sábado, 12 de agosto de 2017

PUENTE COLONIAL SOBRE EL RIO PACHACHACA (IX)

VIAJEROS, CIENTÍFICOS, GOBERNANTES, MISIONEROS Y AVENTUREROS QUE PASARON POR EL PUENTE SOBRE EL RÍO ABANCAY (PACHACHACA)

En 1958, el profesor del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad del Litoral, Argentina, Boleslao Lewin,[1] publicó un documento inédito intitulado “Descripción del Virreinato del Perú. Crónica inédita de comienzos del siglo XVII” atribuido a un desconocido portugués avecinado en Lima, los primeros quince años del siglo XVII. A su paso por Abancay este anónimo autor nos hace una descripción del puente sobre el río  Pachachaca, de los cañaverales de su valle, y por primera vez aparece en la historiografía peruana la descripción del nevado Ampay, veamos:

“Siguiendo el camino y siempre subiendo y bajando cuestas y por algunas quebradas se llega al tambo de Cochacajas, que de aquí se bajan dos leguas de una áspera cuesta y se coge por aquí trigo y maíz, y luego se va al río de Abancay y se pasa por un buen puente de piedra y se entra por el valle de Abancay donde hay infinidad de cañaverales de azúcar y otras muchas cosas, y se llega al tambo questá veinte y cuatro leguas de la ciudad del Cuzco. Junto deste nombrado valle está una montaña altísima, cubierta de nieve, donde se dice hay ricas minas de plata y no se labra [n]. Daquí seva a vista de altos montes y profundos valles y se llega al tambo y lugar de indios de Curaguasi, luego se baja al soberbio río de la provincia, ques el río que con mayor fuerza corre en el Perú.”

El clérigo franciscano EUGENIO LANUZA Y SOTELO que en 1736 acompañó en un viaje entre Bogotá, Lima y Cusco, a Alonso López de Casas, para entonces nominado Comisionado General de las provincias del Perú, convirtiéndose en un gran observador de los lugares por donde lo llevaron sus viajes que lo animó a escribir una crónica con el título “Viaje ilustrado a los reinos del Perú”.[2] A su paso entre Huancarama y Abancay, nos dice:

 “En fin, salimos con felicidad de todo y, habiendo comido en la mediación, seguimos a tener la noche en el pueblo de Huancarama. Aquí descansamos. Y el día 4 proseguimos y, descansando un rato en donde estaba dispuesta la comida, pasamos a tener la noche al trapiche de un devoto tercero, cuyo sitio llaman Caruacorua; aquí nos regaló este secular y tuvimos una buena dormida. Y el día 5 salimos; y después de haber bajado cuestas bien penosas y arriesgadas, llegamos al puente de Pachachaca, que es un hermoso arco de piedra, de qué forma todo el puente. /Fol. 103 Aquí comimos con sobrada inquietud por el numeroso tropel de mosquitos que pegó con nosotros, pero, habiendo acabado de comer, marchamos para Amancae, pueblo muy bonico al que llegamos con salud, y fuimos a parar a la casa del corregidor, que es muy capaz y de buenas viviendas. Descansamos el resto del día y la noche; y habiendo tomado mulas de refresco, salimos el día 6 de mañana”.


El puente Pachachaca, fue descrito por ALONSO CARRIÓ DE LA VANDERA[3] “Concoloncorvo”, escritor, comerciante y comisionado hacia 1770 por el Gobierno español para la inspección de caminos, en su obra el “Lazarillo de los ciegos caminantes”[4] en su valor arquitectónico y en su estado de casi ruina, leamos:

