viernes, 21 de octubre de 2016

SAYWITE: UN HITO EN EL ANDE (IV) ebook

Bueno, como les tengo ofrecido les presento en cuarta entrada mi ebook SAYWITE: UN HITO EN EL ANDE, solo espero que le ofrezcan vuestro interés, sin olvidar de poner un “ME GUSTA”, pero sobretodo  “COMPARTIR” y “COMENTAR”. Si de acuerdo al número de visitas no estoy llegando a ustedes,  me limitaré a eliminarlo.


7.- EL CULTO AL AGUA EN EL INCARIO.

Algunos de los que visitamos Saywite, hemos leído en alguna parte o, ya en el sitio, se nos ha dicho: “¡Es un lugar destinado al culto del agua!”, pero muchas veces no hemos sabido porqué, ni de qué se trata todo eso. A ver si lo que leamos más adelante, nos esclarece esta duda.

El mundo andino prehispánico, esencialmente agrario, además de haber desarrollado una ingeniería hidráulica (represas, andenes, acueductos, reservorios y sistemas de riego), llegó a establecer una relación entre el agua, lo espiritual y el paisaje, tal vez porque, desde siempre, nuestra temporada de lluvias es bastante corta y algo azarosa debido a la cíclica perturbación climática que produce la presencia del Fenómeno del Niño,[1] razón por la cual la relación de la población andina con el agua perteneció y pertenece todavía a un ámbito asociado a lo sagrado y por ello vinculado a una espiritualidad que forjó un culto al agua.

        Quizá debido a esto, un buen porcentaje de los adoratorios incas fueron destinados al culto de los manantiales y a las fuentes de agua (Tipón, Tambomachay, etc.), y no hubo adoratorio emblemático (Ollantaytambo, Machupicchu, Choquequirao, Saywite, etc.) que no tuviera sus fuentes rituales que encauzara estas aguas. Estas fuentes fueron construidas para beber o para hacer abluciones rituales (bañarse o lavar a los muertos y su ropa), sin dejar de mencionar que en las inmediaciones o islotes de las grandes lagunas "ccapaccochas" se erigieron santuarios para el culto a estas aguas contenidas, como el de Sondor en las inmediaciones de la laguna Pacucha en Andahuaylas.  

A manera de introducción a esta parte del trabajo, estimo necesarísimo transcribir el texto íntegro de las “GENERALIDADES SOBRE EL CULTO AL AGUA” que nos dejó Rebeca Carrión Cachot en su  obra: “El culto al agua en el antiguo Perú”,[2] para que tengamos una idea más cabal acerca de esta especial devoción al líquido elemento durante el incario, sin dejar de advertir que las fotos son nuestras. Leamos:

“GENERALIDADES SOBRE EL CULTO AL AGUA

Desde tiempos remotos, el aborigen del Perú rinde culto a las cumbres nevadas de la cordillera de los Andes, a las lagunas y manantiales, considerándolos como "pacarinas" o lugares sagrados, como sitios de origen de ciertos linajes, donde residían los dioses o seres míticos protectores de la vida.

Tratándose de un pueblo esencialmente agrícola como el de los incas, que poseía un territorio escaso de lluvias o desértico, constituyó una preocupación permanente la búsqueda del agua para el cultivo del suelo.

Ello mueve a las más audaces empresas humanas a la construcción de trabajos hidráulicos que perduran hasta el presente y aseguran la prosperidad y riqueza económica. El territorio fue explotado al máximo gracias al establecimiento de redes de acequias y canales, acueductos, reservorios, represas y otras obras de ingeniería.

Andenes precolombinos de Caraybamba en la provincia de Ayamaraes

Junto a estas inquietudes surgen concepciones religiosas propias y un arte de hondo contenido simbólico, que tipifican a la civilización peruana.

Dentro de las jerarquías divinas ocupan prominente lugar los dioses del agua, de las lluvias, de las tempestades; se divinizan los fenómenos naturales, y ciertos cuerpos celestes siderales como la luna y el sol que personifican fuerzas favorables de la producción de la tierra, surgen pléyades de seres míticos y agentes de los dioses, a los que secundan en sus funciones benefactoras para con la humanidad. Se les reviste de atributos y símbolos sagrados que sirven de distintivos individuales, dentro del nutrido panteón aborigen.

A través de las representaciones de la escultura lítica, de la alfarería y de los tejidos y otras manifestaciones del arte, se logra identificar a los diversos dioses y seres míticos, así como las funciones que desempeñan por su asociación a determinados símbolos o emblemas. Tello[3] en su monumental obra "WiraKocha"[4], ofrece la visión más completa del complejo religioso peruano.

Simultáneamente, con estas expresiones registradas en el arte, la mentalidad indígena crea una mitología propia; con personajes que simbolizan los fenómenos y hechos del universo; y emblemas de carácter ideográfico, que tienen una significación determinada. En mitos, leyendas, fábulas y otras formas de expresión deja cristalizada su sabiduría, su peculiar manera de explicar los fenómenos tangibles e intangibles, y ellos forman otra rica fuente de apreciación del pasado.

En estas tradiciones, especie de códices, están contenidas muchas de las concepciones que interesan al tema. Figura una diosa femenina, la luna, que simboliza las lluvias, el agua que fertiliza la tierra, en doble modalidad, como deidad celeste, en el cielo con un cántaro de agua o paccha[5] perforada con la que vierte las lluvias; o como deidad terrestre, personificada en una linda doncella, que personifica la tierra, dedicada al cultivo del maíz, papa o quinua, y que tiene como atributo o emblema, un cántaro de chicha que se convierte en un manantial del que mana abundante agua para la irrigación de las tierras. Un dios masculino que reside en las altas cumbres, que personifica al sol, que fecunda a la tierra, que trasmite su poder generatriz, mediante la "unión divina" con la diosa lunar; ejerce su obra benefactora, auspiciando la construcción de trabajos hidráulicos y mediante el auxilio de agentes o servidores personificados en los animales más admirados del medio geográfico.

