sábado, 22 de agosto de 2020

YEISON

 

De la comisaria pasó al Juzgado, del Juzgado a la cárcel del pueblo por la comisión del delito de lesiones graves en agravio de Brayan López Machuca y de allí tanteando como un ciego seguirá caminando paso a paso por ese laberinto legal hasta llegar aquel aterrador infierno que se llama proceso penal, donde gobiernan unos demonios llamados jueces, fiscales, abogados y esos otros diablillos que los secundan, hasta que una vez instalado en la prisión recién comprenda cómo funciona esa moledora de carne humana.

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–¡Ta’mare, por qué no son como yo que todo lo simplifico! Por ejemplo yo no tengo la cojuda costumbre de andar buscando un trabajito barato metido en medio de un montón de huevones que jamás lo encuentran a pesar de tener un chupu de documentos bamba y algún certificado de estudios en las cagaditas de universidad que existen en este pueblo cojudo. Yo soy un emprendedor y por eso no tengo porque andar en huevadas. –Decía a modo de sabio consejo y sesuda reflexión.

–¡Claro! Tú te fumas un troncho y después el mundo se compone solo para ti, y entonces la realidad se va a la mierda y todo el cosmos se vuelve un lugar hecho para tus antojos. Pero aun así yo respeto tu modo de ser, porque estamos en un país súper democrático donde cualquier huevón puede ser el locazo que se le antoje. Pero si yo fuera tú, no me alucinaría ser un empresario misio y cagón como los de este pobre pueblo, sino el más millonario del planeta. 

–¡Ta’mare!, tú que te crees tan zanahoria y súper mosca, ¿qué mierda haces por la vida? ¡Nada huevón! Estás más cagado que todos nosotros, pero aun así te crees especial solo porque andas rajando de todo el mundo. Tienes toda la sicología de los cholos de mierda que nunca van a volver a ser indios ni tampoco podrán ser blancos, y como todos los que están en medio de la nada, andas más perdido que huevo frito en ceviche.

–Ni creas huevón, a mí me han ofrecido un montón de chamba. Lo que pasa es que yo no acepto puestos chauchillas. O me dan lo que me corresponden o prefiero seguir pateando latas, cilindros y hasta cisternas.

–No crean que en esta cojuda discusión está ganando alguno de ustedes. Para mí los dos son unos huevonazos.  Porque mientras  uno  alucina con  un  troncho batiéndole la cabeza,  el  otro  sueña despierto. ¡Tú!, ¿De dónde eres empresario?, ¿Qué has emprendido o que empresa tienes? ¡Y tú!, de dónde sacas que hay un montón de chamba que se puede hasta despreciar. En este pueblo no hay trabajo ni siquiera para los profesionales, y si puedes conseguirte uno es porque has chambeado como loco en la campaña electoral de los que ahora están robando como presidente regional, gerente, consejero, alcalde o regidor, sólo así puedes tener una chambita por seis meses. Viéndolo bien, los dos son unos pobres gatos caseros. –Terció Miki, el que sabe que cuando hay trabajo, hay que trabajar de lo que sea porque al final el dinero es lo que cuenta porque lo remedia todo.

–¿Cómo es eso de gatos caseros?

–Gatos caseros pues trolas. Esas mascotas que andan merodeando por los techos de todo el vecindario, pero cuando no les va bien o los han masacrado, vuelven a sus casas a maullar por comida o para dormir en algún lugar caliente, y así pasan sus vidas hasta volverse viejos o desaparecer porque la muerte los ha sorprendido en alguna de sus correrías.

–¡Fuera mierda!  Porque andas montado en esa moto china de dos mil lukitas, te crees de otro lote, si tú también eres un fumón. –Protestó Brayan. 

–Solo cuando me invita el Yeison. ¿Y cuándo me ha invitado?, hace más de seis meses.

–¡Eso cuesta plata pues huevón! Y la plata no cae del cielo. –Sentenció Yeison.

–¡Claro! La plata no cae del cielo sino de la cartera de tu vieja, quiera o no quiera.

–¡Misioymierda!, ¿por qué dices que soy un “pica carteras”? ¡Ladrón de mierda! Por si acaso yo no ando con una banda de malandrines que se dedica a robar las casas de los aficionados a los gallos de pelea.

–¿Choro?, pueda que sea. Y quién no es ladrón en este pueblo cojudo. Sino dime cómo se han hecho ricos todos los pendejos que se creen los pitucos de esta cagada de ciudad. ¡Robando pues huevón! Pero yo no soy como tú un pobre rosquete que no sabe aguantarse el dolor de su placer y anda quejándose como una pendeja que le gusta hacerse la estrecha.

–¡Eso no es verdad huevón! –Gritó exaltado Yeison. –¿Por qué te defiendes tan cojudamente? ¿Por qué tienes que sacar esa mentira que a ti también te la pueden arrimar? 

–¡Y tú, por qué me dices ladrón, si nunca me has visto robar, ni  he pisado una comisaria por choro. Lo que me pica es que hablas por hablar y sólo porque algunos cojudos andan hablando huevadas que no son ciertas. 