Puente de Abancay, o Pachachaca con impropiedad

Este es el tercero de arquitectura que hay desde Chuquisaca, de un sólo arco, que estriba sobre dos peñas de la una y la otra banda, que dividen la provincia de Abancay de la de Andaguaylas. Este puente es de los primeros o acaso el primero que se fabricó a los principios de la conquista, para dar tránsito al Cuzco, y de esta ciudad a las demás provincias posteriores, por atravesarle un gran río que la dividía. El puente fue fabricado con todas las reglas del arte, como lo manifiesta actualmente. Se ha hecho más célebre, y lo será de perpetua memoria, por las dos célebres batallas que cerca de él ganaron los realistas, pero es   —344→   digno de admiración que un puente tan célebre se haya abandonado y casi puesto en estado de arruinarse, si se desprecia el remedio. El observantísimo don Luis de Lorenzana, actual gobernador de la provincia de Jauja, que hizo viaje a esta capital desde Buenos Aires, por el Tucumán y Potosí, presentó a este superior gobierno una relación o informe muy conciso, pero discreto y acertado en sus reparos. Algunos son irreparables, por falta de gente y de posibles. Los ridículos cercados, que llaman pilcas, para defensa de sus sembrados, son providencia para poco más de medio año en las tierras de poco migajón, o estériles y pedregosas, que no dan fruto anual. Los montones de piedra que vio este caballero en las heredades, son el mayor fruto de ellas, y se tiene por más conveniente amontonarlas y perder un corto terreno, que sacarlas al camino. La excavación que hicieron las aguas y el continuo trajín de caballerías de la banda de Pachachaca al gran puente, es digna de lamentarse, no solamente por la molesta y riesgo de su subida y bajada, sino porque se puede recelar que creciendo la excavación hasta el sitio adonde estriba el extremo del arco, se puede caer el puente con un gran terremoto, o imposibilitarse el ascenso o bajada a las mulas cargadas. Lo cierto es que al presente se transita con riesgo, y que es fácil el remedio a costa de la mucha piedra que hay cercana y pocas hanegas de   —345→   cal y arena para unirla bien, asegurar el puente y dar un tránsito correspondiente a su grandeza, que todo se puede hacer con un tenue gravamen de los provincianos y si fuere necesario, se impone algún derecho corto a los transeúntes, como sucede hasta en las reales calzadas que necesitan continuos reparos por el mucho trajín de coches, calesas, carromatos y galeras, cuyos bagajes fueron los más beneficiados y que hacen más destrozos.

Felizmente se contó con la buena voluntad y arduo trabajo del Subdelegado del Partido de Abancay de la Intendencia del Cusco, MANUEL ESPINAVETE LÓPEZ,[5] quien en su descripción de Abancay,[6] nos relata los esfuerzos que debieron hacerse en el año 1791, para reparar el puente Pachachaca, veamos:

“El puente de Pachachaca único que este rio tiene en la Jurisdicción de Abancay, esta como el de Apurimac en la carrera que va de esta capital al Cuzco, Paz, Potosí, y Buenos Ayres, es de cal y piedra labrada, de hermosa construcción, y uno de los mejores y más útiles del Reyno, tiene un solo ojo, y el largo de todo el terraplen ú obra de noventa a cien varas, esta distante del pueblo de Abancay Capital del partido dos leguas en una quebrada con las mismas incomodidades que la de Apurimac de la qual dista trece leguas: llegó a estar tan deteriorado que el Autor del Lazarillo se lamentaba el año de 1770 del más estado en que se hallaba, varios Corregidores dirigieron recursos al Superior Gobierno para que se librase el dinero necesario a efecto de asegurarlo y componerlo, y no habiendo conseguido, sin duda por no haber ramo destinado á estas erogaciones, llegó a ponerse en tal situación, que en el año 789 el agua que recogía el cerro a que está arrimado el Puente por la parte de Aymaraes, se entraba en él, y por el tronco de un árbol fofo llamado Pati, que había crecido en dicho Puente, se introducía y salía parte del Arco, y de los cimientos. Sus pasamanos estaban enteramente arruinados, y echadas al río las hermosas piedras labradas de que se formaron, su plan o piso enteramente destruido, y en tal constitución, que pisaban los transeúntes en las mismas piedras en que está formado el Arco; últimamente por el lado del pueblo de Abancay, habían dado un barreno al escarpe de piedra labrada formado para resguardo de la obra, o terraplen hecho desde el principio de la quebrada hasta el arranque del Arco, con el cual desencaxaron un gran trozo de piedras y argamasa del referido escarpe con que formaron un grande agugero, que todos los años se aumentaba con el continuo azote de las aguas, quando el Río por las lluvias recogía las muchas que llevaba por dicho tiempo todos los años.