Se rememoran ceremonias y actos litúrgicos, sacrificios cruentos de llamas, ofrendas presentadas a las deidades por doncellas, que concuerdan con los registrados en la cerámica.

Copiosas referencias se registran en las crónicas sobre los ritos y ceremonias de invocación de las lluvias. Polo de Ondegardo manifiesta:

El undécimo mes se llama Homa raimi puchayquis (puquiaiquis); en el qual sacrificauan cien carneros, y si faltauan agua, para que lloviesse ponían vn carnero todo negro atado en un llano derramando mucha chicha al derredor y no le dauan de comer hasta que llouiesse (Esto es por Octubre)[6].

En otro párrafo agrega:

Los Incas, señores del Perú, después del Viracocha y del Sol, la tercera guaca o adoratorio y de más veneración ponían al trueno al qualllamaban par tres nombres Chuquilla, Catuilla e Intiillapa, fingiendo que es un hombre que está en el cielo con una honda y una porra, y que está en su mano el llover, granizar, tronar y todo lo demás que pertenece a la región del aire donde se hacen los nublados[7].

Este fragmento de leyenda es similar a la que trascribe Garcilaso (de BIas Valera) y que hace alusión al hermano de la diosa Luna con el cántaro celeste de agua.

Fue común en el Cusco sacar en procesión para alcanzar agua y buenos temporales" a los ídolos que simbolizaban estos poderes. Y Arriaga afirma:

Acabadas las confesiones en la fiestas solemnes, que suelen ser tres cada año, la principal cerca de la fiesta del Corpus, o en ella misma, que llaman Oncoy-Mita, que es quando aparecen las siete Cabrillas, que llaman Oncoy, las quales adoran porque no se les sequen los mayses; la otra es al principio de las aguas, por Navidad, o poco después, y esta suele ser al Trueno, y al Rayo porque embíe lluvias, la otra suele ser quando cogen el maíz, que llaman Ayrihuay-Mita, porque bayla el bayle Ayrihua[8],

A propósito de estas festividades, merece llamarse la atención de que ellas están nominadas con un vocablo similar al de la Acatayrnita: Oncoymita y Ayrihuaymita, que debe indicar "periodicidad" o "repetición" de determinada cosa.

También se atraía la lluvia por medios mágicos, colocando en las altas cumbres o en el sitio más elevado del templo, recipientes sagrados destinados a empozar el agua de lluvias. Con gran celo y con ritos de carácter secreto, los sacerdotes cautelaban el precioso líquido recolectado en ellos, haciendo los vaticinios respectivos de buenos o malos años. En los templos de mayor celebridad existía una capilla especial, abierta, dedicada a este propósito, como la llamada "Sala de los morteros" de Machupicchu, que como se expresa en el capítulo correspondiente, se halla contigua a uno de los altares de este grandioso monumento. Este recinto, conservado a través de milenios y que se halla en la actualidad en estado precario, merece ser protegido de su futura destrucción por constituir un testimonio notable de las ancestrales concepciones del aborigen del Perú acerca de los medios mágicos de obtener el precioso elemento que contribuyó a su prosperidad económica.

Los agustinos en su "Relación de idolatrías de Huamachuco" refieren:

Una de las cosas que más espanta, y para que se vea cuando el demonio ciega hasta que punto trae a los hombres, el Inga Guainacap, uno de los mayores hechiceros que hubo en el mundo, sacerdote mayor del demonio Zupai, porque los Ingas esta preminencia tenían que aunque era rey, era mayor sacerdote; pues este dexó en un cerro muy alto, cuasi tres leguas de Guamachuco, dos cantarillos de agua que llamaban magacti, para que cuando les faltase el agua la pidiesen a estos cantarillos, los cuales hallamos que no tenían ya más de los asientos los cuales hedían grandemente, que no había quien lo pudiesen sufrir; y la ceremonia que tenía cuando habían de pedir agua, juntábanse a un consejo, o cabildo, o como le llamáremos, los más principales y nobles de la provincia, cuando había seca y no llovía, y determinaban que era bien que enviasen los hechiceros para que ayunasen dos días y estuviesen en aquella sierra harto fría y ventosa, do padecían harto trabajo, según lo experimentamos cuando fuímos a quebrar los cántaros, que no lo podíamos sufrir, y que allí pidiesen agua a los cantarillos. Y en este año, que fué de cincuenta y siete (1557) los hechiceros fueron por mandado de ciertos principales, y hiciéronlo más no llovió y los hechiceros pasaron harto hambre y frío. Cuasi lo más desto vieron los padres y algo dello contó el principal de los hechiceros, y vieron allí otras muchas cosas, que por evitar prolexidad no cuento. Reprendieron los principales y caciques, que por su homa no se nombran, y dieron palabra de enmendarse quebráronse los cántaros y arrojáronse la cuesta abajo: algunas cosillas se hallaron; no quedo memoria de la gguaca[9].

Muchos de estos conceptos y de estas prácticas sobreviven hasta la actualidad entre las comunidades indígenas, especialmente aquellas relacionadas con la limpia de acequias, preparación del suelo y obtención de las lluvias.