–¡Así es pues huevón! Mientras tú dices que yo soy un rosquete, yo digo que tú eres un ladrón. Sólo porque nos da la gana y sólo para ver quién se pica y pierde. –Comentó Yeyson, y a modo de apaciguar esa agresiva discusión, invitó. –¿Quieres prenderte un baticéfalo?

–¿A ver? 

–Pero nunca digan que soy cabro, solo porque otros cojudos hablan sin saber.

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La verdad es que Yeison nunca fue homosexual, ni tenía afición a esa picardía, pero cuentan las malas lenguas que cuando sus padres lo llevaron al Cusco a postular a la universidad nacional para que estudiara Ingeniería Civil, lo matricularon en la súper academia de preparación pre–universitaria “Cosmos”, donde debía permanecer un año a tiempo completo para ponerse al día en los conocimientos que debía tener para tentar la primera vez, y con muchísima suerte después de otro año podría “agarrarla”; aunque en el tercer año eso sería más que seguro.

Esa vía crucis era así, porque en el colegio particular mixto “Virgen de las Alturas” de su pueblo no le habían enseñado casi nada, y lo peor fue que debieron aprobarlo, porque el alumno Yeison Prado Huallanca siempre estaba al día en sus pensiones. De manera que acabó la secundaria con la cabeza más hueca que el bombo de la banda de guerra de su colegio. Pero en esa academia, lejos de meterse un montón de conocimientos en la cabeza, aprendió a meterse un montón de cannabis en el cerebro.

Yeison era de la generación de esos engreídos que se alucinan los pitucos del pueblo, porque gustan de esas cosas que se supone debe gustarle a los pitucos: el rock en inglés, los chismes acerca de los rockeros de moda y los que se habían muerto “pasados de vuelta” como Jim Morrison, Janis Joplin, Brian Jones, Jimi Hendrix y otros diez más, que escuchaban casi todo el día sin entender nada de nada porque no saben inglés. Por tener y lucir un smartphone de marca y la mejor ropa que podía venderse en el pueblo. El dinero que nunca se gana pero que se va tan fácil como viene, pero sobretodo esos amaneramientos que les llegan desde las redes sociales, los juegos en línea, simplemente porque nadie se preocupó de hacerles conocer la belleza de la naturaleza, las ideas que alumbran el camino de la humanidad, la fe en algún credo, las noticias acerca del cambio de los tiempos, el conocimiento de su cuerpo y su  salud, en fin, algo de algo, para que no sigan imaginando que así como ellos se creían que eran, todo el mundo debía serlo, porque sino eran unos huevones y eso no era su culpa.

De modo que alucinándose de otro lote, el Yeison creía que siempre podía hacer lo que le daba la gana, mientras sus padres se rompían los lomos trabajando en la administración pública metidos en un ambiente plagado de chismes, intrigas, prepotencia, corrupción y mediocridad, para poder llevar a casa el pan de cada día y las comodidades de estos tiempos, pero eso sí, dentro de una competencia que en algún lugar del infierno se había inventado para mantener ocupados a todos los "faroleros" de estos pueblos: la mejor casa, el mejor auto, los mejores artefactos, las mejores fiestas, lo mejor de lo mejor que pudiera comprarse con sus sueldos, que viéndolo bien no eran gran cosa, pero que alcanzaban su mayor valor gracias a los autoavalúos que sabían darle sus dueños a las cosas que adquirían. “Esta smart TV, nos ha costado 5,000 soles”. “Estos muebles los he traído de Lima”. “Tenemos Nexflix para ver las mejores películas del mundo”. “Mientras estamos en el trabajo la chola aprovecha el Wifi de nuestro internet de 30 MB de velocidad”,  etc. etc. De su automóvil no hablaban gran cosa, porque en eso los dejaban muy atrás los narco-empresarios del pueblo.

Como estaba previsto en el plan familiar, al mozuelo le consiguieron una habitación en la casa de una pareja de jubilados, que eran amigos de sus primos cusqueños, y que en otros tiempos era el dormitorio de la doméstica de la familia. Aquel cuarto no estaba mal porque además de ser amplio y estar bien pintado, tenía buena iluminación y contaba con un pequeño baño privado con lavatorio, un wáter y una ducha. Además nadie podía perturbar la preparación pre universitaria del muchacho, porque en aquella casa solo vivían una pareja de ancianos que estaban contentos de compartir su hogar con tan lindo y decente muchacho.

Como la academia nunca empezaba a funcionar completamente, en el vacío de las horas en las que no se dictaba ningún curso, fue haciéndose amigo de todos los bellacos que se reunían a fumar cigarrillos en los pequeños espacios abiertos que tenía aquel local, y que como él, sabían de todo sin haber estudiado nada, pero sin embargo para impresionar a las chicas mostraban su sapiencia y lucidez haciendo memoria de los pocos recuerdos que les quedaban de haber visto en la tele algún documental sobre la historia, el cosmos, la naturaleza o alguna que otra ciencia, y comentaban algo acerca de los “agujeros negros”, del Serengueti africano, del cuerpo humano, de la segunda guerra mundial, de Hitler y el holocausto judío que lo pasaban tantas veces que pareciera que en él había muerto la humanidad entera, y etcétera.

