viernes, 25 de enero de 2019

NOSOTROS LOS ABANQUINOS: JOSE CIRILO TRELLES PEREZ





Como no tenemos una imagen de este personaje abanquino  
hemos puesto una vista  panorámica de las haciendas 
Illanya, Pachachaca y al fondo San Gabriel


El prominente hacendado cusqueño Juan Antonio Trelles Cáceres, dueño de las haciendas Pincos, Sotccomayo y Cavira de la provincia de Andahuaylas, contrajo matrimonio con doña María Antonia Montes, con la que tuvieron cinco hijos: Juan Antonio Trelles Montes, Efraín Trelles Montes, Óscar Trelles Montes,[1]Federico Trelles Montes (dueño de la hacienda Amoray en la provincia de Aymaraes) y Plácida Trelles Montes casada con Hans Joaquín Duda (últimos dueños de la hacienda Pincos).

        Sobre los orígenes de la familia Trelles Montes en Apurímac, Harald O. Skar en su libro “Gente del valle caliente”[2][ii], nos refiere lo siguiente:

“Durante el periodo colonial clásico (1569-1700) la propiedad original o encomienda, se convirtió en corregimiento. Bajo los virreyes de los Borbones (1700-1821) fue designado un partido. Finalmente, la encomienda original devino una provincia durante la república (1823- ). Sin embargo, en los tiempos republicanos, la propiedad original había sido dividida en las varias haciendas que encontramos en la época de la Reforma Agraria de 1969. Aunque eran propiedades nominalmente independientes, algunas de estas haciendas habían sido administradas como una sola empresa. Este fue mayormente el caso bajo los jesuitas hasta que es tos fueron expulsados de la tierra a comienzos del siglo XIX, momento en el cual las familias oligárquicas de los Andes se apropiaron de ellas.

Sabemos de un viaje hecho en la década de 1640 por Don Vasco de Contreray (Contreras?) y Vaberde (Valverde?) (Jiménez de la Espada 1956: 14) que se habían establecido grandes plantaciones de caña de azúcar en el valle de Pincos en la época de los jesuitas. Por el diario de viaje de José María Blanco (1834) sabemos que las familias de hacendados continuaban con esta forma de producción (ver Capítulo IV). En la misma fuente es mencionado don Ignacio Samanez como el dueño de la hacienda Colpa y don Toribio Mendieta como el propietario de Pincos. En esta época el cura de Abancay se dice que era un Dr. Miguel Aranívar. Fueron los descendientes de los Aranívar quienes llegaron a ser los dueños de la hacienda Palmira. Las haciendas Colpa, Pincos y Palrnira están todas (como hemos visto en el capítulo IV) en operación hoy día en el Valle de Pincos (como cooperativas).

Es cuando la familia Trelles-Montes vino por primera vez al valle que nosotros podemos hablar de nuevo de una empresa unida a gran escala, aunque de un tipo diferente a la encomienda. El control sobre los recursos del valle ya no estaba en las manos de una sola persona, sino más bien en las manos de un grupo extendido de parientes (ver la tabla genealógica en la siguiente página). Los Trelles-Montes eran descendientes de la Condesa de Valdelirios Escolástica de Segura y Aldasaval, y del Juez de la Corte Superior del Cuzco Dr. Pedro José Montes. Ambos eran de familias cuzqueñas muy ricas, pero cuando las oportunidades se les presentaron en el vecino departamento de Apurímac, ellos se trasladaron. Durante las tres últimas generaciones la familia se había lentamente establecido llegando a la cima del poder aproximadamente tan tarde como 1950. En esta época ellos eran una de las familias más ricas del departamento de Apurímac, con una concentración de sus propiedades e influencia en Abancay. Sin embargo, a comienzos del siglo ellos ya habían dominado inmensas extensiones de tierras. La evidencia nos la da un informante que relata como en su juventud él había recibido el encargo de conducir algún ganado de la Hacienda Pincos al sur del departamento de Apurímac. Después de pastear el ganado por cuatro días, cuando se estaba aproximando a su destino, él fue atacado por ladrones. Él les grito diciendo que el ganado que ellos estaban tratando de robar pertenecía a su propio hacendado, Antonio Trelles (hacendado aproximadamente de 1860 a 1910), y que ellos serían castigados si le robaban. Los ladrones lo dejaron ir, temerosos de los castigos que podría n sufrir a manos de su patrón.