Periódicas romerías se hacían a las lagunas y manantiales, donde se realizaban importantes ceremonias destinadas a conseguir agua y buenas cosechas. A estas llegaba la "pareja" de niños o adolescentes que personificaban al sol y la luna. En las leyendas del sur andino, como se verá en el capítulo respectivo, la pareja va en romería a varias fuentes (la de Huanacaure, Calispuquio y Yavirá): él portando símbolos de poder y fuerza como la honda y la alabarda, y ella, el cántaro de chicha o de agua, símbolo de las lluvias y de la fertilidad. Allí cumplen una serie de ritos que incluyen, para el mancebo: la inmersión o "baño” en la laguna, el trasquile del cabello, el cambio de ropas e insignias; y para la doncella, el ofrecimiento de la chicha de su cántaro a la laguna, al dios y a los sacerdotes; el acto de llenado posteriormente con el agua de este lugar sagrado y regada después en el altar y en la heredad. Después de estos ritos la pareja se unía en matrimonio, simbolizando con este acto la fusión de fuerzas favorables a la producción de la tierra. A estos ritos se sumaban otros, como el sacrificio de llamas o "corderos de la tierra", cuya sangre se arrojaba al agua, después de untar con ella el rostro del ídolo, los frutos más preciados. La presunción generalizada de posibles sacrificios de niños a las lagunas o capacochas, debe probablemente apoyarse en estas referencias de sacrificios de corderos o de la participación de parejas de niños en las ceremonias. Los testimonios arqueológicos no llevan a una afirmación de esta índole; la alfarería, tan rica en representaciones ceremoniales, no registra sacrificios de niños; se observan ocasionalmente y en un porcentaje mínimo, escenas de despeñamiento de mujeres y de hombres desde elevadas cumbres, presenciadas por un dios que se halla en la parte baja. En cambio son frecuentes los casos de sacrificios de llamas, en el propio altar de la divinidad, como se representa en la cerámica Huaylas y, de preferencia, de decapitación del animal, arrojándose la cabeza en la laguna o manantial (sub-Huaylas).

Altar de sacrificios (Capachocha) de Sondor con huesos de niños 
ofrecidos a la laguna de Pacucha y a los dioses tutelares 
El lago Titicaca fue objeto de culto semejante, y considerado como uno de los lugares sagrados más importantes del Perú. Allí radicaban los dioses epónimos el sol y la luna; en las islas de Coati y de la Luna fueron erigidos hermosos templos en su honor. Fue lugar de romerías y de espectaculares ceremonias; sitio de origen de la "pareja" fundadora del Imperio de los Incas. Manco Cápac y Mama Ocllo (Sol y Luna), salen de este lago, según una de las más difundidas leyendas, recorren tierras pobres y se establecen en el Cusco, donde enseñan a los hombres a labrar la tierra. Esta leyenda apreciada en su hondo contenido es una alegoría o expresión simbólica de las concepciones religiosas y míticas imperantes en todas las regiones del área andina, y que forman un sustrato homogéneo, que da unidad a la cultura autóctona. El lago Titicaca fue considerado como fuente de subsistencia, como centro de origen de la progenie humana y del linaje incaico. Allí el dios Wiracocha crea los luminares sol y luna, y también a la primera y segunda generación de hombres, de las cuales la primera queda convertida en piedra. De él sale Kon-Tiki-Wiracocha con sus agentes Ymay-Mana y Tikapo, recorriendo uno el Antisuyo, el otro el Contisuyo, y el propio dios la región de la sierra, hasta llegar a Puerto Viejo y desaparecer en el mar.

En las lagunas se arrojaba muy variadas ofrendas: chicha, maíz, hojas de coca, polvos de concha molidas, etc. Pero todos los ritos se iniciaban con el "derramamiento" de chicha, acto que realizaba la bella joven -que acompañaba al mancebo vertiendo en el agua chicha de calidad especial, no común, contenida en un simbólico cantarito llamado paccha o calispuquio según algunos cronistas. Para la siembra de maíz y con el objeto de que la cosecha fuera buena, se remojaban las semillas durante varios días en las fuentes o lagunas.

Desde el Cusco se enviaba al Titicaca a un mensajero, probablemente un sacerdote, para que sacara del manantial contiguo a la laguna, de una "taza" o paccha labrada en las propias peñas, el agua llamada capacchana, y la trasportara en un cántaro o pomo. Santa Cruz Pachacuti al respecto dice:

En este tiempo dicen que se acordó (Inca Capac Yupanqui) de yr en busca del lugar á do el varon Ttonapa habia llegado, llamado Titicaca, y de allí dizen que las truxo agua para ongir con ella al nuevo infante Yngaruca, diciendo muchas alabanzas de Ttonapa, y avn dicen que en aquel manantial que está encima de las peñas viuas como en vna ta(a, estaua el agua llamado capacchana quispisutocvno; y después dizen que otros yngas suelen mandar traer un pomo, llamado coriccacca, y los ponía ante ssi, para que estuviera en medio de la plaça del Cuzco, llamado Haocaypata Cuçcapata, alabando la agua tocada de Ttonapa[10].

Fuera de los ritos estrictamente religiosos o de veneración a las lagunas y fuentes, se hacían otros destinados a diversos fines. Cuando moría una persona, después de realizados los ritos de uso, el deudo más próximo era "bañado" en una fuente cercana, y las ropas del difunto lavadas en ella. Los mancebos que recibían las insignias que los premunían como ciudadanos o "caballeros", debían cumplir previamente con el rito de "bañarse en las fuentes" inmediatas al templo o huaca.