Cuando se aburrieron de aquellas tontas charlas de presentación, comenzaron a pasear en parejas por las calles, guiados por quienes sabían más de la vida cosmopolita de aquella vieja urbe turística. No pasó mucho tiempo hasta que uno de ellos, como desafiándolos a iniciarse en un círculo muy, pero muy bacán, les invitó a fumar un cigarrillo de marihuana. Al principio y a pesar de estar muy alentado por ese desafío, Yeison no lo aceptó disculpándose con los buenos modales que de él conocían todos. Pero la chica que casi sin notarlo se había convertido en su pareja, no solo aceptó el reto sino que se fumó casi medio cigarrillo, y como respuesta al airado reclamo de la patota, sacó de uno de los bolsillos de su mochila hasta tres "tronchos de la buena” y les invitó a fumarlos en un lugar que a su parecer era mágico.

Aunque tampoco en esa oportunidad aceptó la invitación de conocer la experiencia de fumarse un "troncho", pero sí en esa tarde conoció los labios, abrazos y caricias de la loca que tenía encima dominándolo con todo el calor de su cuerpo. Más tarde cuando las parejas se separaron, Zoe, su nuevo amor, lo llevó a comer pizza con gaseosa a un simpático lugar plagado de turistas bien locos. Allí le presentó a los hombres de rojo, es decir, de los ojos rojos. A Chamo de Lima, a Jean Paul de Francia, a Richard de Inglaterra, a Jürgen de Alemania y a Tarik Chalhub de España. Aunque todos hablaban español, no entendió casi nada de lo que decían, sin embargo le impresionó gratamente su modo cosmopolita de hablar. Nunca se imaginó que en español se podía hablar de un modo que podía ser diferente y por eso muy chévere.

Al día siguiente y por casi una semana, Zoe no se apareció por la academia, y cuando por fin lo hizo le dijo que había ido de paseo al Manu para hacer un viaje monstruo con Ayahuasca, contándole que vio cómo el alma de los perros de la aldea donde bebió ese brebaje, eran mariposas gigantescas, y que ella misma se convirtió en una gigantesca libélula que volando sobre la superficie de otros mundos lo veía todo, desde el inicio de la vida hasta el final de los tiempos. Y que el gringo Jürgen tuvo un mal viaje, porque en sus alucinaciones vio cómo desde un río dorado se le apareció una anaconda gigantesca que tenía la piel de unos colores muy brillantes como luces de neón y que se dirigió directamente a él  y cuando abrió su enorme  mandíbula para comérselo zapatos y todo, vio que que aquella boca era una enorme vagina que se lo tragó como a un ansioso pene, y que dentro del inmenso vientre de esa serpiente estaban unos árabes de mierda quienes en nombre de su dios, religión o no se sabe que vaina que tienen esos monta camellos, lo mataban una y mil veces, hasta que el gringo acabó cagado, meado y vomitado, pero con ganas de repetir la experiencia para ver si en el próximo viaje podía sacarles la concha su madre a esos asesinos.

Después de frecuentar a los amigos de Zoe, por fin se hizo de un cigarrillo de marihuana y se prometió fumarlo en su cuarto solo para experimentar como era esa vaina, pero sin hacer mucho roche, porque no vaya a ser que le suceda a él lo que le pasó al gringo Jürgen con la ayahuasca.

El sábado por la mañana, después que los ancianos abandonaran la casa para hacer sus compras de la semana. Un poco nervioso, sentado en el sillón de plástico que había en el jardín que daba a su cuarto, se fumó el troncho y lo que le pasó fue algo que nunca pudo explicarse, pues notó que aunque todo estaba en su sitio, parecía que todo estaba fuera de lugar. La casa, las cosas, sus pensamientos, sus sentimientos y todo lo que le rodeaba tenían algo así como vida propia. Eran independientes entre sí y cada cual brillaba con su propia luz, y no solo eso sino que todo lo que él pensaba, veía, olía, oía y tocaba tenían su propio tiempo, que no era el mismo tiempo de todo lo que a él le estaba pasando.

En ese momento se le ocurrió hacer una lista de todo lo que le estaba sucediendo, pero al instante se le olvidó, porque se le ocurrió otra idea más brillante y más tarde otra y después otra más, de modo que también las ideas tenían su propio escenario y movimiento. Al final simplemente se dedicó a recorrer por todos los sitios de la casa, conociendo de un modo que le parecía más lúcido, todos sus rincones como si se tratara de otra casa, de otro espacio, de otro mundo.