El terror a la ira del hacendado estaba particularmente extendido entre los indios que sirvieron Antonio Trelles, quien tenía una reputación de crueldad. Una historia del valle relata como su crueldad lo llevó finalmente a su caída. Una vez un grupo de matapuqueños se pusieron tan furiosos con la crueldad de Antonio Trelles que decidieron matarlo. De algún modo Trelles se enteró del complot y consiguió huir, oculto en una canasta de aves. Sin embargo, los matapuqueños lo descubrieron y lo asesinaron por el camino. En memoria de este evento toda una familia de matapuqueños tomaron el nombre de Yuto (un faisán, un ave que es a menudo enjaulada y que los aldeanos aprecian mucho).”


Fuera de este matrimonio fue concebido J. Cirilo Trelles Pérez, que según testimonios de las gentes de Abancay, habría nacido en la hacienda de Pincos del distrito de Huancarama. Ya de adulto contrajo matrimonio con doña Mercedes Gamboa Ibarra. Pero en buena cuenta nadie sabe a ciencia cierta, porque no hay documento que lo confirme, dónde y cuándo nació o murió.

A parte de estos detalles, sólo conocemos que inició su periplo de terrateniente con la adquisición de la pequeña hacienda denominada Pampatama Baja, ubicada en el distrito de Tintay de la provincia de Aymaraes, de apenas 169.00 hectáreas, que si bien era pequeña, tuvo el beneficio de que casi toda su extensión estaba bajo riego, y que gracias a eso en su momento era una prospera hacienda cañavelera, donde se fabricaba grandes volúmenes de aguardiente de caña.

Además en esta hacienda se engordaba casi todo el ganado vacuno que criaban las comunidades de los distritos de San Juan de Chacña, Tintay y Lucre, que luego eran conducidos a los camales de la ciudad de Lima. Cabe señalar que en los años 70' esta hacienda fue afectada y expropiada por el proceso de Reforma Agraria del Decreto Ley Nº 17716 y adjudicada a la Comunidad Campesina de Tintay.

Lo que si podemos enfatizar es que gracias a esos dineros y sus habilidades financieras, poco a poco, comenzó a adquirir las famosas haciendas del valle de Abancay, que para el momento en que él las adquiría prácticamente se encontraban en la ruina financiera.



La principal causa de esta debacle fue que una vez inaugurada la carretera Abancay – Puquio – Nazca – Lima, los colonos, yanaconas, aparceros, arrendires, allegados, mejoreros, precarios y huacchilleros, obligados a la prestación de servicios personales sin retribución salarial, por el usufructo de las tierras de las haciendas, comenzaron a migrar principalmente a las principales ciudades y haciendas de los departamento de Lima e Ica donde si podían acceder a un salario por su trabajo.

Como ya dejó de existir en estas haciendas la mano de obra gratuita que le proporcionan esta servidumbre, sumado al hecho que a nuestra región comenzó a llegar en grandes cantidad el alcohol más barato que producían los ingenios de las grandes haciendas cañaveleras del norte de la costa, dio como resultado que las haciendas de Abancay y Apurímac comenzaran a colapsar económicamente y a malbaratarse.

Esa situación fue hábilmente aprovechada por nuestro personaje, en la siguiente medida.

En 1940, J. Cirilo Trelles y su esposa doña Mercedes Gamboa de Trelles, aparecen como propietarios de la Hacienda San Gabriel de Ninamarca, esta situación se mantiene hasta el año 1949, cuando la persona jurídica denominada “Negociación Agrícola Cirilo Trelles”, integrada además por J. Trelles Montes y Walter Hauspach, pasaron a ser propietarios de la mencionada hacienda valorizada 2’490,000 soles. Más adelante por orden del Segundo Juzgado en lo Civil del Cusco, se inscribe el mayor valor de esta hacienda y su Anexo Chinchichaca por el monto de 4’482,846.33 soles.

Luego fue la hacienda Patibamba, de la Sociedad Agrícola Ganadera Patibamba S.A. de los señores Carlos de Luchi Lomellini, Dolores Pretriconi de Carenzi, José Emilio Carenzi Galezi  y Juan Luchi Lomellini, quienes asumieron su propiedad a partir del año 1940, que para ese entonces estaba valorizada en 450,000 soles. En 1944, esta sociedad hipotecó la hacienda al Banco Hipotecario. Probablemente la sociedad no pudo deshipotecarla, así que en el año 1947, J. Cirilo Trelles Pérez, integrándose a la sociedad, se subroga en la hipoteca, y a su vez, la hipoteca al mismo banco por 450,000 soles, para pagar a sus socios y hacerse dueño de la misma.