Comuneros de Saywite realizando el ritual de "Bañado" y lavado de ropas de su difunto, cerca de Rumihuasi 
En algunas oportunidades, como en la fiesta de la Citua, dedicada al culto de la diosa Luna o fiesta de la coya, grupos numerosos de personas que participaban en las festividades, salían del Cusco en peregrinación a las fuentes representativas de cada una de las cuatro provincias del imperio y allí se bañaban, y cambiaban de ropas e insignias para eliminar las enfermedades.

Muchos ejemplos se podrían acumular de esta veneración a las lagunas, de origen muy antiguo. Años después de la conquista, los indios seguían rindiendo culto público a dichos lugares; haciendo romerías y aun cumpliendo con su ostentoso ceremonial. Así el padre Arriaga dice:

En la provincia de Chinchacocha, cuando se visitó, se averiguó que llevaban en la procesión del Corpus dos corderos de la tierra, vivos, cada uno en sus andas, por vía de fiesta y de danza, y se supo, que realmente eran ofrendas, y sacrificios, ofrecidos a dos lagunas, que son Urcococha y Choclococha, de donde dicen que salieron, y tuvieron origen las Llamas[11].

Severas reglas había en la antigüedad acerca del uso del agua de las lagunas y manantiales o puquios. A través de las tradiciones míticas se concluye que existían guardianes o custodios de tales lugares, personificados en ciertos seres como Llacsamisa, -en la laguna de Yansa-, encargados de abrir o cerrar las tomas, de distribuir el agua de acuerdo a medidas establecidas o "kaspi", de desviar su curso, de reparar y custodiar las represas, etc. Estos seres protectores figuran en estatuas o encantados en peñones; eran servidores de un dios de mayor jerarquía, dueño de la laguna que radicaba o no en un pequeño islote de la misma, como el caso del dios Collquiri, de la leyenda de Huarochirí.

Ciertos animales vinculados al agua por su propia naturaleza o cuya presencia coincidía con la aparición de las lluvias, fueron divinizados por el aborigen, y sus imágenes colocadas en las fuentes, en las lagunas, ya sea también como custodios o guardianes, o como símbolos para obtener el favor divino. Aparecen reproducidos en estatuas o esculpidos en relieve en las rocas; se les ve enseñoreados de la fuente, unas veces al centro de los estanques o cisternas como simbolizando al habitante de este; otras, arrastrándose hacia los canalitos o bebedores y, a veces, como durmiendo a la orilla de dichos lugares, enrollados o echados plácidamente. Importante papel juegan en estas representaciones determinados animales, en especial la rana y el sapo, batracio vinculado en la mitología peruana a los corpúsculos vivificantes de los manantiales o a las semillas de ciertas plantas alimenticias como el maíz, los frijoles y la yuca; y representado permanentemente, ya sea al centro de la fuente o en los bordes saltando o nadando. (Véase el capítulo respectivo con las ilustraciones pertinentes). Igualmente los lagartos y serpientes, que figuran en dichas fuentes en grupos numerosos y bellamente esculpidos en bulto; así como monos, felinos y ciertas aves frecuentemente asociados a estos centros de origen del agua.

Estas fuentes, compuestas por numerosos estanques o cisternas, cascadas, canalitos trazados en diversas direcciones y pocitos o "moyitas" en los bordes, a través de los cuales corre el agua formando un conjunto de extraordinaria belleza, son pacchas talladas en las rocas; son materializaciones de los conceptos indios acerca de aquel mundo, pletórico de vida que rodea a los sitios de nacimiento del agua, con los seres del medio ambiente, principalmente con los que directamente están asociados a este, con los dioses protectores del precioso líquido, simbolizados por estatuas y relieves de seres antropomorfos. La fecunda imaginación del artista milenario, perennizó en la piedra aún las romerías a estos lugares sagrados, los sacrificios de llamas que se realizaban, las ofrendas de chicha que se llevaban. Todo ello puede apreciarse en ciertos monumentos extraordinarios del arte indio, como en las fuentes simbólicas denominadas "Las moyitas" y Lavapatas en San Agustín, Colombia, y en los monolitos de carácter ecológico de Saywite, en Abancay, Perú.”

La sagrada laguna de Pacucha vista desde el "intihuatana" de Muyumuyu en Sondor.