Quando el Señor Gobernador Intendente primer Regente de la real Audiencia del Cuzco don Joseph Portilla, paso por el a tomar posesión de sus empleos, sin duda le mereció atención, el deterioro de aquella obra, pues poco tiempo después de haberme nombrado su Subdelegado en aquel partido, le puse un Oficio, sobre su mal estado, al que me contestó ordenándome le propusiese los medios que hallaba oportunos para asegurarlo. Con este motivo baxe al Cuzco, y habiéndome parecido justo que los Hacendados y Cañavereros del Partido de Andaguailas á quienes cotidianamente servía el Puente para el transporte de sus azúcares contribuyesen con lo que buenamente pudiesen para el efecto, pasado á este fin Oficio por el señor Intendente del Cuzco al de Huamanga se negaron reconvenidos por este a dar cosa alguna, cerrado este camino se arbitró interesar a los del Valle de Abancay, que dieron doscientos pesos con los quales, una hornada de cal que ofreció el dueño de la Hacienda de Pachachaca, con hacer pagar en cada carga de efectos de Castilla ocho reales por su pasage, quatro reales á las de tierra, y con embiar á trabajar algunos días á los ociosos y de mala vida, se logró asegurar, componer, y hermosear en siete meses de continuo trabajo, con veinte y cinco á treinta hombres diarios, aquel útil Puente, en cuya obra que corrió a mi cuidado se gastaron cerca de dos mil pesos, la cual concluida cesó enteramente toda contribución, de suerte que allí nada paga cosa alguna, sin embargo de que para iguales casos no sería malo tener algún repuesto de dinero que podría conseguirse con que cada carga de efectos de Europa pagase un real, medio los de tierra exceptuándose el maní, harina, trigo, y demás de primera necesidad cuyo derecho podría arrendarse, y depositado el dinero en caxas reales serviría semejantes urgencias, nose arruinaría el puente como ha sucedido con el Urubamba y Xauja, y en caso apretado, no solo los traficantes que pasasen en tiempo de la obra pagarían, sino todos los que antes u después de ella transitasen, con lo que sería común e igual la contribución.”

Este puente también fue descrito por JOSÉ MARÍA BLANCO[7] en 1834, capellán del presidente Luis José de Orbegoso y Moncada, de este modo:

 “Departamento del Cuzco.- Puente de Pachachaca

El puente de Pachachaca es el que divide los dos departamentos del Cuzco y de Ayacucho. Todo él está construido de cal y piedra sillar sobre dos peñas que enangostan allí el caudaloso rio llamado Pacha. Es hermoso y de la mejor arquitectura; tiene un solo arco volado que tendrá de elevación sobre el nivel del agua cincuenta varas. Tiene de ancho diez varas, y sesenta de largo, con pasamanos de vara y cuarta de elevación, sobre los cuales hay veintidós pilares chicos, a once por banda que lo adornan, terminando en forma de pirámides. El piso lo tiene empedrado, formando un lomo insensible en el medio, para que en el invierno no se empocen las aguas, y corran de un lado y otro a precipitarse al río por cuatro anchurosos canales que tiene el arco. En medio del puente, a un lado y otro de él, aparecen en el uno un zócalo que tiene una lápida, cuya inscripción se ha borrado por el tiempo, siendo sólo visibles los números, por lo que se sabe que fue construido el año 1564, ahora 273 años, y en el otro las armas del rey sobre las cuales hay un nicho que debió tener alguna imagen, En el día se ha caído un bastión de la muralla del puente, que corresponde al lado del Cuzco y probablemente se arruinará éste si se descuidan en componerlo, porque, filtrándose en el derrumbe el agua, será un reguero que conserve una continua humedad.

En este puente el hacendado de Auquibamba don Juan José Larrea, a quien de simple paisano lo hizo el ex-general Gamarra teniente coronel de ejército, formó, un parapeto de adobe para conspirar contra el orden, en el que trabajaron los indios de Huanipaca y Cachora, sin más sueldo que la comida que se les suministraba. Para esta fortificación hicieron ellos cuatro mil adobes, por la que hace de cargo el señor Larrea tres mil pesos, que no se sabe si los ha percibido.

