría a fiscalizar a las autoridades políticas, administrativas o judiciales, dizque para viabilizar las varias denuncias anotadas en su agenda. Para realizar esa acción notificaba públicamente a los humillados, agraviados y sedientos de justicia a reunirse en tal o cual esquina. Tres horas después de la concentración que reunía a más curiosos que interesados, marchaba hacia la oficina del turno de sus visitas. La comparsa prácticamente sitiaba el local visitado. El señor diputado, más serio que la estatua de un guerrero, ingresaba al Despacho del funcionario fiscalizado, se cerraba las puertas y al cabo de una o dos horas, salía airoso y satisfecho. El grupo que iba creciendo desde adentro hacia la calle, lo seguía hasta la esquina que los reunió. Allí el Padre de la Patria, apostado en el lugar más alto informaba a su clientela que gracias a su gestión, desde ese histórico día esa oficina estaba al servicio del pueblo. Finalmente anunciaba que en dos días visitaría la Prefectura y que para esa ocasión la reunión sería en la esquina del movimiento.

Más tarde en la misma emisora, el funcionario  "moralizado" declaraba que había recibido la grata visita del señor diputado, quien se había comprometido a realizar los mayores esfuerzos, para que el gobierno central mejore las precarias condiciones en las que venía atendiendo la dependencia a su cargo. Agradecía al diputado su gentil visita al mismo tiempo que mandaba saludos a su señora esposa.

Más tarde, los "enemigos del pueblo" hicieron publicar por la radio varios avisos pagados, donde denunciaban que el diputado tenía una amante de 15 años a quien había embarazado; que usa las camionetas del Estado para pasearse con toda su familia por los lugares turísticos del departamento; que influyó en el resultado de varios juicios bajo la promesa de gestionar la titularidad de muchos jueces y fiscales provisionales; que había hecho detener en los calabozos del Comando Político Militar y en el "Fuerte Apache"  a varios compañeros acusándolos de subversivos; que no ha hecho nada por Atunrumi en cuatro años de representación muy bien pagada; que jamás asiste al parlamento; que ha sido expulsado del Partido por votar a favor de mociones reaccionarias y antipopulares; que anda y actúa por su cuenta; que es un independiente, un traidor, un tránsfuga.

Por algunos días más siguió la campaña de los interesados en "subvertir el orden". De la radio se pasaron a los volantes, de los volantes a las pintas: “Miserable, traidor y maricón”. Mientras el padre de la patria pasó de las alegres concentraciones a la Fiscalía Provincial, de la Fiscalía Provincial al Comando Político Militar, del Comando Político Militar se pasó a Lima, porque “no se puede luchar contra tanto envidioso de mierda”.

"Creo que he sido un cojudo. Esto me pasa por ser consecuente, por ser democrático y por haber venido a Atunrumi. Desde ahora voy a ser como los otros diputados, que a pesar de ser del partido que gobierna, no se aparecen ni para decir que siguen vivos y sin embargo ya están preparando su reelección". Le había comentado confidencialmente a un enemigo de los secretos.