[1] El Niño, también llamado ENSO ("El Niño Southern Oscillation"), es un cambio en el sistema océano - atmósfera que ocurre en el Océano Pacífico ecuatorial, que contribuye a cambios significativos del clima, y que concluye abarcando a la totalidad del planeta. Se conoce con el nombre de "El Niño", no solamente a la aparición de corrientes oceánicas cálidas en las costa de América, sino a la alteración del sistema global océano-atmósfera que se origina en el Océano Pacífico Ecuatorial (es decir, en una franja oceánica cercana al Ecuador), generalmente durante un periodo comprendido entre diciembre y marzo. Este fenómeno es cíclico, Arthur Strahler habla de ciclos de entre tres y ocho años.
[2] CARRION CACHOT, Rebeca. El Culto al agua en el antiguo Perú. INC, Lima. 2005.
[3] Este pie de página es nuestro. Julio César Tello Rojas (n. Huarochirí, Perú, 11 de abril de 1880-m. Lima, 3 de junio de 1947), fue un destacado médico y antropólogo peruano. Es considerado el padre de la arqueología peruana. Descubrió las culturas Chavín y Paracas, e impulsó y creó el Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú. En su expedición arqueológica al Urubamba de 1942, hizo un estudio detallado del conjunto arqueológico y levantó un plano de las figuras del monolito. Esta investigación inédita se conserva en los archivos de la Universidad Mayor de San Marcos en Lima.
[4] (Pie de página del texto que se transcribe) TELLO, Julio César: 1923, pp. 93-320, 583-606
[5] Este pie de página es nuestro. phaqcha. s. Chorro, chorrera, cascada de agua u otro líquido que se precipita de cierta altura. EJEM: unu phaqcha, cascada de agua. Bol: phajcha. Diccionario Quechua - Español – Quechua/Qheswa - Español – Qheswa Simi Taqe Academia Mayor de la Lengua Quechua/ Qheswa Simi Hamut'ana Kurak Suntur Segunda edición Cusco, Perú, 2005.
[6] (Pie de página del texto que se transcribe) POLO DE ONDEGARDO, Juan [¿1585?]: 1916, p. 23.
[7] (Pie de página del texto que se transcribe) Ibid.
[8] (Pie de página del texto que se transcribe) ARRIAGA, Pablo Joseph de [1624]:1920, p. 52.
[9] (Pie de página del texto que se transcribe) RELIGIOSOS AGUSTINOS [1557]:1865, p. 31.
[10] (Pie de página del texto que se transcribe) SANTA CRUZ PACHACUTI, Juan de [1613]:1879, pp. 165-66.
[11] (Pie de página del texto que se transcribe) ARRIAGA, Pablo Joseph de [1621]: 1920, p. 76.

viernes, 7 de octubre de 2016

SAYWITE: UN HITO EN EL ANDE (III) ebook

         Bueno, como les tengo ofrecido les presento en tercera entrada mi ebook SAYWITE: UN HITO EN EL ANDE, solo espero que le ofrezcan vuestro interés, sin olvidar de poner un “ME GUSTA”, pero sobretodo  “COMPARTIR” y “COMENTAR”. Si de acuerdo al número de visitas no estoy llegando a vuestro interés,  me limitaré a eliminarlo.

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Vista parcial de la Comunidad Campesina de Saywite - Suyuccacca
SAYWITE:

En el Testimonio de los títulos coloniales de Sayvite, Occoruro, Cachora[1] y otros nombres, de sitios en el departamento de Apurímac, aparece que por mandato del XV virrey del Perú don Pedro Álvarez de Toledo y Leiva, Marqués de Mancera[2], de fecha  30 de agosto de 1644, se comisionó a don Luis de Sotomayor Pimentel para la visita, venta y composición de tierras de chacras  y estancias en los distritos de los Corregimientos de Abancay y Quispicanchis.

Ahora bien, de qué se trataba esta visita, venta y composición; del documento que contiene esta comisión podremos entenderlo mejor, veamos:

“…en nombre de su Majestad y en virtud de los poderes y comisiones que de su persona real tengo, doy comisión, poder y facultad a don Luis de Sotomayor Pimentel Caballero del Orden de Santiago para la visita, venta y composición de tierras, chacaras, estancias de los distritos de los Corregimientos de Abancay y Quispicanchi, compeliendo a todas y cualesquier personas que en ellos tienen chacras, estancias, tierras y otras heredades a que exhiban sus títulos y conforme las fanegadas que en ellos se expresaren para que se las midan y amojonen y a los que hallaredes con demasias así por haberse encaminado el medidor, como porque se hayan entrado en las que no pudieren ni se han vendido ni compuesto antes de ahora, por tratarse de composición con quien tuviere las dichas demasías para que por ello sirvan a su Majestad, con lo que fuere justo según la calidad y cantidad procurando que todo sea de contado y si algo se fiare sea a cortos plazos, y con la seguridad necesaria y de lo que de ello procediere se ha de enterar en las Reales Cajas de los Distritos y fecha cada composición se dará testimonio a las partes para que dentro de un breve término acudan al Gobierno para el título y confirmación y en el caso que algunas personas reserven dicha composición declarará por vacas las dichas demasías, las cuales y las demás tierras que lo estuvieren hará sacar a la almoneda con los pregones necesarios y los rematarán en el mayor ponedor con calidad de la dicha confirmación guardando demás de lo referido el orden y forma que se expresa en el auto del señor Virrey Conde de Chinchón suso incorporado en que también se dice lo que se ha de hacer para que a los indios les quede las tierras necesarias según la voluntad de su Majestad, expresara en la dicha real cédula y capítulo de carta. Y así mismo guardará y cumplirá lo que se refiere en el testimonio que con esta le será entregado, firmado del infrascrito secretario de la Gobernación de estos reynos de la instrucción que se remitió a don Francisco de Blas Marquez de Navarra, fiador del señor Licenciado don Fernando de Saavedra, que para todo lo susodicho y lo ha ello anexo y concerniente y nombrar escribano, alguacil y medidor, le doy la dicha comisión, poder y facultad cual en tal caso se requiere en todo lo cual procederá bien y sumariamente con presupuesto que las apelaciones que se interpusieren se han de remitir al Gobierno y no a otra parte alguna como materia de esa calidad que tal lo declaro. Y porque en caso de que haya lugar de admitirse, se mandaran en vos los autos en este grado a la Real Audiencia de esta ciudad donde toca según las reales cédulas. Mando a los Corregidores y demás justicias no se entremetan en manera alguna en lo tocante a esta comisión con ninguna causa ni pretexto porque de todo les inhibo y le den y hagan dar todo el favor y ayuda y el avío y mantenimientos que les pidiere y hubiere menester, pagándolos a los precios del arancel. Y le guarden y hagan guardar todas las honras, gracias, mercedes, franquezas, libertades, preeminencias, prerrogativas é inmunidades que debeís haber y gozar y os deben ser guardadas sin que os falte cosa alguna con lo cual deben pasar cuatro meses que han de correr y contarse desde el día que empezare a usar de esta comisión y hayáis y lleváis de salario, en cada un día diez pesos ensayados y otros cuatro el Escribano y derechos de escritura, conforme el arancel real, cuatro el alguacil y cuatro el medidor que se pagarán de lo que beneficiaren de las dichas tierras y no ha de poder comenzar a usar de esta comisión sin que primero y ante todas cosas consta por certificación de los oficiales reales de la ciudad del Cuzco que pondrán a las espaldas de ella de que ha pagado y satisfecho en la Caja de su cargo los derechos de media anata por el orden y en la forma contenida en el auto del señor Juez privativo suso incorporado, el que se ha de guardar y cumplir como en él se contiene y tomará la razón el Tribunal de Cuentas de este Reino.”

