lunes, 26 de febrero de 2018

EL CARNAVAL ABANQUINO (7)


EL CARNAVAL ABANQUINO EN EL “DOCUMENTAL DEL PERU”

Pedro Felipe Cortázar Chueca

Por la década de los años 70’, en Lima, se publicó una colección de 25 libros populares sobre la geografía, folklore, historia, economía, personajes, cultura, plagados de interesantes fotografías de todos los departamentos del Perú, que su Director, el escritor y periodista Pedro Felipe Cortázar Chueca tituló “DOCUMENTAL DEL PERÚ”, donde se esforzó por comprender, divulgar y hermanar a nuestro país pluriétnico y pluricultural.  Del Volumen 3 de este importante DOCUMENTAL DEL PERÚ – DEPARTAMENTO DE APURIMAC,[1] publicado en el mes de febrero del año 1976, extraemos estas líneas para conocer un poco del carnaval abanquino y apurimeño de los aquellos años, leamos:

UN PUEBLO QUE DANZA

En el incomprensible “papel arrugado” de su tierra, el hombre apurimeño nativo, enclaustrado por cumbres y abismos, dominado por los verdes campos de sus valles profundos y los azules intensos de sus cielos, danza.

Danza, con loca alegría, en centenares de policromas fiestas. En lugar de vivir agazapado en su honda miseria de siglos, se desfoga psíquicamente en la expresión más humana: la danza.

Entre polvos y cascabeles, entre monteras de luces y máscaras pintarrajeadas, las muchedumbres se trenzan en interminables danzas, incansables, de horas, de días, de noches…. hasta caer exhaustas.

Sus cantos, sus danzas, en medio de su alegría, no son más que lamentos de las tristezas de la vida cotidiana.

Su elemental lenguaje poético o sus anacrónicas contorsiones de figuras del siglo XVI o XVII, nos hablan con sus tristes melodías, o con sus aires monótonos y melancólicos o con su estallido de alegría de charangas, del hambre, de la soledad, y de la inaudita miseria.

El cura de la colonia se "hizo de la vista gorda" o fomentó y asimiló ese estado de ánimo para incorporado a las fiestas religiosas católicas y así los indios celebraban la cosecha o la siembra de la Pachamama milenaria, con el mismo calendario del Corpus o de la Natividad o de la Virgen de Cocharcas. y así han continuado haciéndolo desde aquella lejana época sin que casi nada varíe con el paso de los siglos, porque Apurímac -ya lo hemos dicho- es como un cofre hecho por costumbres y abismos, en el que se ha detenido el tiempo.

El "Carnaval Abanquino” es la fiesta folklórica nacional más conocida entre la gran masa popular de nuestro país. Y es quizá el resumen de todas las danzas y cánticos de la región.

El Carnaval dura de cuatro a ocho días. En Abancay, los miércoles de Ceniza las comparsas se dirigen a Tamburco, donde realizan la despedida con nuevos bailes y algarabía.

Desde allí se despiden hasta el nuevo año regresando a sus respectivos pueblos, con los caminos regados de borrachos, ahítos y embadurnados….unidos dentro de su gran unidad inhóspita andina, en su solitaria "isla terrestre".

Según la descripción de Mildred Merino de Zela, "La música del famoso carnaval Abanquino, triunfal y contagiosa, es común a todos los grupos y clases sociales. Con ella bailan la señora mestiza y los campesinos indígenas, entre guitarras, quenas, tinyas y cascabeles".

"Durante el Carnaval se baila la música propia de la fiesta, en grupos que recorren interminablemente las calles con el vestido "de centro" usual, jugando con mozos, como el "Segollo" -desafío con látigos- el "Paki" -lucha con el puño cerrado golpeado contra el antebrazo etc. diversas manifestaciones de la euforia unas con regocijo y alegría y otras con fiero empaque (Abancay)".


DESCRIPCIÓN DEL FOLKLORE APURIMEÑO DE LA DRA. ETHEL MILDRED MERINO DE ZELA.


