sábado, 30 de enero de 2021

EL HUANCAR CUICHI DE "CUENTOS PARA CCOROS" - 11

    Un viejo rasguño en la montaña te señalará el camino, pero sólo podrás verlo cuando el sol haya quemado los últimos pastos; antes no verás más que la gigantesca caída que ni los cóndores, amos de estos espacios, pueden medir. Al cabo de esa funambulesca jornada llegarás a un enorme bosque de piedras encantadas. ¡No, no temas!, ve siempre hacia adelante, el camino es para avanzar.

    Entonces gritarás “¡Huáncar!” y ese clamor se quebrará en las miles de voces que pueblan esa ruda peñolería, pero ese murmullo no debe asustarte, porque no son las etéreas quejas de las almas de los que han partido, sino tan solamente la suma de las inútiles palabras que para calmar sus penurias han querido pronunciar los pocos hombres que viven en estas interminables soledades. Solo deberás mantener atento y enfocado tu oído  en el lugar donde acaba el último rumor de aquella invisible multitud, hacia ahí deberán ir tus pasos.

    Si más tarde tropiezas con un precipicio o una roca insalvable, volverás a gritar: “!Huáncar¡” y ahí por donde se asome el último sonido del dilatado eco de tu voz, deberás encaminar todo el esfuerzo de tu voluntad, sino lo haces quedarás eternamente atrapado en esa pétrea maraña. 

    También recuerda que no debes hacer caso a los desgarradores lamentos  de los que piden auxilio, pues esos son los clamores de los muchos que andan extraviados en ese laberinto y si eso te distrae puede perderte a ti también. Nunca olvides que para salir de ese pétreo enredo deberás seguir atentamente solo el sonido de tu voz que viaja golpeando las paredes de aquella confusión.

    Cuando por fin hayas logrado salir de aquella maraña peñascal, llegarás al suave declive del borde de una diáfana laguna que en su fondo te mostrará las calles, casas, iglesias y parques de un rico pueblo que hace mucho tiempo fue el orgullo de aquella comarca. En la plaza principal de aquel pueblo sumergido, verás una enorme cadena de oro y miles de joyas que se te ofrecerán casi al alcance de la mano. ¡No!,  no  trates  de  apoderarte  de las riquezas que te ofrece ese líquido espejismo, pues las almas de las malas gentes que allí vivieron, querrán compartir contigo la carga del castigo recibido por su orgullo y ambición.

    Veas lo que veas y escuches lo que escuches, camina siempre adelante, sin apartarte jamás del sendero que recorre el borde de ese sobrecogedor estanque. No pares a pesar de que ese andar te resulte penoso, pues aún es más peligroso internarse en el empapado bosque que sube por las colinas hasta perderse en la espesa bruma que se eleva desde las profundidades del más atronador y salvaje de los ríos que lleva sobre su corriente las voces de los dioses de antes, y en donde muchas víboras, fieras y demonios querrán atacarte para destrozarte y devorarte; pero no les hagas ningún caso, porque esos monstruos son nuestros propios miedos que se instalan sobre las dudas que albergan nuestras mentes, para acecharnos en los momentos más desesperados.

     Recuerda, solo tú conoces el fondo de tu corazón y por eso sabes que desde ahí nacerá la valentía que te hará invencible.

    Te parecerá increíble, pero al final de esa umbría floresta, llegarás a una puna inmensamente llana, que para tratar de adivinar sus distancias tendrás que pegar una oreja al suelo, cerrar el ojo opuesto y solo así alcanzarás a ver la línea desde donde alumbra el lucero de la mañana. Dirígete hacia la lejanía sin límites de esa celestial luminosidad, respirando fuerte y avanzado, pisando firme y avanzando. 

     A pesar que el brillo solar haya terminado su recorrido, las tinieblas se negaran a llegar esperando de ti un descanso, un pequeño alto en esa vastedad para convertirte en la sombra de un hombre que camina. Cuando por  fin encuentres la noche, la verdadera noche, la que está ahí afuera y no la que tienes dentro, duerme profundamente, duerme cuanto puedas, duerme y sueña y sigue soñando siempre, porque ese es el único pasaje para los otros mundos que seguirán a este.