Pero este Visitador fue destacado a Huancavelica por lo que el 08 de febrero de 1645, en su reemplazo se comisionó a don Diego de Alcázar, leamos:

“Por mandado del Virrey- don José de Cáceres y Ulloa.—Provisión.-Y porque habiendo comenzado el dicho don Luis de Sotomayor Pimentel a ejercitar la dicha comisión suso incorporado le ha encargado el Gobierno de Huancavelica, con orden de que sin dilación alguna vaya a él como lo ha hecho proveí el derecho siguiente:---Decreto.--- Lima diez y ocho de febrero de mil y seiscientos y cuarenta y cinco, por cuanto para la visita, venta y composición de tierras chacras, estancias de los distritos de los Corregimientos de Abancay y Quispicanchi se dió comisión a don Luis de Sotomayor Pimentel Caballero de la orden de Santiago y habiendo comenzado a ejercitarla le ha encargado el Gobierno de Huancavelica con orden que sin dilación alguna fuese a él, dejando en el estado que estuviese la dicha comisión como lo ha hecho y conviene que se continúe nombro para ello a don Diego del Alcázar para que prosiga en la dicha comisión usando de los despachos dados al dicho don Luis como si con él hablaran y gozando del término que se le señaló al dicho don Diego con los mismos salarios suyos y del escribano, alguacil y medidor y se le dá facultad para nombrarlos y para este efecto se le entregaran las provisiones é instrucciones y papeles del dicho don Luis y se le despachará la provisión necesaria. El Marquez de Mansera.”

Dentro esta comisión, estas tierras fueron vendidas a Juan Dávalos de Toledo, veamos:

“TESTIMONIO.- Yo Juan Martel Melgarejo, Escribano del Rey nuestro señor y de la visita, venta y composición de tierras de los corregimientos de Quispicanchi, Abancay y Chilquez y Másquez que está haciendo el Capitan don Diego del Alcázar por comisión del Excelentísimo señor Marquez de Mansera, Virrey de estos Reynos, doy fe y testimonio de verdad que habiendo el dicho Visitador repartido a los indios del pueblo de Cachora de esta provincia de Abancay todas las tierras que habian menester conforme a la última revisita y enterándoselas en las partes que escogieron sobraron cantidad de tierras entre las cuales fueron cincuenticuatro fanegadas de sembrar trigo-y veintiséis de punas de sembrar papas en los asientos de Occoruro-Challhuacho, Saivite y otros nombres las cuales se declaró por vacas y pertenecientes a su Majestad y mandó se sacasen a la almoneda y que se diesen treinta pregones a ellas y habiéndose dado y precedido las demás diligencias necesarias-ultimamente se rematarón las tierras de los dichos asientos-en don Juan Dávalos de Toledo vecino de la ciudad del Cuzco como en mayor ponedor en ochocientos y noventiséis pesos de a ocho reales pagados la mitad para el día de San Juan y la otra mitad para el dia de Navidad de este presente año con facultad de  poner corral y cabaña para ganados en las dichas tierras y otras calidades…..”

Más adelante a petición del Sargento Mayor don Pedro de Toledo Dávalos, el día 04 de noviembre de 1956, el Alférez Nicolás Pérez de León, medidor de la Visita hecha por el Reverendo Padre Maestro Fray Domingo de Cabrera Lartaún de la Orden de Predicadores Juez de Venta Medida y Composición de Tierras y desagravios de indios, presentó las medidas de las tierras contenidas en los títulos presentados por su dueño, de donde resultó: 