            En esta parte del trabajo he querido añadir la descripción del folklore abanquino, apurimeño y nacional que hizo la doctora Ethel Mildred Merino de Zela,[2] para que entendamos los orígenes de nuestras actuales manifestaciones de música  y danza popular, y así podamos hacernos una mejor idea de dónde vienen nuestros carnavales, leamos:

"La música del famoso carnaval abanquino, triunfal y contagiosa, es común a todos los grupos y clases sociales. Con ella bailan la señora mestiza y los campesinos indígenas, entre guitarras, quenas, tinyas y cascabeles."

Durante el carnaval se baila la música propia de la fiesta, en grupos que recorren interminablemente las calles con el vestido de centro usual, jugando al secollo -desafío con látigos-, al pakí -lucha con el puño cerrado golpeando contra el antebrazo- etc."

En la espectacular "danza de los negritos" de Navidad se lucen lujosos vestuarios, con malabares de zapateos, acompañados por el canto de las mujeres (huaylías o huaylillas).

Pero en todos los bailes el ethos andino ha conservado y acumulado transformándolas y asimilándolas, amalgamándolas con sudor y vida, las creaciones más remotas de la cultura antigua india, con las procedentes del mundo occidental, desde el siglo XVI hasta nuestros días.

Es el proceso de indianización de lo europeo, es la corrida de toros convertida en yawar fiesta (fiesta de sangre). Es el minué, la gallarda, la pavana, la alemana, la zarabanda, la gavota, el rigodón, el pasapié, el pasacalle, etc., todas estas formas de la danza que practicaban en los salones rococó los emperifollados reyes, príncipes y aristócratas europeos, convertidas ahora en pantomimas satíricas, en parodias con monteras, medias de seda, chaquet y máscaras, jolgorio y chicha.

Y así han nacido y se conservan en Apurímac, en todos sus pueblos, cientos de danzas de raíz europea, cubiertas por una capa india de plumas y flores y flautas de caña, que les dan un colorido y una originalidad admirables.

Entre ellas caben destacarse la de los negritos, danza acrobática en la que, no obstante su nombre, no hay ningún negrito y si más bien personajes satíricos como la Vieja y el Viejo; la de las huaylias, usual en las fiestas de Navidad y Año Nuevo, con cuadrillas de mujeres vestidas de blanco que portan altos bastones adornados con cintas y sonajas, y que desfilan bajo arcos de pañuelos y flores de papel; la de las tijeras, conocida también como "gala", tradicional también en Huancavelica y Ayacucho.

Generalmente la danza es efectuada por una pareja de varones o dansaq, que bailan en contrapunto, realizando pruebas de destreza, no exentas de peligro.

La figura del dansaq fue inmortalizada en varias novelas del escritor apurimeño José María Arguedas y protagoniza su cuento "La agonía de Rasu Nití".







[1] CORTÁZAR CHUECA, Pedro Felipe. Documental del Perú - Departamento de Apurímac. Volumen 3. Lima. Febrero de 1976.
[2] Ethel Mildred Merino de Zela.- Nació en Lima, el 07 de octubre de 1922, Realizó sus estudios básicos en el Colegio Sophianum. Sus estudios superiores fueron la Escuela de Educación de la Universidad Católica, dirigida entonces por las Madres Canonesas de la Cruz, que le confirió el título profesional de “Normalista Urbana”.
      Cursó estudios de Etnología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su tesis de bachiller fue: “El Cerro San Cosme: formación de una barriada” donde estudió la primera invasión urbana del siglo XX en Lima. En 1965, en la misma UNMSM, se doctoró en Etnología, con la tesis: "El tipo. Cuentos de fórmula. Folklore del Perú".
En 1964 fue nombrada como Directora de la Escuela Nacional de Música y Danzas Folklóricas.
Incursionó también en el periodismo. En las páginas de El Comercio, difundió la enorme diversidad de nuestro folklore en artículos publicados en los años 60 y 70.
Su vida intel ectual la desarrolló al lado de ilustres figuras como Luis A. Valcárcel, Jorge Muelle, el francés Jean Vellard, César Ángeles Caballero, José María Arguedas, entre otros.
El 1° de marzo de 1974 participó en la fundación del CENTRO DE DOCUMENTACIÓN Y APOYO AL FOLKLORE - CENDAF junto a Alejandro Vivanco Guerra, Josafat Roel Pineda, Rosa Alarco Larrabure, Enrique Cuentas Ormachea, Agripina Castro de Aguilar, Julia Peralta Reyes, entre otros notables folkloristas, empeñados en investigar, recopilar, preservar y difundir la riqueza cultural inmaterial del Perú.
    Sus obras fueron: “El folklore como técnica Educativa” que se lo pueden bajar de file:///C:/Users/XXX/Downloads/folklorologia2.pdf, “Vida y obra de José María Arguedas”, en otras importantes publicaciones.
                Falleció el Lima el 05 de diciembre de 2005.