“Esto está de puta madre, con razón  les gusta tanto a los gringos” pensó. Pero en realidad no había pensado nada, y al instante sintió que ya no necesitaba pensar para saber que había pensado, porque pensándolo bien, todo estaba presente gracias a esa yerba. Y aquello se hizo más tangible cuando tirado sobre su cama escuchó los sonidos extraterrestres que salían de su iPhone. Más tarde salió a la calle y esta se le presentó como el espacio de otra galaxia, donde cada cosa tenía su lugar: La calle, aparte. La gente medio gris caminando con sus preocupaciones y tristezas, aparte. Los carros con su velocidad y ruido, ambos aparte. El cielo, el aire y las otras distancias que en otros momentos estaban más allá de su mente, ahora estaban muy cerca de sus ojos que hasta casi podía tocarlos.

Cuando con el correr de las horas se fue disipando esa fantástica sensación, llamó a Zoe para contarle su maravillosa experiencia y ella le dijo: “Masoquista, solito te has roto el hocico”, pero después también le dijo que si así había sido su primer vacilón, tenía buena onda para volar, y si así iban a ser todos sus viajes, entonces estaba hecho para seguir planeando el resto de su vida.

–No todos están preparados para tener viajes limpios, algunos se vuelven paranoicos, otros se rayan hasta el culo y otros simplemente vomitan. Debería autorizarse el uso del cannabis solo a los que pueden demostrar que no los "raya", lo mismo deben hacer con el trago. –Sentenció la muchacha.

Desde aquella “maldita hora en que esa perra lo metió en las drogas” se le acabó el lejano sueño de ser alguien en la vida y empezaron las pesadillas de sus padres, porque el muchacho se dedicó a tiempo completo a fumar esa porquería y hacer el amor todos los días con la "perra mostrenca". Todo con los sacrificados dineros de quienes tenían la obligación legal, social y moral de mantenerlo. A partir de ese momento la academia se convirtió en un lugar de encuentro con la noviecita y los otros fumones, y la casa de los ancianos, un lugar donde pasar las noches.

Las cosas estaban tan felizmente así, hasta que los primos cusqueños se encontraron con los ancianos, quienes les informaron que el chico no paraba en la casa, que apenas iba a dormir de lunes a jueves y que el resto de la semana ni siquiera se aparecía. Que a pesar de seguir siendo el muchacho cordial y saludador de siempre, había mudado su apariencia hasta tener la facha de los vagos de la Plaza de Armas. Esa noticia fue rápidamente trasmitida al pueblo y a los dos días los padres del estudiante se aparecieron por la Academia, donde les dijeron que el muchacho ya no asistía a las clases y que ellos le debían tres mensualidades completas.

–¡Pero cómo no nos dijeron nada! –Reclamó la madre. Si para eso nos han pedido el número de nuestro teléfono fijo y hasta el de nuestros celulares. –Acotó.

–Señora, a la universidad nacional para el programa de Ingeniería Civil van a postular más de 2,000 estudiantes venidos de todo el Perú, para tan solo 50 vacantes, de las cuales 15 ya están ocupadas por eso de los  primeros puestos,  los  discapacitados y las víctimas del  terrorismo; 15 están destinadas para la academia de la universidad y apenas 20 van a ser concursadas entre los estudiantes de esta y las otras academias, de modo que aquí preparamos a los que realmente quieren ser ingenieros civiles, pero seguramente debido a esta miseria de oportunidades, los mismos chicos poniéndose la mano al pecho con el objeto de no sacrificar a sus padres, deciden no asistir más a clases y largarse sin pagar nuestros servicios. –Explicó con tanta naturalidad que parecía que lo hacía todos los días y además les aclaró.. –Por eso nosotros no llamamos a los padres de familia; todo lo contrario, ellos se comunican con nosotros para conocer el avance de sus hijos.

Después llamaron infructuosamente al celular de Yeison, pero nadie contestó porque desde el otro lado de la línea una robótica vocecita repetía: “Este número no existe”. Así que se fueron al alojamiento del muchacho, donde los ancianos huéspedes le manifestaron su preocupación por su nueva facha pero sin quejarse de su conducta, porque Yeison seguía siendo incluso más amable y considerado con ellos, que hasta se llevaba su propia basura.

–No va a venir hasta pasada la media noche. –Les advirtió la anciana. –Mejor es que se vayan al centro, pues al parecer ese lugar es su nuevo paradero. –Les aconsejó.

–¿Podemos dejar el carro?

–¡Por supuesto, no hay ningún problema! –Contestó el hombre de la casa. 

Se fueron a la Plaza de Armas y ahí se quedaron sentados el resto de la mañana viendo pasar los carros, la gente, los turistas, las horas y los malos pensamientos, hasta que pasado el mediodía repararon en que habían viajado sin tomar desayuno y lo bueno que sería almorzar.

Desde el restaurante que tenía la única mesa disponible cerca a la puerta, la madre vio a su hijo sentado en la parte posterior de una motocicleta con el cabello crecido y vistiendo una ropa que jamás le habían comprado y exhibiendo una facha que solo había visto en las personas que le parecían despreciables. No dijo nada y tampoco comió casi nada. “Parece un drogadicto, pero menos mal que no es él”. ¡Cómo podría ser su Yeison! Lo que estaba pasando era que la cólera sumada a su preocupación no le dejaba ver bien, o que le hacía ver las cosas al  revés. ¿Pero era o no era?  ¡No  era!, definitivamente no era. “Pero menos mal que aún está vivo”, se dijo a manera de consuelo como previniendo cualquier cosa que haya podido salir mal, y para su mayor consuelo se decía: “Menos mal que no es mujercita”.