    La  mañana se  levantará dentro de un pequeño y aislado bosquecillo de cceuñas cubierto con  unos  copos  de  floja  nieve.  Pisando esas  níveas humedades llegará rodeado de su aureola de siete colores el Huáncar cuichi, ese gato gigante de cuyos bigotes nacen los arcoíris. Este tratará de saltar sobre ti y atraparte en su círculo mortal. Tómale distancia cubriéndote bajo la copa de los cceuñales, corre entre sus ramas y al seguirte el Huáncar perderá su colorido cinturón y solo a un gato enorme tendrás que enfrentar.

    Tu cuerpo ha vencido los precipicios, tus oídos te han sacado de aquel trastornado roquedal, tus ojos han ahogado las acuosas imágenes de aquel pueblo castigado, el valor de tu corazón te ha sacado de aquel bosque encantado, tus nervios han caminado por el sendero de la diosa celestial, tu fuerza ha encontrado la noche, entonces ya estás preparado para acabar con el maldito Huancar cuichi, que en los puquiales de los pueblos espera a las mujeres en la forma de un arcoíris, para tomarles el vientre y hacerlas vomitar agua de siete colores hasta matarlas, y no contento con eso, en los lugares de sus tumbas hace brotar inmensos bofedales que devoran a los hombres y al ganado. 



domingo, 24 de enero de 2021

CAPITAN RUMI - DE "CUENTOS PARA CCOROS" - 10

 

 

Desde que se levantaron los hijos del sol sobre estos andes, lograron arrancarle al cosmos el conocimiento para moldear las piedras y hacer lo que su voluntad quisiera con ellas. Su sabiduría no tuvo parangón, ni límites.

Ese conocimiento fue transmitiéndose de generación en generación y con el correr de los tiempos, los hijos de sus hijos, le dieron formas y ajustes poligonales perfectos  a las colosales piedras de sus templos, palacios y fortalezas. Ante sus prodigiosas manos la piedra se comportaba como la arcilla, y no solo eso, sino que al conjuro de sus dioses, incluso podían darle vida para que se movieran sin la intervención de los hombres o las bestias.

Bajo los dictados de este  conocimiento, lograron fabricar gigantescos colosos con la forma y el movimiento de los humanos. Estos pétreos autómatas fueron los que colocaron una encima de otra las gigantescas piedras de sus más poderosas fortificaciones y de las otras extraordinarias construcciones de su tiempo.

En el cerro San Cristóbal, que es la cresta de una cuchilla que hace miles de años se afiló al abrirse el gran cañón que labró el río  Apurímac,  los  incas decidieron  construir  un gigantesco puente que debía superar todas las artes y los desafíos de  la  prodigiosa ingeniería de su raza. Para esa empresa, recurriendo a su ciencia y arte milenario, levantaron una vez más, un autómata de piedra, que debía erguirse y subir hasta el cerro “San Cristóbal” para arrojar por sobre el río Apurímac, hasta la otra montaña la gran soga que con duras enredaderas de la selva, juncos, fibras y miles de tiras de cuero de  llama y  alpaca  habían torcido los  pueblos del  Collao,  hasta  convertirla en  una maroma de tres kilómetros de largo y del grosor de tres hombres robustos, para poder lanzar el portentoso puente.

Una mañana plena de sol y de júbilo, ante la atónita expectación de miles de incrédulos, el autómata que hoy se conoce como “Capitán Rumi”, comenzó lentamente a subir aquel cerro. Cuando el coloso ya había alcanzado la pequeña terraza de la cima de aquella cresta, rodó hecho pedazos por los suelos, haciendo el telúrico estruendo que produce el derrumbe de las montañas, quedando desperdigadas sus piernas y cadera en la cuesta de aquel cerro, y el torso, la cabeza y uno de los brazos acabaron cayendo por el precipicio que termina en el fondo del profundo cañón, donde como una mítica culebra se mueven las atronadoras aguas del río Apurímac. De toda esa monumental estructura solo quedó como señal para los tiempos venideros, la mano izquierda de aquel pétreo gigante, mostrando su palma a los cielos. 