Después fue hacienda Pachachaca, que en el año 1932 era la propiedad de Antonio Araoz y Atuza y su esposa Mercedes Cereceda, inmueble que heredaron sus hijos María Cristina de las Mercedes Letona Zereceda y José Aurelio Antonio Letona Zereceda, que en 1947, constituyeron la persona jurídica Negociación Letona y Cia., cuyo representante legal fue J. Cirilo Trelles, que en 1949, luego de sanear su documentación, junto a la hacienda Illanya, paso a ser propiedad de J. Cirilo Trelles y esposa Mercedes Gamboa Ibarra.   

Así en menos de una década José Cirilo Trelles Peña, se hizo propietario de las más grandes e históricas haciendas de los valles de Abancay y Pachachaca. Remitiéndonos a los documentos del Proceso de Reforma Agraria que en Apurímac empezó en el año 1970, tendríamos el siguiente cuadro:

HACIENDA
EXTENSION Has.
NORMA
DISTRITO

Patibamba
6,372.77
Ley Nº 17716
Abancay
Illanya-Pachachaca
8,576.45
D.S. Nº 091-72-AG
Abancay
San Gabriel
19,860.30
D.S. Nº 387-70-AG
Abancay
TOTAL
34,809.52



            Si tomamos en cuenta que la extensión del distrito de Abancay, resulta que nuestro personaje era dueño de casi todo el territorio del  distrito.


Este es más o menos el territorio de las haciendas Patibamba, Illanya, Pachachaca y San Gabriel que fueron propiedad de J. Cirilo Trelles Pérez
  
Como todos los poderosos terratenientes de su época, fue elegido al único puesto de Senador por Apurímac en el periodo 1945-1950 y reelegido para el periodo 1950-1955; de esa representación los apurimeños no tenemos ni un solo recuerdo benéfico, ya sea una Ley o una obra, salvo que gracias a su gestión se construyó el puente Pampatama que beneficiaba a la hacienda Pampatama Baja de su propiedad. Total eran los hacendados o lo que ahora calificamos como terratenientes, latifundistas o gamonales de esos tiempos no tenían que darle cuenta a nadie. ¡Era los amos!  

Gracias a sus relaciones con otros hacendados encajados en el parlamento, logró que el Congreso de la República aprobará la Ley Nº 12706, del 25 de enero de 1957, mediante la cual se declaró de  necesidad y utilidad pública la expropiación del área de terreno, las  construcciones  e instalaciones de la hacienda Patibamba, para los fines de la expansión urbana de la ciudad de Abancay y para el fomento de la pequeña propiedad rural.

Sobre este traslado de dominio, tengo todavía en la memoria una anécdota que me contó don Leonidas Espinoza Garibay, y que más o menos era así:

Resulta que el pueblo de Abancay, hacia la segunda mitad del siglo XX ya estaba harto de que desde Andahuaylas y otras partes del Perú, se dijera burlonamente que: “Abancay era la única hacienda con Prefectura y Corte Superior de Justicia”,  porque la ciudad estaba cercada por la hacienda Patibamba. Así que un buen día de esos el pueblo se reunió en una sesión multitudinaria en el local de la Sociedad de Artesanos, con el objeto de poner fin a ese sarcasmo.

En esa sesión se nombró a una comisión para que en representación de la población Abanquina fueran a la hacienda Patibamba a proponerle a “don Cirilo” la compra-venta de la hacienda Patibamba.

Me contó, que el hacendado les dijo de buena gana que no había problema: “Todo se vende, todo se compra, todo tiene su precio” y que mejor si el pueblo abanquino quería adquirirla, y si entre todos podían reunir 3 millones de soles, la hacienda era suya. La comisión corrió traslado de la respuesta del hacendado al pueblo, y después de un año, sin todavía acotar ningún dinero sino promesas ciertas de pago en efectivo que se escribieron en un libro de actas, no alcanzaron ni siquiera a comprometer el 5% del dinero que quería el hacendado.

Los abanquinos, los que se creían ricos y los verdaderamente pobres, prefirieron olvidarse de este episodio porque según mi narrador: "Cómo los empleados de la misma hacienda, los escasos servidores públicos y algunos pobres artesanos, ganaderos y chacareros, podían reunir dinero para comprarse una hacienda de 3 millones de soles, y en esos tiempo cuando los millones eran de verdad millones. Era como si tu peón pretendiera compararte tu chacra. ¡El viejo tagarote se habría matado de risa!".