A la banda del Cuzco está la gran hacienda llamada Pachachaca, que fue la de mucha nombradía de los padres jesuitas, y que en el día está casi arruinada.” 

LÉONCE MARIE ANGRAND,[8] a su paso por Abancay, el día 04 de setiembre de 1847, hizo un dibujo del puente Pachachaca. Su obra en el Perú fue editado por Milla Batres,[9] veamos:


Lamina 242.- “Puente del Rey, sobre el río Pachachaca, que confluye con el Apurímac unas 6 leguas más abajo”. Dibujo del cuatro se setiembre de 1847. 0,29 x 0,20.5 m.

Hacia 1849, en su relato acerca de su segundo viaje a Europa,[10] el ilustre puneño JUAN BUSTAMANTE,[11] pasando por Abancay, el valle, río y puente de Pachachaca, escribe lo siguiente:

“Salvado ya ese tan tremendo paso es preciso atravesar algunos cañaverales, entrando luego en una cuesta con cuatro leguas de descenso hasta llegar al pueblo de Abancay donde se ven otros muchos cañaverales é ingenios de un azúcar muy estimado por su consistencia y su blancura. Es pueblo bastante crecido; el vecindario muestra en su traje y en sus modales que goza de un bien estar general, y que no desconoce las leyes de la civilización, debida sin duda ninguna á varios de los principales señores argentinos allí avecindados, los, cuales vinieron brindándome con sus casas y su fina amistad. Su comercio de azúcares no está hoy tan en auge como hace algunos años por la baratura en que ha venido á caer ese artículo cuyo beneficio y cultivo cuesta sumas considerables, y no pocas víctimas entre los infelices jornaleros que concurren de diversos puntos buscando trabajo, y que vienen á ganar en el valle de Abancay unas tercianas mortíferas.

A esa misma calamidad estan sujetos, (y aun acomete con mas fuerza), los que trabajan en las haciendas inmediatas al río Pachachaca donde se ve un hermoso puente cuyo anchor se estiende unas nueve varas, y sin mas que un arco ú ojo de extraordinaria magnitud.

Ese es el puente donde confinan los departamentos del Cuzco y de Guamanga.”

            Sir CLEMENTS ROBERT MARKHAM,[12] en su obra “Cuzco and Lima”,[13] hacia 1852 describe las haciendas abanquinas, el río Pachachaca y el puente de piedras edificado sobre él,  así como hace una grata referencia de la hospitalidad abanquina del siguiente modo:

“Después de bajar por el valle de Abancay a través de varias y ricas haciendas azucareras, cada una con un grande y productivo huerto, llegamos al punto en que el gran río Pachachaca cruza por el centro del valle y divide los departamentos de Ayacucho y del Cuzco. Corre silenciosa pero rápidamente por el fondo de una profunda quebrada, para ir a aumentar con sus aguas al poderoso Amazonas. Sobre el río se ha tendido un hermoso puente de piedra de gran antigüedad, a considerable altura por encima de las aguas.

Luego de cruzar el Pachachaca llegamos a la ciudad de Abancay, después del obscurecer, y fuimos recibidos en la casa del hospitalario subprefecto, don Paulino Mendoza, sobrino del obispo del Cuzco”.

EPHRAIM GEORGE SQUIER,[14] que realizó estudios arqueológicos en el Perú, en su obra: “Un Viaje por Tierras Incaicas”,[15] a su paso por el río y puente de Pachachaca hacia 1864, no refiere la existencia de los restos del antiguo puente inca:

“Desde Abancay el camino desciende rápidamente, a través de haciendas azucareras, hasta el río Pachachaca, que cruzamos por un magnífico puente de piedra de un solo arco y que lleva la fecha de 1564. A su lado hay algunos restos de un puente colgante, probablemente de origen incaico.”