Refieren las lenguas que inmortalizan esta historia que aquella caída se produjo porque en ese mismo instante se derramó sobre la tierra sagrada de Andamarca, -la pacarina[1] de los rucanas- la primera gota de sangre de la muerte fratricida de Huáscar, el príncipe heredero, el escogido de los dioses, cuyo cuerpo lacerado fue impíamente arrojado a las oscuras aguas del río Yanamayo. En ese instante también se acabó para los runas de estos andes el poder que tenían sobre las piedras, y con ellos el mundo sin mentira, sin robo y sin ocio que gobernaba estas cordilleranas inmensidades.

A partir de esa maldita hora, cualquier cosa podría sucederle a los runas[2]  de estas tierras, porque sus dioses retornaron al Apumayo,[3] pues no soportaron ver destruida la vida que alzaron desde el fondo del gran lago sagrado, para que la estirpe de sus hijos gobierne este mundo que se yergue desde la profundidad de los océanos hasta los bordes del infinito.

A partir de ese  momento solo quedaba para el futuro de esa raza los tenebrosos  y oscuros días de un largo “inti wañuc”[4]  lleno de hambre, de mentira y sufrimiento.



[1] Los antiguos peruanos creían que los primeros habitantes de los ayllus, pueblos o reinos andinos surgieron de las pacarinas (cuevas, lagos, lagunas o manantiales) por orden de los dioses, especialmente Wiracocha. Antes de ser humanos habían sido piedras o rocas del Ukupacha (mundo subterráneo), y a través de las pacarinas salieron a poblar el Kaypacha (superficie terrestre)

[2] Hombres de los andes peruanos.

[3] La Vía Láctea.

[4] Eclipse de sol.



lunes, 18 de enero de 2021

18 DE ENERO DEL 2021: 449 ANIVERSARIO DE LA FUNDACION ESPAÑOLA DE ABANCAY


            El día el 23 de octubre de 1570, Francisco de Toledo, el quinto virrey del Perú, inició junto a más de 60 personalidades de su administración colonial, entre las que se encontraba el Licenciado Nicolás Ruiz de Estrada, su histórica Visita General del Perú, que duró cinco años (1570-1575), recorriendo personalmente las provincias de Huarochirí, Huancayo, Guamanga, Abancay, Yucay, Cusco, La Paz, Potosí, La Plata y Arequipa; recomendando a sus comisionados que los indios fueran reducidos en el menor número de pueblos posible, así como establecer nuevas tasas tributarias a favor de la corona española.

           Francisco Álvarez de Toledo, (1515-1582) conocido también como el Solón virreinal, fue quien estableció las bases del sistema colonial en el Perú a través de las llamadas Disposiciones del virrey Toledo, redactadas por los juristas Juan de Matienzo y Juan Polo de Ondegardo y Zárate. Este último combatió contra el rebelde Francisco Hernández Girón en Chuquinga (Chalhuanca) y Pucará en 1554 y  posteriormente fue nombrado corregidor del Cusco (1558-1561) y en esta su condición ordenó  la construcción del puente colonial sobre el río Pachachaca en Abancay.

            Como producto de esta visita, el día 18 de enero del 1572, fue fundada la reducción de indios de Abancay por el Licenciado Nicolás Ruiz de Estrada, Visitador General de Condesuyo y Chinchaysuyo, “por virtud de la comisión y poder que tiene del Excelentísimo señor don Francisco de Toledo, visorrey destos reinos, en que se le comete, entre otros repartimientos, los deste valle de Abancay hasta lo alto de Curamba de Nuño de Mendoza, e ingenio de Pedro Alonso de Carrasco  (Karqueque) como se declara en la provisión que se le dio…”, y lo hizo con el nombre de “VILLA DE LOS REYES DE SANTIAGO DE ABANCAY”.