lunes, 19 de febrero de 2018

EL CARNAVAL ABANQUINO (6)

ABANCAY EN LA OBRA DE AURELIO MIRO QUESADA SOSA


Hacia 1938, el Dr. Aurelio Miro Quesada Sosa,[1] publicó el libro de sus viajes al interior del Perú, denominado “Costa, Sierra y Montaña”.[2] A través de sus páginas y por medio de una prosa transparente, fluida y elegante, su fino autor nos conduce por una larga travesía de paisajes, costumbres y sicología de los pueblos sumergidos en la vasta inmensidad del territorio peruano, y de las gentes que los habitan.

El relato de ésta peregrinación por el tiempo y los espacios de estas tierras, muy pronto se convirtió en un clásico de la bibliografía nacional. Y no solo eso, sino que ahora se ha convertido en un referente de la ecología nacional, así lo señala Martha Meier MQ en un artículo publicado en el diario El Comercio de Lima, el día 14  de mayo de 1997, leamos:

“TERRITORIO HECHO LIBRO

De su monumental producción intelectual, felizmente recopilada en su gran mayoría, es indudablemente "Costa, Sierra y Montaña", uno de sus libros más importantes en lo que se refiere al tema que nos ocupa cada semana: el ambiente y sus problemas, las riquezas naturales y culturales, la ecología.

La voluminosa publicación es el feliz resultado de sus incontables viajes a los más recónditos rincones de nuestro país, a lomo de mula, por tren, barco, avión o automóvil.

"Costa, Sierra y Montaña" fue originalmente editado en 1938, y dada su demanda ha sido reeditado en diversas oportunidades. Un libro ameno y, al mismo tiempo, erudito. Leer y releer esas páginas es viajar de la mano de un hombre cultísimo que describe paisajes y recuerda pasajes históricos y leyendas, es mirar a través de los ojos de quien busca respuestas en cada gesto de la diversidad de razas que puebla nuestro territorio, en cada resto arquitectónico, en cada rastro de pasadas culturas.”

En esa exquisita obra nos brindó con amplia y generosa maestría sus impresiones del paisaje, la dulzura y picardía de la letra de sus canciones y sobre todo acerca de la alegría de los abanquinos por el tiempo de los carnavales de finales de los años 30’ del siglo pasado, a través de estas cálidas y evocadoras palabras:


“En busca del paisaje más amable discurro luego por las rutas del campo. Dejando las calles empedradas, voy hacia las huertas protegidas por pircas, o los pastizales en que pace el ganado. Algunas veces me cruzo con autos vocingleros o con arrogantes caballos de paso. Otras veces son indígenas, que bajo la sombra de los sauces y los "patis" oscuros, se detienen para gustar, entre un denso perfume de eucaliptos, la triple frescura del maíz: hervido en el mote, molido en la mazamorra y tostado y sonoro en la "cancha". Por otro lado, magueyes de altas varas, cañaverales de lindo color verde o dorado, molles, tunas, naranjos, cultivos de panllevar, cafetales. Más lejos, chiquillas que lavan ropa en las acequias o en el rio, o que se bañan con gracioso impudor, totalmente desnudas. Así quedarán más frescas, para volver luego a la ciudad con el vaivén alegre de sus cuerpos trigueños.