Volvieron a la Plaza de Armas y caminaron por sus inmediaciones hasta que se hizo de noche, y como el frio arreciaba se fueron a comer algo y regresaron al hospedaje de su hijo. Allí tomando un té conversaron con los ancianos sobre todo lo que había hecho Yeison, pero como apenas lo habían visto los últimos tres meses, casi nada había que decir, de modo que se pusieron a seguir toda la rutina de los dueños de casa, que no fue más que ver las telenovelas y noticieros de antes de las nueve de la noche. Después los ancianos se despidieron diciendo: “A esta hora nos vamos a la camita. Tenemos un duplicado de la chapa de su cuarto, por qué no pasan ahí para protegerse del frio. Seguro que Yeison ya estará por llegar”.

Cuando se acabó todo lo que había qué decirse. Cuando empezó el largo tiempo de todo lo que había que callar, y cuando ya estaban por dormirse echados sobre aquella estrecha cama, sintieron el sonido de la chapa y cómo la puerta abierta metió una ráfaga de frio dentro del cuarto. Cuando el padre prendió la tenue luz de la lámpara del velador, con los ojos todavía confundidos pensó que un fantasma se les había aparecido o que un ladrón los estaba sorprendiendo.

–¡Pa’! ¡Ma’! –Gritó, y saltó hacia el patio para esconderse entre las sombras, y sin más ni más, por la misma puerta de servicio con que llegaba a su cubil, se largó a la calle sin darles tiempo a decirle nada de nada. Ya afuera y a una cuadra de la casa buscó entre todos sus bolsillos el celular que tenía en la otra mano y llamó.

–¡Dime! –respondieron del otro lado.

–¡Zoe, mis viejos están metidos en mi cuarto!

–¡Qué chévere, será motivo para conocerlos! –Le dijo con la despreocupada voz de una niña ingenua.

–¡No! Seguramente mañana iremos a la academia y allí les van a decir que no me conocen y la cagada. ¿Puedo ir a dormir a tu casa?

–¡Eres huevón o te haces! ¿De qué mierda quieres escaparte? ¿De la verdad? ¿De la realidad? ¡No se puede pues papito! Diles ahorita mismo que no has ido a la academia y punto. Yo nunca les miento a mis viejos y desde siempre los he acostumbrado a saber quién soy y que quiero hacer con mi vida. O sea no los jodo y por eso ellos no me joden a mí, y porque además les he hecho saber que así soy  porque así me han parido y mi único delito es gustarme como mierda lo que quiero ser todos los días sin que nadie me este jodiendo como a una mascota.

–Pero si después de todo lo que les diga me llevan a mi pueblo. La cosa no es tan fácil.

–Es fácil pues won. Simplemente diles que ya no eres un chiquillo cagón, que te has hecho hombre y que quieres quedarte en el Cusco porque tienes otros proyectos para tu vida. Tu viejo seguramente te va a mandar a la mierda y te dirá que si quieres joderte que te jodas.

–Y si es así. ¿Yo que puedo hacer?

–¡Nada! Confía en tu vieja. Ella se encargará de seguir pagando el cuarto y tu combo hasta que yo pueda encontrarte una chamba facilona como la mía, ahorrar la plata y largarnos al Manu, alquilar una chacra y venderle ayahuasca a los gringos que nos van enviar el Chamo, Jean Paul, Richard y el Jürgen.

–¿Y el español también?

–¡Sí!, aunque tiene una pinta de sádico y perverso, como la de esos árabes que andan matando por todo el mundo, es efectivo a la hora de hacer el billete. A pesar de que creo que en su tierra ha sido un pirañita desde niño, tiene mundo el hijo de puta.

Con un "Vete a la mierda cojudo, yo tengo mucho que hacer en mi trabajo porque me han designado Gerente Subregional. ¡Haz de tu vida lo que quieras, engreídoymierda!”, se largó su padre de aquel lugar. Después de un rato salió su madre llorando a mares, no sin haberle dejado al hijo de sus entrañas todo el dinero que tenía en la cartera. Se subieron al carro y aun cuando se sentían cansados se devolvieron a su pueblo.

La noche siguiente, los viejecitos le dijeron que su madre había estado llamando todo el día, porque no conocía el número de su celular. Él les dijo que muchas gracias, y le recordó al anciano que al día siguiente tenían que engrasar la puerta de la cochera para que pudiera abrirse después de casi doce años.

–¡Aló mamá!, este es mi nuevo celular, porque me robaron el que me compraste. Llámame porque no tengo crédito.