CHARLES WIENER,[16] en su obra “Perú y Bolivia”,[17] hacia 1875 describió el gran valle de Abancay y el poderoso puente sobre el río Pachachaca del siguiente modo, dejándonos además un bellísimo grabado:

“……De allí se ve extenderse a lo lejos el gran valle de Abancay y la pequeña ciudad que se eleva a ocho leguas de ese observatorio, en medio de vastos cultivos de caña de azúcar. La bajada es muy bella, en medio de una vegetación lujuriante. Se alcanza el fondo del valle atravesado por el Pachachaca. Los españoles construyeron sobre el río un soberbio puente de piedra de un solo arco pleno de audacia, el mismo que, apoyado sobre las rocas de ambas orillas une, gracias a su poderosa estructura, los territorios de Auquibamba y de Huarangal. Entramos a Abancay alrededor de las ocho de la noche, cruzando la finca de Patibamba, la cual constituye en cierta manera un suburbio de la ciudad. Esta es tan nueva, en cuanto capital, como Apurímac en cuanto departamento.”



            A su paso por Abancay, nuestro ilustre JOSÉ DE LA RIVA AGÜERO,[18] en hermosa obra “Paisajes Peruanos”[19] nos refiere acerca de este puente:

“En la mañana del 7 de Junio salí de Abancay. La niebla en la madrugada había cubierto el valle; y al alborear, la desgarró el sol en girones que aun colgaban desde las cimas hasta las medias laderas. Bajé por muy amenos campos a las haciendas de Letona; y me detuve breves minutos en una de ellas, Illanya. En el patio, las cañas cortadas, de pálido rubio, formaban un pavimento brillante.

De allí a poco, prosiguiendo el declive, aparece el río Pachachaca, en hondo cauce pedregoso, como un estrecho cíngulo cerúleo, entre cerros cercados por matorrales y peñascos. Incomparablemente menor en concavidad y raudal que el Apurímac, parece llano y apacible en comparación con éste. No debe serlo tanto, sin embargo, en otros lugares y en época de avenidas, para merecer su nombre que, más que puente de tierra, como sería su versión literal, quiere decir puente profundo o enterrado. Cuando la Conquista, y mucho después, los Españoles lo denominaron Río de Abancay (sin diferenciarlo del crecido torrente, su tributario, que atraviesa esta ciudad); y en las márgenes de su curso alto se dieron los dos combates en que fue batido el Mariscal Alonso de Alvarado, la primera vez en 1537 por Almagro el Viejo, y la segunda en 1554 por el pintoresco Francisco Hernández, a quien los cronistas apellidan por antonomasia el tirano, demagogo y supersticioso, siempre rodeado de agoreros, adivinas y saludadoras moriscas. Nuestro buen Pedro Peralta cantó por ello en su Lima Fundada:

El Amancay le brotará sangriento
                              Traidoras palmas………

El puente en que lo paso es colonial, de un solo arco de cal y piedra, construido en 1654 por orden del Virrey Conde de Salvatierra (el mismo que colocó la pila de bronce en la Plaza de Lima), para reemplazar el que mandó hacer el primer Marqués de Cañete. Muy cerca se ven los estribos de la antigua chaca colgante de mimbres, vestigio al parecer de la época incaica.”

Hiram Bingham rodeado de abanquinos en el puente Pachachaca

UN VÍDEO PARA TI:







[1]ANONIMO. Descripción del Virreinato del Perú: Crónica inédita del comienzos del siglo XVII”. Edición, prólogo y notas de Boleslao Lewin. Universidad Nacional del Litoral. Instituto de Investigaciones Históricas. 1958. Rosario-Argentina.
[2] LANUZA Y SOTELO, Eugenio. Viaje ilustrado a los reinos del Perú en el siglo XVIII.
[3] ALONSO CARRIÓ DE LA VANDERA (Gijón, 1715- Lima, 1783), también conocido como La Vandera, fue un alto funcionario, escritor, comerciante, viajero y cronista de indias español, que pasó la mayor parte de su vida en el Virreinato de Perú, donde fue durante varios años administrador del Correo Real. Concolorcorvo es el seudónimo que utilizó como autor del Lazarillo de Ciegos Caminantes haciendo parecer que el autor era su propio amanuense, Calixto Bustamante Carlos Inca.
[4]CARRIÓ DE LAVANDERA, Alonso: CONCOLONCORVO. El lazarillo de los ciegos caminantes. Desde Buenos Aires hasta Lima. Ediciones Argentinas Solar. Buenos Aires.
[5]Este personaje ha pasado a la historia de la emancipación del Perú por ser el Secretario en el Juicio que se le siguió a José Gabriel Condorcanqui – Túpac Amaru II. Así se lee del expediente de ese proceso: “Es copia de la Sentencia y pronunciamiento original que queda agregado a sus correspondientes autos, a que en lo necesario me remito, y para que en lo que ella tenga su efectivo cumplimiento yo Dn. Manuel Espinavete López escribano habilitado por dicho Señor M.Y.S. Visitador genl. Para practicar las diligencias  del rebelión intentado y executado por el vil traidor Jph Gabriel Tupac Amaro de mandatto de dicho señor doy la presente en la Ciudad del Cuzco a 15 de Mayo de 1781.─ Manuel Espinavete López”  
[6]ESPINAVETE LOPEZ, Manuel. Descripción de la Provincia de Abancay. Mercurio Peruano XII, Nº 595-601. Biblioteca Nacional del Perú. 1792. Lima. Pág. 114.  
[7] BLANCO, José María. DIARIO DEL VIAJE DEL PRESIDENTE ORBEGOSO AL SUR DEL PERÚ. Edición, Prólogo y Notas de Félix Denegri Luna. Pontificia Universidad Católica del Perú. Instituto Riva-Agüero. Lima, 1974. Tomo I.

BUSTAMANTE, Juan. Apuntes observaciones civiles, políticas y religiosas, con noticias adquiridas en este segundo Viaje a la Europa. París: Imp. de Lacampre Son. y Cia., 1849.
[8] LEONCE ANGRAND (1808 – 1886) Nacido y muerto en  París, pintor y dibujante francés, activo en el Perú. se desempeñó como vice-cónsul francés en Lima desde 1834 hasta 1838, pero antes había permanecido un tiempo en Inglaterra, Holanda y España, en Cádiz concretamente; posteriormente residió, con motivo de sus ascenso a Cónsul, en otros países americanos como Cuba, Bolivia y Guatemala, con un nuevo intervalo en Cádiz y una breve permanencia en Marruecos. Su espíritu romántico le inclina a documentar escenas de la calle, los personajes de la vida de las ciudades, grupos de edificios y monumentos arqueológicos y arquitectónicos. En su conjunto, sus imágenes dan testimonio de la vida cotidiana en el Perú de la década de 1830.
[9]ANGRAD, Leonce. IMAGEN DEL PERU EN EL SIGLO XIX. Editor Carlos Milla Batres. Lima. 1972
BLANCO, José María. DIARIO DEL VIAJE DEL PRESIDENTE ORBEGOSO AL SUR DEL PERÚ. Edición, Prólogo y Notas de Félix Denegri Luna. Pontificia Universidad Católica del Perú. Instituto Riva-Agüero. Lima, 1974. Tomo I.
[10] BUSTAMANTE, Juan. Apuntes observaciones civiles, políticas y religiosas, con noticias adquiridas en este segundo Viaje a la Europa. París: Imp. de Lacampre Son. y Cia., 1849.