No podrán, sin embargo, usar sus antiguos vestidos pintorescos, porque la indumentaria en la actualidad es muy sencilla. Los hombres calzan "ojotas" o sandalias, hechas ahora con trozos de llantas de automóvil, y visten, por lo común, pantalón y chaqueta de tela ligera; seguramente, entre otras razones, por el clima, ya que en un valle cálido como este el poncho resulta muy pesado. Las mujeres conservan más rezagos del traje antiguo, pero con elementos propios. Veo manteletas o llicllas, distintas en todo de las del Cuzco y semejantes a las de Ayacucho; aunque todavía más estrechas y cortas, según se me dice para lucir la fina cintura, en cuya delgadez se cifra tanto orgullo. El vestido, por lo demás, lo componen una falda amplia y ceñida a la cintura y una blusa con adornos y encajes que hacen recordar algo a la moda de comienzos del siglo XX. Por lo general, se cubren con un sombrero de paja de ala ancha, que vela con una sombra suave la expresión blanda y sosegada del apacible rostro de las indígenas de aquí.

Algunos de estos rostros han despertado los elogios y han puesto su gracia en las canciones en que es tan pródigo el repertorio musical de Apurímac. Como en todas las zonas del Perú donde la fusión racial es acentuada, aquí también la afición por los cantos es intensa y no se detiene en las capas populares sino llega a impregnar los más diversos elementos sociales. Casi no hay en Abancay quien no sepa tocar algún instrumento o no conserve en la memoria alguna letra de arraigo local. Palabras sencillas, sin preocupaciones literarias, que se acompañan con los varios instrumentos de cuerda: guitarras, bandurrias o "charangos", o que en los días de carnaval entonan las "pandillas" al son de las quenas y las "tinyas". Expresadas en castellano o en el mestizado quechua de Apurímac, hablan de ríos y de cerros, de vuelos de aves o de lluvias tenaces.


A veces los celos se insinúan, o el amante se inquieta porque ha visto pasar un forastero que ─como en el "huayno" conocido─ llega sonando sus "ojotas" o mascando su Coca:

cocachampas achum achum,
usutachampas challan, challan.

Otras veces, en cambio, la vibración sentimental se cambia por una alegre nota irónica:

Atatau, atatau
casado vidacca,
tetehuan, cobrehuan
hallin remachascca.

Añañau, añañau
soltero vidary,
ccorehuan ccolccehuan
sumacc casquillasca.

Lo que traducido más o menos libremente viene a decir:

Qué fea, qué fea
la vida del casado,
bien remachado
con plomo y con cobre.

Qué linda, qué linda
la vida del soltero,
hermosa y adornada
con oro y con plata.

Es tan solo una burla del momento, porque más impresiona a los espíritus la letra del "huayno" emocionado que habla de un dolorido corazón que siente las angustias de un amor sin fortuna:

Al cielo pido la muerte,
pero no llega.
Quiero ese sueño
sin despertar, para olvidarte.



Guardo todavía en el oído algunos ecos de estos cantos, cuando se me lleva a presenciar el espectáculo de la puesta del Sol desde la gruesa torre, con sonora campana, que se eleva en la hacienda Patibamba. Por la firme escalera de cal y canto subo a la parte alta. Allí veo los juegos de rojos y naranjas, las nubes que cambian su vivo tono blanco por velos transparentes, cada vez más lejanos y más pálidos: violetas, verdes, azules, rosas, perla. Lentamente, va cayendo la noche. Por los caminos de la hacienda, cercados por "pircas" y bardales, avanzan, entre nubes de polvo, las ovejas, o resuena el trote agitado de las mulas que vienen a gozar, desde quién sabe qué campos cercanos, del sabroso reparo de la "inverna".