Y allí, sin decirse nada, se echaron a llorar los dos. Después, "no te preocupes mamita aquí en el Cusco hay muchas oportunidades para aspirar a otros oficios que dan más dinero que una profesión". Que no por gusto es la Capital Arqueológica de América y que Machupicchu es una de las nuevas siete maravillas del mundo, así que solo se necesita aprender inglés para que el mundo se te abra como una flor. Y ella, que bueno papito, que no tenías por qué estudiar Ingeniería Civil solo porque tu padre quería; que en la vida uno tiene que seguir lo que le gusta y si te gusta turismo entonces postula a turismo. Turismo no mamá, sino los negocios del turismo. ¿Cómo te explico?. ¿Negocios? preguntó ella y al responderle que sí, le dijo que había salido igualito a su abuelo que fue uno de los mejores negociantes del pueblo, por no decirle el mejor de los mercachifles. No te preocupes mamita, algún día voy a ser millonario y te voy a sacar de ese pueblo cagón y arrancarte de las garras de ese tacaño abusivo. Y ella, que no es cristiano que hables así de tu padre. "Te voy a enviar 500 soles por la Agencia "Breve" con eso te abres una Cuenta de Ahorros en el Banco Andino, me dictas el número por teléfono para enviarte la mensualidad que necesitas para pagar tu cuarto, tu pensión y para la academia de inglés". Y que se portara bien con los viejitos, se cortara el pelo, mejorara su modo de vestir, pero sobretodo que se mantuviera lejos de las malas compañías, que se comunique cada día, y que Dios lo bendiga.

¿Qué hizo y qué dejó de hacer? Bueno, lo que hacen todos los que andan metidos en el fumo a tiempo completo. “Una y mil pichuladas”. Mudarse de cuarto cada mes, dejar de comer para alimentar el vicio, chupar tragos baratos, trasnocharse, meterle huevo como loco a la insaciable Zoe, soñar despierto y hablar cojudez y media de todo y de todos los que llevan una vida normal, convencido de que los que andan intoxicados se saben todo lo que está escrito en los libros, lo que cuentan las noticias y todo lo que aún no está dicho, ni escrito; y que sólo a ellos les pasa cosas alucinantes y extraordinarias que la gente común y corriente ni siquiera se imagina.

Mientras en el pueblo los esposos Prado–Huallanca, no dejaban de echarse mutuamente la culpa por todo lo que les estaba pasando. Aunque en realidad a ellos nada les estaba pasando, porque cada quien seguía su rutina laboral, cada uno  seguía ganando el dinero que le correspondía y como esposos que eran seguían viviendo en la misma casa, haciendo lo que tenían que hacer todos los días, aunque esta vez su quehacer estaba dedicado a hacerse imposible sus vidas, sin preocuparse en absoluto del hijo medio chiflado, bastante malcriado y muy desubicado, que andaba metido a tiempo completo en eso de “Sexo, drogas y rock & roll”?, y al que debían auxiliar llevándolo a un especialista que pudiera más o menos repararlo, pero no. Resultaba más barato y consolador andar echándose la culpa mutuamente.

–¡Tacaño, abusivo, maricón!”.

–¡Calla cholita huevona! Gracias a tu apañamiento ese vago de mierda está haciendo lo que le da la gana y mientras le sigas enviando dinero, más cagado va a estar ese concha su madre. ¡De dónde me sales  con  eso  de maricón,  indiaymierda! Será  porque  yo  he sido  el  único  huevón  que  acabó casándose contigo solo por haberte cachado! ¡Pendejaymierda!”.

–¡Ah carajo! Ahora te crees de otro lote y hasta vivo. ¡Cutrero de mierda! Crees que yo no sé qué esa Subgerencia Regional de la que te crees su jefe sin serlo, se ha convertido en una cueva de ladrones donde tú y la rata de tu jefe se están llenando de plata con el cuento de los títulos de propiedad. Y mientras el otro se está convirtiendo en empresario, tú te estás gastando el producto de esos robos con esa pendejita que te han puesto de secretaria. ¡No me provoques baboso porque sabes de lo que soy capaz!

–¡Calla indiaymierda! No sabes ni lo que hablas. Ahí está pues el producto de tu mala crianza. Tú crees que los hijos son como las ovejas engreídas que se crían en tu ayllu, para que después de darle tanto cariño meterle cuchillo y comértelas igual que a las demás. Un hijo es un ser humano al que se debe criar como a un hombre, con reglas, con moral, con valores y con un quehacer.

–¡Abusivo, maricón abusivo! ¡Te voy a denunciar a la fiscalía por violencia familiar.

–¡Denúnciame a donde quieras indiaymierda! Mejor porque no creas tu propia ONG de maltratadas y de paso que te quejas ganas plata como todos esos huevones que viven de esos negocio. ¡Solo tú sabes los problemas que tienes en la cabeza! Contigo nadie puede vivir en paz porque te llenas el hocico con un montón de cojudeces que ni siquiera tú misma entiendes y así quieres hacerle creer al primer huevón que encuentras, que eres algo más de lo que en  realidad  eres.  ¡Cholita acomplejada!