Nicolás Ruiz de Estrada, nació en la Ciudad de los Reyes que era el nombre oficial de Lima y fue regidor vitalicio de esa ciudad, además fue Licenciado en Derecho. Hijo Martín Yáñez de Estrada y Marina Roldan y nieto de Bartolomé Ruiz de Andrade quien fue piloto experto de Cristóbal Colón, y pasó a la historia por formar parte de la expedición de los Trece de la Fama o los Trece del Gallo y por ser el primer español en avistar costas ecuatorianas y desembarcar en ellas.

Antes de tocar el tema principal de esta entrada, resulta conveniente señalar unos párrafos de la obra: "Francisco de Toledo: 1569-1574”, escrito por el propio virrey Toledo y compilado por  Guillermo Lohmann Villena y  María Justina Sarabia Viejo, que sobre la designación de los visitadores de su Visita General del Perú, señala:

“ (,,,) Por haber entendido las muchas y muy importantes cosas que estaban remitidas para la visita general, con acuerdo y parecer que tuvo de lo que importaba que se hiciese, de las personas  más  graves  de  este  reino, que  para ello mandó juntar, ansí para la mejor ejecución de los dichos poderes y comisiones  que  S. E. trajo  de  Su   Majestad, como  para la  determinación  y  resolución de lo que para la dicha visita general estaba remitido, nombró los comisarios y personas, eclesiásticos  y seglares, que se pudieron hallar de más autoridad, confianza y experiencia en las cosas de esta  tierra,  y más celosos del bien de los naturales para  que en los repartimientos y  provincias  que se les señalaron hiciesen la dicha visita general, que son los que se siguen:

VISITADORES

(….)

Para la provincia del Cuzco

Al licenciado [rey Pedro Gutiérrez Flores, de la orden y caballería de Alcántara; y por salir del Cuzco en compañía de S. E. se nombró en su lugar a Diego Barrantes Perero.

(…..)

El Licenciado Nicolás Ruiz de Estrada, y en su compañía, por visitador eclesiástico, a fray Juan  de Vivero, predicador de la orden de Santo Agustín.

(….)”

Sobre la reducción de los indios[1] del valle de Amancay, Waldemar Espinoza,[2][1] nos señala lo siguiente:

 “Ruiz de Estrada efectuó todas las reducciones en el área de los quichuas y otras colindantes. La de Abancay fue realizada con el nombre de La Villa de Los Reyes de Santiago de Abancay, y tuvo lugar en 1572. El pueblo fue trazado igual que el de las villas y ciudades de españoles: calles derechas, plazas y manzanas cuadrilongas. Otra reducción aledaña planificada por el visitador en referencia fue la de Condebamba, al pie de un cerro que actualmente existe con el mismo nombre. Abancay fue fundada en un sitio llano y profundo, en la margen derecha del río Pachachaca, de cuyas orillas dista poco más de cinco kilómetros, y en un ambiente muy caluroso a pesar de tener un nevado cercano, dominando el paisaje.”

         La fundación española como reducción de indios de Abancay con el nombre de “VILLA DE LOS REYES DE SANTIAGO DE ABANCAY”, se hizo el día 18 de enero de 1572, y su nombre se debe a dos circunstancias, a saber:

         Porque fue el día 18 de enero de 1535, Francisco Pizarro fundó la “Ciudad de los Reyes” en honor del emperador Carlos V de Austria y primero de España y de las Indias y de su madre, la reina Juana, la misma ciudad que hoy conocemos como la Lima. La ciudad fue establecida en el valle del río Rímac en un área poblada por el señorío de Ichma. Entonces como la reducción de Abancay se fundó el día 18 de enero se le antepuso a su nombre de “Villa de los Reyes” porque se estaba siendo fundada el mismo día en que se fundó la “Ciudad de los Reyes”.

        Este hecho lo confirma un documento de 1578 denominado “Relación de los Corregimientos y otros officios que se proveen en los Reynos é provincias del Perú, en el distrito y gobernación del Vissorroy dallos”, donde se da cuenta de la existencia de una encomienda en el repartimiento de Abancay, así: “El rrepartimiento de abancay encomendado en Antonio Sotelo tiene 390 yndios tributarios y 2156 personas reducidos en vn pueblo llamado la villa de los rreyes”. Quizá sea por esta razón que durante la colonia y hasta mediados del siglo XX, el mote secular de la ciudad de Abancay haya sido “Lima chico”.