[1] Nacido en Lima el 15 de Mayo de 1907 y muerto en la misma ciudad el día 26 de Septiembre de 1998. Fue periodista, investigador, literato, viajero y maestro universitario. Vivió estrechamente vinculado a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, desde su ingreso como estudiante, después profesor, luego Decano de la Facultad de Letras y Rector entre 1962 a 1967. El Inca Garcilaso de la Vega es el tema símbolo de toda su obra, dentro de la cual ha revelado importantes hallazgos sobre la base de los cuales ha aportado interpretaciones definitivas.
Es padre de una amplia producción de artículos, conferencias, opúsculos y otros escritos. Dirigió el Diario “El Comercio” desde 1980 hasta 1998. Fue Director de la Academia Peruana de la Lengua, Presidente de la Academia Nacional de Historia y Presidente  de la Sociedad Geográfica de Lima.
Los estudiosos de la obra de Aurelio Miró Quesada Sosa, señalan que fue un pulcro escritor y cuidadoso investigador que legó a la humanidad, entre otros  libros como “Costa, sierra y selva”, sobre esta obra el crítico Estuardo Núñez señala que el agradable ritmo y la sugerente sencillez de la obra nos conducen, salvando la topografía, hacia un conjunto integral de bellezas de curiosidades y de impresiones sociológicas y psicológicas de las diferentes regiones que recorrió.
[2] MIRO QUESADA SOSA,  Aurelio. COSTA, SIERRA Y MONTAÑA. Segunda Edición aumentada. Editorial Cultura Antártida. Lima. 1947. Págs. 302-305.


lunes, 12 de febrero de 2018

EL CARNAVAL ABANQUINO (5)

LA FIESTA DE LOS CARNAVALES EN ABANCAY






En esta tierra de haciendas coloniales (Patibamba, Illanya, Pachachaca, San Gabriel y Santo Tomás) esta fiesta se celebraba con gran derroche de pompa, júbilo y dinero. Primero en las casas-hacienda y dentro de los cerrados círculos sociales de los hacendados y sus invitados, donde se reunían al más purísimo estilo aristocrático limeño. No en vano Abancay, desde los tiempos de la colonia, ha sido conocido con el mote de “Lima chico”.

De esos centros de poder social, cultural y económico, a su modo, el carnaval se extendió a los centros poblados, que durante la colonia se les conocía como “pueblos de indios” y que con el paso de los siglos llegaron a constituirse en las principales ciudades apurimeñas: Abancay, Andahuaylas, Chalhuanca, etc., pero especialmente al campo donde cobró un singular colorido.

Una emulación de esas refinadas fiestas, aun se reproducían en los años 60’ y 70’ en el Club “Unión” de la Plaza de Armas de Abancay, con  disfraces, máscaras, serpentina, pica-pica, mixtura, chisguetes de éter, grandes orquestas y otras alegrías que la ocasión permitía.

Ese carnaval está prácticamente extinguido en la actualidad. Pero aquel que de las haciendas salió al campo, retornó a la ciudad convertido en una masiva, socarrona y alegre expresión cultural, motivo de orgullo regional, y que en la ciudad de Abancay se ha convertido en su principal atracción cultural y turística, de tal importancia que por sus propios méritos ha sido declarado Patrimonio Cultural de la Nación por el Ministerio de Cultura.

El carnaval abanquino que conocemos, tiene su origen en la campiña que rodea a la ciudad. Probablemente haya evolucionado a partir del ancestral “Pukllay” andino, pero asumiendo algunos detalles de las fiestas que se celebraban en las casas hacienda. No es difícil considerar que a estos orígenes se sumó el hecho de que las tierras agrarias de los valles de Abancay y Pachachaca fueron rápidamente convertidas en haciendas cañaveleras por los primeros españoles, donde además de los panes de azúcar se producía la chicha de caña que nosotros llamamos cambray pero que en otras latitudes se le conoce como Guarapo; y, donde se movía tanta cantidad de esta bebida espirituosa, era lógico  que reinara un ambiente alegre y festivo, y gracias a ello, se diera el motivo y humor para el mantenimiento o surgimiento de este tipo de fiestas y otras tantas diversiones populares, que aún persisten como el “cutipa” segundo cultivo del maíz; el “ccacu” en la fiesta de San Juan; la marca del ganado en la Fiesta de San Marcos; las carreras de caballos en la fiesta de Santiago Apóstol, etc.



No está lejos de la verdad señalar, que las fiestas carnavalescas que hoy prosperan en Abancay, han ganado su arraigo popular dentro de las principales ciudades apurimeñas durante los años 70’, década que coincide con la liquidación de las haciendas por el Proceso de Reforma Agraria, y con ello el final de una ideología elitista que permaneció y dominó el valle por más de cuatro siglos.