Después de esas agrias discusiones, dejaba unos cuántos billetes para el Yeison, porque sabía que solo plata y más plata podía calmarla, hasta incluso esperanzarla de que a esa casa podían volver los buenos tiempos, y también para que si algo pasara le pudiera decir que había tenido que meterse en las malandanzas de su jefe, solo porque su hijo con el consentimiento de su madre, se había vuelto un drogadicto, hambriento de dinero ajeno, y de paso también para que lo dejara vacilar  a su gusto con la culisuelta de su secretaria que sabía moverse más que una culebra descabezada.

La única satisfacción que le quedó a ella de esas brutales peleas es que pudo reunir el “capitalito” que le pidió el hijo de sus entrañas, para iniciar sus negocios en el área del turismo internacional y que sin que ella jamás lo supiera, consistía en ir y venir de un paraje del Manu con galoneras y galoneras de ayahuasca que preparaba un chamán bamba, pero conocedor de una buena receta, que andaba metido en problemas judiciales en Lima por ser miembro de una banda de narcotraficantes y que por eso necesitaba de cualquier cantidad de dinero para los abogados, la fiscalía y los tinterillos del poder judicial. Y que después de resolver ese problema, les podría vender su chacra y enseñarles a preparar el más poderoso brebaje, porque él tenía que irse a vivir a Lima, donde lo estaban esperando un montón de clientes millonarios que querían hacerse “una limpia” para mejorar su salud y su suerte.

Pasado cinco meses, la ayahuasca del chaman Gilberto se vendía por todo el valle sagrado de los incas a través de varias empresas de turismo que ofrecían por internet a todo el mundo:

“PACHAMAMA TRAVEL S.A.C., LE OFRECE EL INGRESO A UN MUNDO SUPERIOR Y A UNA DIMENSIÓN DIFERENTE Y MARAVILLOSA, DONDE PODRÁ SER ASIMILADO POR EL PODER ESPIRITUAL DE LA AYAHUASCA PARA CURAR SUS MALES Y SENSIBILIZAR SU ALMA Y SU CUERPO. DURANTE NUESTRAS SESIONES USTED VERÁ POR SÍ MISMO EL ESTADO DE  SU SALUD, DE  SU  TRABAJO  Y EL MODO  CÓMO DEBE DESARROLLAR SUS PLANES DE NEGOCIOS Y DE VIDA, TODO ELLO VINCULADO DIRECTAMENTE CON LA SANTA TIERRA (PACHAMAMA). NUESTROS MAESTROS SON LOS MEJORES Y MÁS AUTÉNTICOS CHAMANES DE LA AMAZONIA. ELLOS EN CONEXIÓN CON LOS DIOSES Y LA NATURALEZA LO GUIARÁN POR LA SENDA QUE HAN RECORRIDO NUESTROS ESPÍRITUS A TRAVÉS DE LA ETERNIDAD DE SUS EXISTENCIAS”.

El dinero no tardó en acumularse y por eso los sueños mejoraron. Comprarle la chacra al ayahuasquero  Gilberto  y  construir  un  lodge  con  un  salón  del  misterio  para  las  sesiones  de ayahuasca, que bajo la conducción de un sabio chamán nativo, y cubiertos por el techo verde de la inmensa y enigmática selva amazónica, le ayude a los turistas a curar sus taras, su adicción al alcohol, las drogas y todo el resto de sus males.

El español Tarik era el que más contribuía al crecimiento del negocio y por supuesto el que mejor ganaba, porque los demás, lejos de volverse ricos, se habían metido en los viajes sin fin de la ayahuasca, hasta creer que ya no eran los mismos gringos que alguna vez llegaron al Perú con ansias de aventura, sino aquellos seres celestiales que paseaban dentro del alma de esa planta maestra. Y para entender mejor la profundidad de esos misterios, estaban aprendiendo a hablar machiguenga, a fin de que la soga del alma se vaya estirando más y más hasta alcanzar los cielos que les había ofrecido el espíritu sagrado que habita dentro de todos los seres vivientes, desde una ameba, todas las plantas, pasando por el hombre cósmico hasta llegar a entenderse con los habitantes de otras galaxias.

Una noche de aquellas, cuando el músculo turístico descansaba y ellos también debían descansar de tanto viaje en moto, de acá para allá  y de allá para acá haciendo el delivery del brebaje. Tarik sacó de uno de sus bolsillos una bolsita plástica con cierre zipper que contenía unos cincuenta gramos de cocaína, y sin ninguna advertencia, con la esquina de un billete nuevo se metió un par de tiros por ambas fosas nasales y del modo más natural le alcanzó la bolsa a Yeison que se mostró muy indeciso a probarla, hasta que Zoe tomó el paquete, “solo para probar la calidad” y como era buena para una ñata también se la metió por la otra, y como era buena para los dos Yeison también hizo esa fácil operación, después vino un trago de pisco y así de esnifada en esnifada se acabó la dulce botellita de aguardiente.