“Linderos y medidas. En el asiento de Occoruro Sayvite y otros nombres se midieron unas tierras que son de sembrar maíz, trigo, papas y otras legumbres que lindan por la parte del pueblo de Curahuasi con tierras de los herederos de Diego Gallegos que las divide una quebrada que comienza desde el río que baja a Curahuasi y subiendo por ella va lindado con tierras de don Pablo Achi que hasta llegar a la cumbre de donde se les cubren las vertientes al río Apurímac y de la que se vuelve prosiguiendo vertientes en Tayroma y mas adelante por dicha cumbre vertientes a Cachora y mas adelante vertientes a Huanipaca y dando vuelta sobre mano izquierda a la dicha puna y cumbre y prosigue vertientes a Abancay y vuelve hacia abajo sobre dicha mano izquierda tres huaycos que el uno baja de Saybite donde hay muchos abismos y se llama Huatanay y otro baja de dichas punas altas y el otro que baja junto a las tierras de Miguel de Sierra que todas tres vienen a dar a un riachuelo grande que es el que baja a Curahuasi y pasa por la herrería hasta llegar a la quebrada que se dijo dividir tierras de los herederos de Diego Gallegos y hasta aquí lindando con otras de los herederos de Miguel Sierra que es la Hacienda Punchaupuquio con declaración que debajo de dichos linderos hay un pedazo de tierras eriázas que llaman el Alameda que posee Bernardo Ruis y es una fanegada y rebajada de esta medida quedaron por de esta hacienda ciento y noventa y dos fanegadas de tierras de esta manera las sesenta y dos de sembrar trigo con algunos pedazos para maíz y todo de temporal veinte de sembrar papas y otras legumbres y las restantes que son ciento y diez son de punas y pastos que no sirven ni son de labor por ser yermas de ningún provecho. La cual dicha medida declaró haber hecho bien y fielmente dando a cada fanegada doscientos y ochenta y ocho varas de largo y ciento y cuarenta y cuatro de ancho y así lo juró a Dios y a una Cruz y lo firmó con el dicho Reverendo Padre Juez Visitador Fray Domingo de Cabrera Lartaún, Nicolás Pérez de León. Ante mi: Juan de Moreira. Escribano de su Majestad”.

El día 05 de noviembre de 1656, el  Sargento Mayor don Pedro de Toledo Dávalos, compuso estas y otras tierras que posesía en las estancias de Occoruro, Saywite, Chalhuahuaco ante el Reverendo Padre Maestro Fray Domingo de Cabrera Lartaún de la Orden de los Predicadores, Juez Visitador, por haber sido declaradas tierras vacantes y de propiedad de la corona española, componiendo unas con el pago de 50 pesos de ocho reales y otras 54 fanegadas de tierras de sembrar trigo a 10 pesos cada fanegada y “…sesenta y dos fanegas las buenas para y trigo estando pagadas las cincuenta y cuatro a los diez pesos pagaré los ocho al mismo precio que son ochenta reales y las veinte y seis fanegas de punas a seis pesos, siendo como son de ningún provecho su excesivo precio porque son para papas ni otra semilla que cuando lo fueran lo que siembra en una parte no se vuelve a sembrar en siete años…” “Y en cuanto al tercero y último cargo de las ciento y diez fanegadas que se hallarón de demasías en esta medida es teniendo atención a la declaración del mismo Medidor… y quien Vuestra Paternidad muy Reverenda se halló presente a ella y que sirven solo de pastos que son comunes y compuse corral y cabaña en ellos por el cual sirva a su Majestad con cien pesos quiero servirle con otro ciento de a ocho reales por la propiedad y señorío de dichas tierras…”. Hace la composición de esas tierras en Curahuasi, alegando haber servidor a su Majestad por 10 años en el presidio del Callao y en el Reino de Chile.

Finalmente, estas tierras y otras de las estancias de Occoruro y Saywite, le fueron ministradas en posesión a mérito del auto firmado por el Fray Domingo de Cabrera Lartaún de la Orden de los Predicadores en el pueblo de Curahuasi el día 10 de noviembre 1665, a su favor y en los siguientes términos:

Posesión.- Don Juan de Torres. Alguacil Mayor de esta Visita por su Majestad en virtud del auto del muy Reverendo Padre Visitador fui al paraje nombrado Coruro Sayvite y otros nombres y estando en él cojí de la mano al Sargento Mayor don Pedro de Toledo Dávalos y le metí en posesión de las tierras contenidas en estos autos al cual estándolo y para ellos arrancó yerbas, tiró piedras é hizo otros actos de posesión por los cuales se la dí razón Corporal jure domine bel quasi y como la aprehendía quieta y pacíficamente sin contradicción de persona alguna. Me lo pidió por testimonio y yo se lo doy en la forma que quedo siendo testigos Antonio de Cuellar. Nicolás Fernández de Escobar y Alonso de Loayza presentes que lo firmaron y yo en el pueblo de Curahuasi en diez días del mes de noviembre de mil y seiscientos y cincuenta y seis años Entre renglones autos. vale. Don Juan de Torres. Testigo. Antonio de Cuellar. Testigo Alonso de Loayza. Por la Cruz. Nicolás de Escobar."

Campiña de Saywite

En el Catálogo del Fondo Cabildo del Archivo Regional del Cusco, Legajo 36, Cuaderno 02, Fojas. 97, correspondiente al año 1771, aparece un documento de los Autos ejecutivos y de concurso de acreedores seguidos por el Monasterio de Santa Catalina contra don Pablo del Río y don Francisco Gallegos, poseedores de las haciendas de Saywite y Occororo, ubicadas en términos de la doctrina de Curaguasi de la provincia de Abancay, para el cobro de 4,000 pesos de principal y 1,900 pesos de los intereses atrasados que se están debiendo por las rentas débitas de nueve años y medio. En este proceso intervino como opositor don Miguel Velasco y Galán, tesorero de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Abancay. De este documento se infiere que a esa fecha los demandados eran los posesionarios de Saywite y Occoruro, mientras que el Monasterio de Santa Catalina y la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Abancay, se disputaban la propiedad de estas estancias.

Después de haberse realizado un sin número de actos contractuales, hacía segunda década del siglo pasado, aparece como propietario del predio “Sayvite”  a don Nazario Celso Valer, quien a su fallecimiento instituye como sus herederos forzosos a sus hijos Nazario Valer de la Quintana, Visitación de Valer y Eleodoro Valer de la Quintana. Más adelante Nazario Valer de la Quintana adquirió las acciones de sus coherederos.