Desde el año 1936, la planificación, programación y desarrollo está a cargo de la Municipalidad Provincial de Abancay, y básicamente están referidas a las siguientes actividades:

-        Lanzamiento del Carnaval Abanquino, para fines de propaganda nacional e internacional con el objeto de invitar a los viajeros y turistas.

-    La Fiesta de los Compadres, en la medida que hemos señalado en la entrada Nº 3 de este trabajo.

-        La Fiesta de las Comadres, ídem.

-        La elección de la Reina del Carnaval Abanquino.

-  La entrada del Ño Carnavalón, con desfile de comparsas abanquinas. Podemos considerar que este es el centro de la fiesta.

-  El concurso de Comparsas abanquinas.

-        El concurso de Comparsas Infantiles.

-        El concurso de Timpus o Pucheros.

-        Concurso del Carnaval Campesino.

-        Entierro del Ño Carnavalón.

Todas estas actividades se desarrollan en los días señalados dentro de la programación establecida por la Municipalidad Provincial de Abancay.



De aquellos pasados tiempos, falta rescatar la fiesta de gala de disfraces con gran derroche de pica-pica, mixtura, talco y serpentinas y buena música a cargo de una orquesta de fama nacional.

La actividad principal y masiva de estas fiestas son las comparsas, que en otros tiempos se solían llamar "pandillas", tal y como aparece en la obra de Aurelio Miro Quesada Sosa, Guillermo Viladegut Ferrufino y otras publicaciones de época. 

         En buen castellano una comparsa es un grupo de personas que ataviadas de forma similar, que con intención jocosa o sarcástica, participan en una fiesta popular, como es el caso de los carnavales abanquinos, donde la población sale a las calles a interpretar su música, sus bailes y jugar con chisguetes de espuma y agua.

En el carnaval abanquino las comparsas tienen tres componentes bien diferenciados y muy especializados, aunque todos usen el traje típico de los abanquinos y las abanquinas:

  1. El conjunto musical con guitarras, mandolinas, charangos, quenas, tinyas, bordón y cascabeles que aporta la música y las letras de los “carnavales” que son unas canciones muy alegres y bailables con letras que hacen sátira mordaz a las instituciones, las personas, las personalidades o a los acontecimientos especiales como enamorarse, casarse, tener los hijos, en fin: la vida misma. Las más de las veces los músicos también cantan.
  1. Los cantantes, un grupo de hombres y mujeres, que dentro de la comparsa reciben el nombre de “las voces”. Pero en el desfile de comparsas todos cantan por toda la vía pública para que los escuchen.
  1. El cuerpo de baile que desarrolla las coreografías preparadas por la comparsa, pero que cuando se da la ocasión hacen el coro a “las voces”.



En sus últimas versiones, los desfiles de las comparsas abanquinas han puesto en escena a más de 2,000 personas, de las cuales la gran mayoría han estado formadas por los empleados de las instituciones públicas y privadas, entidades financieras, instituciones de educación superior, entre otras; y, la otra parte fue formada por las abaceras de los mercados locales y por las delegaciones de algunos barrios populares o de la campiña abanquina.

No podemos olvidar que en este desfile de comparsas también están presentes los abanquinos, que de otras partes del Perú y el mundo, llegan exclusivamente para festejar sus carnavales, sin faltar algunos turistas que año a año van incrementándose, porque esta fiesta: “vale la pena vivirla desde el centro de su alegría”, como alguna vez me dijo una gringa que no se resignó a ser una simple espectadora, y bien vestida a la abanquina se metió  de lleno en la fiesta.









lunes, 5 de febrero de 2018

EL CARNAVAL ABANQUINO (4)


EL PUKLLAY
  


Aquí en los andes, el carnaval llegado de Europa, encontró su contraparte en el Pukllay (del quechua: juego, competencia deportiva, jugar o divertirse jugando), que aún es una tradición andina muy extendida entre los antiguos peruanos. En la actualidad es también la fiesta de algunas poblaciones de origen quechua de la Argentina, Bolivia y Ecuador. 