La otra razón es porque los antiguos pobladores de los valles de Abancay y Pachachaca fueron adoradores de Illapa, la deidad nativa del rayo, que para ellos "era un hombre que estaba en el cielo con una honda y una porra y que tenía el poder de hacer llover, granizar, y tronar" (Rostorowsky), y que en tiempos precolombinos tenía su santuario en la desaparecida huaca de Illanya.

            En esta parte cabe aclarar que los primeros españoles acostumbraban no contrariar abiertamente las creencias religiosas de los nativos, sino trasladar estas devociones a favor de las deidades católicas. De modo que donde los indígenas adoraban a la Madre Luna (Mamaquilla), la reducción que de ellos se hacía y al pueblo español que ellos fundaban en ese lugar lo sujetaban bajo la advocación de una Virgen o una Santa Católica. En la América española esta mudanza de las creencias originarias no se debió a un sincretismo religioso,[3][2] sino a una aculturación.[4][3]

        Así pues, los hijos (devotos) del rayo del valle de Amancay fueron puestos bajo la advocación de Santiago Apóstol, Patrón de España, porque los españoles del siglo XVI creían que cuando sonaban los truenos era porque el caballo de Santiago Apóstol galopaba en los cielos. Otro elemento que vinculaba a Santiago con el rayo y el trueno fue la invocación que hacían los españoles al apóstol antes de disparar sus arcabuces: “¡Santiago y cierra España!”. Para los indígenas esos extraños artefactos que los españoles llamaban “Santiago” lanzaban rayos y truenos, como lo hacía Illapa, arriba en los cielos.

            De ahí fue que la reducción de los indios del valle de Amancay, llamada Villa de los Reyes de Santiago de Abancay, que hoy día 18 de enero del 2021 está cumpliendo 449 años de su fundación española, aclarando que el día 03 de noviembre del 2020 celebró el 147° aniversario de su elevación de Villa de Abancay al rango de ciudad de Abancay,  por mandato de la Ley del 03 de noviembre de 1874, que en su artículo único señalaba: "Artículo único.─ Elévase al rango de ciudad la villa de Abancay.", la razón fue porque al crearse el nuevo departamento de Apurímac por Ley del 28 de abril de 1873, en su artículo 2° se consignó: "Art. 2.° Este Departamento se compondrá de las Provincias de Andahuaylas, Abancay, Aymaraes, Antabamba y Cotabamba, y tendrá por capital la villa de Abancay.", pero después de más de un año, los legisladores de aquellos tiempos repararon en que por mandato constitucional una "villa" no podía ser capital de un departamento y corrigiendo ese error, elevaron legalmente la "Villa de Abancay" a la categoría de "Ciudad de Abancay".




[1] Fue la concentración forzada de las poblaciones indígenas dispersas en centros urbanos principalmente para: 01) Saber con cuánta mano de obra nativa contaba la administración virreinal; 02) Cuántos indígenas debían pagar tributos a la corona española de conformidad con el procedimiento ordenado por el Virrey Toledo bajo el título de “Glosas a la Instrucción General a los Visitadores para Determinar las Tasas”; y, 03) Para los fines convertir a los indígenas paganos a la religión cristiana.

[2] ESPINOZA SORIANO, Waldemar. COLONIAS DE MITMAS MULTIPLES EN ABANCAY SIGLOS XV Y XVI, Revista del Museo Nacional, Tomo XXXIX. Lima. 1973.

[3] El sincretismo religioso es un proceso, generalmente espontáneo, consecuencia de los intercambios culturales acaecidos entre los diversos pueblos.

[4] La aculturación se considera muchas veces como la pérdida de los rasgos culturales propios por parte del grupo dominado y la adopción de los rasgos culturales del dominador, una suerte de amnesia de lo propio, para adoptar lo ajeno. En términos negativos significa la pérdida de la identidad originaria para volverse otro, es una enajenación.