[11] JUAN BUSTAMANTE DUEÑAS Nació el 24 de junio de 1808 en Vilque, provincia de Puno. A pesar de haber heredado una cuantiosa fortuna y haciendas no fue un gamonal abusivo. Viajó dos veces a Europa, fue diputado por Lampa, en su gestión defendió los derechos a los campesinos pobres. En 1867 fundó en Lima la “Sociedad amigos de los indios”.
Publicó los libros: Viaje al viejo mundo (1845), Viaje al antiguo mundo (1845), Apuntes y observaciones…en este segundo viaje a Europa (1849), Los indios del Perú (1867). sus contemporáneos llamaban “El viajero”, los campesinos que lo acompañaron en sus luchas reivindicativas lo llamaban  “El inca”, los gamonales y la oligarquía limeña “El loco Bustamante”.
[12] SIR CLEMENTS ROBERT MARKHAM KCB FRS (20 de julio 1830 – 30 de enero 1916) fue un explorador, escritor, y geógrafo inglés. Como presidente de la Real Sociedad Geográfica a fines del s. XIX, Markham instrumentó la financiación para la exploración británica de los polos. Sus esfuerzos hicieron de los británicos los primeros en alcanzar las regiones polares. Exploró las selvas del este de los Andes en Perú y se acredita el haber introducido el árbol cinchona (fuente de quinina) a la India y a otras colonias británicas, producto de este viaje es su obra Cuzco and Lima. En 1893 es elegido presidente de la Real Sociedad Geográfica y lo mantuvo por doce años.
[13]MARKHAM, Clements R. Cuzco and Lima. Rivera Martínez, Jorge Edgardo (Traductor). Editorial: Petróleos del Perú S.A. 2001. Lima.
[14]EPHRAIM GEORGE SQUIER nació en el pueblo de Bethlehem, Estado de Nueva York, el 17 de junio de 1821. Ejerció el periodismo en Nueva York, Connecticut y Ohio, en este Estado inició las exploraciones de ruinas indígenas que publicó en 1848 el Instituto Smithsonian. También en Nueva York realizó estudios arqueológicos que editó la Sociedad Histórica de Nueva York con el título de Monumentos aborígenes. Estaba casado en 1858 con Miriam Folline Florencia, en Nueva Orleans, pero cuatro años más tarde fue enviado a Perú por el Presidente Lincoln como Comisionado de los Estados Unidos. E.G. Squier murió en Brooklyn en 1888.
[15] SQUIER, F. George. Un viaje por tierras incaicas. Crónica de una Expedición Arqueológica /1863-1865), Buenos Aires. 1974. Págs. 300 y 3001.
[16] CHARLES WIENER MAHLER. Nació en Viena, capital del Imperio Austro-Húngaro, el 25 de Agosto de 1851, en el seno de una familia judía. En 872 siendo profesor universitario especializado en asuntos históricos, escribía una obrita titulada "Ensayo sobre las instituciones políticas, religiosas, económicas y sociales del Imperio de los Incas" que apareció en francés en 1874 que le dio mucha fama. En 1875 asistió a la Exposición Universal de París, era Profesor del liceo Condorcet y dada su especialidad, el Ministerio de Educación de Francia le comisionó para estudiar estos países andinos. Primero arribó al Brasil, en 1876 permaneció en Perú y Bolivia.
[17] WIENER , Charles- Perú y Bolivia.
[18] JOSE DE LA RIVA AGÜERO Y OSMA. Político, abogado e investigador peruano nacido en Lima en 1885 y fallecido en su ciudad natal en 1944.
Después de cursar estudios secundarios, entró en la Universidad Mayor de San Marcos (Lima), donde obtuvo el grado de licenciado en Filosofía y Letras en 1910. En 1912 consiguió doctorarse en Jurisprudencia. Tras ello, viajó a España, para participar, en 1914, en el Primer Congreso de Historia y Geografía Hispano Americano, con una ponencia sobre la geografía física de Perú. De vuelta a su país, comenzó una larga serie de viajes por todo Perú, reflejados en su obra monumental, publicada póstumamente: Paisajes peruanos (1955). En 1929 dio comienzo su andadura política, al ser uno de los miembros fundadores del Partido Nacional Demócrata. Con esta formación política ocupó los puestos de presidente del Consejo de Ministros (1930), Ministro de Justicia e Instrucción (1931) y alcalde de la ciudad de Lima (1931-1932).
No obstante, en 1933 decidió abandonar la carrera política para dedicarse de lleno a la investigación histórica y literaria. Se retiró a la Hacienda Pando, entre Magdalena y Callao, una de los más selectos parajes del entorno limeño, donde escribió la mayor parte de sus estudios históricos y literarios más conocidos, como El carácter de la literatura del Perú (1933), Historia del Perú (1934), El Perú histórico y artístico (1936) y Elogio del Inca Garcilaso (1939). José de la Riva Agüero y Osma no contrajo matrimonio y no tuvo descendencia directa, por lo que tras su muerte, en 1944, legó la Hacienda Pando a la iglesia católica peruana, que edificó sobre ella la Universidad Católica de Lima. ( De: http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=riva-aguero-jose-de-la)  
[19]DE LA RIVA AGÜERO, José. Paisajes peruanos.