         Es muy probable que antes de la llegada de los españoles, en los pueblos de la provincia de Abancay también se haya disfrutado del Pukllay, pero el establecimiento de las haciendas y su intensa demanda del trabajo de los nativos, así como el fuerte adoctrinamiento que se hacía dentro de estos establecimientos para perpetuar la servidumbre, han debido mermar significativamente estas  las antiguas costumbres, que si subsistieron en las comunidades donde los indígenas gozan de cierta libertad.    

En tiempos precolombinos el Pukllay se festejaba al final de las lluvias y por el tiempo de las cosechas (marzo - abril). En época colonial esta fiesta se conectó con el carnaval europeo, asumiendo su calendario, pero sin dejar de ser un juego donde participa toda la comunidad.

Esta fiesta andina pervive en las provincias de Andahuaylas y Chincheros, probablemente porque su origen chanka está muy vinculado a los departamentos de Huancavelica y Ayacucho, y por haber mantenido durante la colonia esta conexión como parte de la Intendencia de Huamanga. Pero en la actualidad la fiesta central del Pukllay andahuaylino es una competencia de variadas danzas donde participan delegaciones llegadas de distintas partes del territorio apurimeño, del país y de Sudamérica, donde se reúnen muchos conjuntos musicales y miles de bailarines dispuestos a ganar los mejores premios.


           El Pukllay o carnaval andino de las parcialidades del distrito de Cabana de la provincia de Lucanas de la región Ayacucho, es una fiesta que dura tres días con juegos y ceremonias rituales, con el principal objeto de rendir homenaje a la naturaleza a través del arte, y donde los jóvenes varones y mujeres de los barrios de arriba y de abajo, se retan a los juegos del amor. ¡Es el tiempo para conseguir pareja!

En cambio en el distrito de Chipao de la misma provincia, el Pukllay es una danza costumbrista, que se celebra con un concurso dentro del programa local de las fiestas del carnaval.


       El Qarmenqa es una de las fiestas más tradicionales de la Comunidad Campesina de Qatun poqoy del distrito y provincia  de Churcampa del departamento de Huancavelica, que se celebra durante los meses de febrero y marzo de todos los años en la  época de los carnavales. Esta tradición se inicia en la fiesta de los compadres y comadres,  continua el lunes carnaval y termina el miércoles de ceniza en honor a la Cruz de Atoqassa. Se podría decir que se celebra en cuatro etapas, a saber:

 “Allichacuy: Es la bienvenida que se le da a todos los pobladores e invitados, cada uno con sus ofrendas pomposas para adorar a la imagen de la cruz.

Cheqollo: Es un encuentro de reto de uno a uno utilizando su arma que es el chicotillo (echo artesanalmente) que consiste en reventar las pantorrillas en señal de que la sangre derramada es el agradecimiento a la madre tierra.

Pukllay: Es un juego de parejas que utilizando elementos como la pepa del pantipapa se tiran para medir la fuerza entre ellos, después de los juegos utilizan la ortiga para poder jugar con su pareja hasta caer al suelo, culminado con el juego de barro.


Dentro de este Pukllay se cantan estas letras:

I
Huarmacha cachakusqaymi manaña kutimunchu(Bis)
botellatachu qollqechatachu imatach wischurqamun(Bis)

III
Añas kankachatam apachimurqaykiqarmenqero (Bis)
munaspa mana munaspa mikukunaykipa qarmenqero (Bis)

III
Ama tuta purinkichu quisquichay (Bis)
Mala horawantaq tupa imawaq tinku imawaq quisquichay (Bis)

IV
Chikchichay parachay imallapiraq parasun(Bis)
cheqollopichuch parasun huaracapichuch parasun (Bis)

V
Kasquykim sepultura chukchaykim chawarwasca. Chunkullay (Bis)
apuray alistakuy ankuykillikinaypaq.Chunkullay (Bis)

VI
Chikutillichay huaracay (Bis)
kayna kaynatam toqllaykuyanki(Bis)