Posteriormente, mediante Testamento Público de fecha 23 de febrero de 1938, don Nazario Valer de la Quintana deja en herencia el sector “Sayvite” a sus hijos Nazario, Julio, Edilberto y Juan Pablo Valer  Medina.   

En la primera mitad de los años 60’, fueron supuestamente “descubiertas” por la prensa nacional, las estructuras piramidales del monolito, el santuario inca, las fuentes de agua y la gran escalinata, aunque los locales ya tenían noticia de su existencia. Esta noticia creo un gran alborozo en la ciudad de Abancay y en el distrito de Curahuasi, de modo que muy pronto la gente del lugar y los vecinos de ambas ciudades se ofrecieron a realizar jornadas masivas y gratuitas destinadas a “destapar” lo que según la fantasía popular era un sitio arqueológico igual o mejor que Machupicchu.

Movilización del pueblo de Abancay a Saywite 

Ya dentro del proceso de Reforma Agraria del Decreto Ley Nº 17716, mediante Decreto Supremo Nº 1600-76-AG, del 28 de junio de 1976, se aprobó el plano definitivo de afectación  del predio rustico “Sayvite-Suyuccacca”, ubicado en el distrito de Curahuasi de la provincia de Abancay del departamento de Apurímac, de propiedad de los condóminos Juan Pablo, Nazario, Julio y Edilberto Valer Medina, de una extensión superficial de 1,274.3600 hectáreas, fijando como área inafectable a favor de algunos de los propietarios una extensión de 15.6500 hectáreas.

Dentro del plano de afectación se consideró un extensión de 10.50 hectáreas como Zona Arqueológica, pero dadas las circunstancia establecidas por la Ley Nº 28296, Ley General del Patrimonio Cultural de la Nación, a la actualidad el Conjunto Arqueológico de Saywite estaría ocupando aproximadamente 49.08 hectáreas.

Más adelante dentro del predio rústico “Saywite” y “Suyuccacca”, mediante Resolución Directoral  Nº 051-84-DR-XIX-A, del 30 de marzo de 1984, se reconoció a la Comunidad Campesina de Saywite-Suyuccacca”, cuya personería jurídica se encuentra inscrita en el Tomo 1, Folio 3, Asiento 21 del Registro de Personas Jurídicas de la Oficina Registral de Abancay, su fecha 30 de marzo de 1984. De mismo modo se encuentra inscrito el territorio comunal en una extensión superficial de 1,274.3600 hectáreas, en la Ficha Nº R-355 del Registro de Propiedad de la misma Oficina Registral.

                El 21 de marzo del 2002, el Banco Central de Reserva del Perú puso en circulación  las nuevas monedas de un Nuevo Sol alusivas a la Piedra de Saywite de Apurímac. Fue la octava de la serie numismática “Riqueza y Orgullo del Perú",  con una edición limitada por ser una moneda de colección, pero que puede ser utilizada para cualquier transacción económica porque tiene  curso legal.

La nueva moneda tiene las siguientes características:

Departamento: Apurímac, s. XV d.C.

Fecha de emisión: 21 de marzo de 2012
Código catálogo: KM# 362
Grabador: Felipe Escalante Chuñocca
Material: Cromo

Especificaciones Técnicas

En el anverso se observa en el centro el Escudo de Armas del Perú, en el exergo la leyenda “Banco Central de Reserva del Perú”, el año de acuñación y un polígono inscrito de ocho lados que forma el filete de la moneda.

En el reverso, en la parte inferior central, se observa a la Piedra de Saywite y sobre ella un acercamiento de un detalle de la piedra. Al lado izquierdo de la piedra, la marca de la Casa Nacional de Moneda sobre un diseño geométrico de líneas verticales. Al lado derecho de la misma, la denominación en número, el nombre de la unidad monetaria sobre unas líneas ondulantes y en la parte superior la frase PIEDRA DE SAYWITE S. XV d.C.”

            El lanzamiento de esta nueva moneda tuvo una alusión escrita por el historiador Luis Lumbreras Salcedo, leamos:

“Breve Reseña

Este monumento se encuentra dentro de un adoratorio ubicado a pocos kilómetros al norte de la ciudad de Abancay, en los terrenos conocidos como Cuncacha o Saywite. De acuerdo con la información disponible, es de la época incaica y fue construido en el siglo XV o poco antes. Es uno de los santuarios más complejos y hermosos del Perú antiguo.

En el adoratorio, la Piedra de Saywite destaca como una gran fuente labrada en piedra, con imágenes esculpidas de la tierra y sus habitantes: seres humanos y animales, entre los que se aprecian pumas, serpientes, sapos y monos. La fuente incluye terrazas agrícolas y canales de riego con tazas a modo de pozas, desde donde se desprenden flujos de agua que discurren por todo el mundo. Está en la cima de una pirámide artificial rodeada de otros finos altares labrados y muros de estilo Inca.

-Luis G. Lumbreras Salcedo”




[1] HOSTNIG, Rainer, PALOMINO DONGO, Ciro Víctor, DECOSTER, Jean-Jacques. Proceso de composición y titulación de tierras en Apurímac - Perú: siglos XVI-XX / Compiladores. Instituto de Investigaciones Jurídicas y Asesoramiento IIJA - Austrian Academy of Sciences - Asociación Kuraka. Cusco. 2007.
[2] Pedro (Álvarez) de Toledo y Leiva (Úbeda, 1585 - Mancera de Abajo, 9 de marzo de 1654) fue un noble, político y militar español titulado primer marqués de Mancera y IV señor de las Cinco Villas, que llegó a ser gobernador y capitán general de Galicia durante ocho años y Virrey del Perú (1639-1648).