Más adelante, cuando es clamor se hizo un justo y profuso el reclamo social, que no solamente era de los miembros de la sociedad de artesanos sino de los dirigentes políticos y sociales y del pueblo en general, el Senador y hacendado Enrique Martinelli Tizón, propuso ante el Congreso de la República la expropiación de la misma, la que se aprobó mediante Ley Nº 12706, del 25 de enero del 1957. En el mes de abril de ese mismo año, los ingenieros Leopoldo Alencastre y Emilio Turpaud, profesionales designados por el Ministerio de Fomento y Obras Públicas para su valorización, formularon su Informe, donde concluyeron que la hacienda Patibamba estaba valorizada en S/. 6’245,118.88 ¡¡¡¡SEIS MILLONES DOSCIENTOS CUARENTICINCO MIL CIENTO DIECIOCHO SOLES ORO CON 88/100!!!!

Fue entonces que ante tan enorme precio, todos los hacendados de Apurímac querían venderle sus haciendas al Estado Peruano porque resultaba un gran negocio, pero para su mala suerte solo lograron venderle J. Cirilo Trelles los fundos Maucacalle y Sahuanay de 707.2380 hectáreas, ubicado en el distrito y provincia de Abancay; y, Julio Óscar Trelles Montes, la estancia ganadera Cavira de 4,870 hectáreas, ubicado en el distrito de Kishuará de la provincia de Andahuaylas.



Me hubiera gustado acceder a conocer la fecha y lugar exacto de su nacimiento y muerte y otros detalles de su vida personal y hasta quizá contar con alguna fotografía de este interesante personaje, pero no hubo ocasión ni suerte. De modo que quién quisiera colaborar conmigo para  completar esta biografía, y sobretodo aclarar lo que he escrito, por ser parte de la historia de Abancay, pueden remitírmela al correo electrónico cirovictor@yahoo.com ¡GRACIAS POR ANTICIPADO!  



[1]Julio Óscar Trelles Montes, nació en Andahuaylas el día 23 de agosto de 1904 - Lima, 2 de octubre de 1990) fue un médico y político peruano. Se desempeñó como Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Gobierno y Policía de julio a diciembre de 1963, en el primer gobierno del presidente Fernando Belaúnde Terry. También fue ministro de Salud Pública y Asistencia Social (1945-1946), senador de la República (1980-1985) y presidente del Senado (1980-1981).
Fue hijo de Juan Antonio Trelles y María Antonia Montes. Realizó sus estudios secundarios en las ciudades del Cusco y Lima; viajó luego a Francia, donde siguió la carrera de medicina en la Universidad de París hasta graduarse de doctor en 1935.
Trabajó en París en la fundación Dejerine, desde 1930 hasta 1935, con el profesor Jean Lhermitte, bajo cuya dirección con F. Masquin publicaron el libro Précis d'anatomo-physiologie normale et pathologique du système nerveux. Su labor en el campo de la Medicina mereció, en atención a sus trabajos de clínica psiquiátrica, que la Sociedad Médico–Psicológica de París le diera el premio Trevel en 1934.
Después de intensa actividad científica regresó al Perú, en 1936. Revalidó su grado en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos presentando una tesis sobre los “Reblandecimientos protuberanciales”, que mereció el premio de la Academia Nacional de Medicina. Casi inmediatamente comenzó a trabajar en el asilo de incurables "El refugio" en el que creó el primer hospital neurológico en el Perú, llamado Santo Toribio de Mogrovejo, del que fue director (1940-1974). Gracias a su impulso este hospital se puso a la vanguardia de los conocimientos modernos en neurociencias a nivel nacional (actualmente Instituto Nacional de Ciencias Neurológicas (INCN) "Oscar Trelles Montes").
Optó también por la carrera docente y fue catedrático de Neurología en San Marcos (1936-1961). Fue uno de los fundadores de la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Junto con Honorio Delgado fundó en 1938 la Revista de Neuropsiquiatría.
[2] SKAR, Harald O. GENTE DEL VALLE CALIENTE Dualidad y Reforma Agraria entre los runakuna (quechua hablantes) de la Sierra peruana. Pontificia Universidad Católica del Perú – Fondo Editorial 1997. Lima. 1997.