Mana allinta toqllaptiki(Bis)
kayna kaynatam saruparusqayki (Bis)

VII
Pantipapa balachayki nogalmuruarmachayki maqtachatam nanasqa makichayki(Bis) 
maqtachatam nanasqa makichayki(Bis)

VIII
Cheqollopichum ninkihuaracapichum ninki (Bis)
cheqollopi niptikiñoqaqa qollasqaykim huaracapiniptikiñoqaqa qollasqayki(Bis)

IX
Churcampalla plazapiclavelchay (Bis)
qué bonita flor eres clavelchay (Bis)

X
Yanucamuynisqaqa clavelchay (Bis)
que flojera tenías Clavelchay (Bis)

Despedida: Lo realizan cantando y bailando conmemorando el regreso hasta el próximo año.”


Como tenemos dicho, dentro de la celebración de la fiesta mayor del Qarmenqa se celebra al Pukllay, que es un juego donde las parejas se arrojan pepas del nogal, tunas, aylumpo, y pantipapa para medir sus fuerzas. Acabado los proyectiles se azotan en las piernas y los pies con ortigas con el propósito de hacer caer a la pareja al suelo. Finalmente el Pukllay termina en una lucha de todos contra con abundante agua y con el barro de los charcos que creo el agua de las lluvias y del juego.
  
En Tarabuco, capital de la provincia Yamparáez del departamento de Chuquisaca – Bolivia, sus pobladores celebran el festival del Pukllay en marzo de cada año. Los miembros de la comunidad indígena local se reúnen para la misa, desfilan con sus coloridos trajes tradicionales y bailan y beben mucha chicha en conmemoración a la batalla de Jumbate (12 de marzo de 1816), cuando los valientes tarabuqueños a la cabeza de los caudillos Carrillo, Calisaya y Miranda, con sencillas y rústicas armas vencieron al ejército realista.


En La Rioja – Argentina, el Pukllay es una fiesta que se celebra durante tres días y que termina con la quema de un muñeco de aspecto humano de tamaño natural, vestido en forma descuidada con ropa vieja y andrajosa, al que le pintan los rasgos faciales y le colocan un sombrero. Este monigote representa a Pujllay, el espíritu festivo y poseedor de una energía desbordante, que nace, vive y muere por los días de carnaval. Disfrutemos la hermosa leyenda de Chaya y Pujllay, que dio origen a esta fiesta:

“Esta es la  historia de una hermosa jovencita llamada Chaya que se enamoró del joven príncipe del ayllu llamado Pujllay. Pero este era un mujeriego y ella, al no ser correspondida, decidió huir a llorar sus penas a las montañas, donde llegó tan alto que se convirtió en una nube. Desde entonces sólo retorna, a mediados del verano de la mano de la diosa Luna (Quilla) en forma de rocío y lluvia. Dicen que Pujllay sintió remordimiento del destino de Chaya y partió a buscarla sin éxito. Después se enteró de que volvería en febrero y partió de nuevo a buscarla, pero no la encontró.

Así que regresó donde la gente festejaba la fiesta de la cosecha y miraban la pena del siempre divertido y mujeriego Pukllay con muecas de risa. Pujllay derrotado por no lograr dar con el paradero de Chaya, ahogó sus penas en abundante chicha hasta encontrar la muerte. Así quedaron para la posteridad el significado de sus nombres: Chaya, que en quechua significa “agua de rocío”, y Pujllay, que se refiere a “jugar, alegrarse”.


            Y así podemos seguir colectando una serie de noticias sobre la celebración del Pukllay o Pujllay en los países que alguna vez formaron parte del Tahuantinsuyo incaico.

En todos estos pueblos la finalidad del Pukllay o Pujllay no ha variado mucho, sigue siendo el tiempo feliz donde las comunidades andinas cantan, bailan y juegan celebrando la renovación de la vida y la abundancia traída por la época de las lluvias, y donde los solteros de ambos sexos muestran su fuerza o su coquetería para atraer a la pareja, al compañer@ de toda la vida.









Nota importante.- Las fotografías de esta entrada son del Internet. Mi agradecimiento a sus autores.