En esa parte de la reunión, Tarik les dijo que para mejorar la rica coca se tomaría un vaso de ayahuasca. Cuando ellos le dijeron: “¡Estás loco!”. Él les preguntó si alguna vez habían mesclado la coca con el ayahuasca, y ellos que nunca porque “una es naturaleza y la otra laboratorio”, a lo que les respondió que las dos eran plantas maestras de la amazonia y además ambas eran peruanas, y agregó: “No saben el viaje más que astral que se pierden” y después de guardar su bolsa de cocaína, tomó una de las galoneras y se sirvió todo su contenido que alcanzó a ser casi vaso y luego se acomodó para despegarse de este pequeño y absurdo mundo.

Como el español se durmió con la coca metida entre sus huevos y se había acabado el rico trago, se armaron un “burrazo”, porque en la selva habían comprado seis enormes plantas a 25 soles cada una. Ya con el baticéfalo adentro se animaron a tomar un poco de ayahuasca para saber cómo era el viaje, y si era tan bueno como dijo el que yacía plácidamente recostado, podrían ofrecerla a la exclusiva clientela que les caería en su lodge de la selva.

De los informes policiales se desprende, que luego que la pareja se quedó dormida, Tarik despertó porque nunca había tomado ni una sola gota de ayahuasca, sino que eran las sobras de una chicha de jora que tenía guardada en esa galonera. Después le hizo todo lo que quiso a la inconsciente Zoe y como era un pervertido, para hacerle saber a Yeison que no era ningún maldito bereber como el andaba bromeando, se lo violó a su regalada gana, no solo para hacerle daño, sino porque eso le gustaba.

Y no contento con eso al atardecer se llevó a la Zoe al cementerio de la comunidad vecina para violarla otra vez en ese camposanto, porque así le gustaba supremamente al degenerado. Pero cuando estaba buscando un lugar para hacer su maldad, de un montículo de tierra salieron unos campesinos borrachos que estaban queriendo acabar todo el trago que había sobrado del entierro de un familiar. Como la pinta del degenerado era igualita a la de un ñacacho, a pedrada limpia lo dominaron y por poco lo matan. Cuando vieron el bulto que con mucho esfuerzo cargada el  pervertido, era  una muchacha completamente calata.  Después  de  golpearlo, lo amarraron y se los llevaron, a ella a la Posta Médica. A él lo entregaron a la policía de la carretera, que inmediatamente le quitó todo su dinero, su reloj, su celular y su bolsa de cocaína. Después de esposarlo lo llevaron a la Posta Médica para ver a la muchacha y de allí a la comisaría.

Se sabe que cuando el jijuna ya estaba a punto de arreglar su cagada con el comisario, alguien le advirtió que la Zoe era sobrina de un jefazo del cuerpo y ahí nomás se acabó la suerte del maldito. El coronel Moncada se encargó de averiguar que el perverso tenía la visa vencida y además una notificación roja de la Interpol por haber violado y asesinado en un cementerio a dos chiquillos en una isla que se llama Menorca que está en algún lugar del mar mediterráneo. Y de paso le endilgaron la muerte de una muchacha que se suicidó en ese mismo cementerio, porque en su carta de despedida había escrito que se quitaba la vida porque estaba sucia y envilecida por culpa de un maldito.

Lo triste de este asunto fue que cuando un policía paisano de Yeison para su mala suerte era su paisano que estaba metido dentro de la investigación, se enteró que la víctima varón era hijo del Subgerente Regional que se negó a darle trabajo a su hermana a pesar que ella le había dado todo lo que le pidió hizo correr esa noticia que como reguero de pólvora se difundió por el pueblo, pero no como que Yeison había sido violado bajo los efectos del clorhidrato de cocaína, tetrahidrocannabinol y la dimetiltriptamina, sino que era "un cabro de mierda que había mandado a la concha de su madre a su propio padre" y que le sangraba toda la plata que quería a sus padres, porque sabía que su progenitor estaba robando a lo grande en el Gobierno Regional.

Después de ese incidente, el tío tombo de la Zoe, revolver en mano, lo sacó del Cusco diciéndole que todo el costal de marihuana que hallaron en su cuarto era de él solito. Que junto al español habían secuestrado a su sobrina para violarla, porque los dos eran unos maricones sádicos y que si lo veía si quiera un minuto más por la ciudad, lo incluiría en el atestado policial del español y los enviaría juntos a Quencoro, para que el “Satán” que fue el alias que la policía le montó al depravado, se lo viole todas las noches y lo venda como maricón insaciable a los demás presos.

Así fue cómo el niño volvió a casa. Después del examen de admisión se matriculó en la Escuela Académico Profesional de Turismo, Hotelería y Gastronomía de la universidad particular del pueblo, para ser lo que no le interesa. Mientras tanto se viste bonito y de marca, se enamora de un culito simpático y medio loquita, se regala a las demás hembritas para decir que no es ningún maricón, pero no deja para nada el troncho y por eso anda con todos los fumones de la comarca, o sea la gente chévere pues.

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–Pero franquito, solo para nosotros, ¿cómo es que te ha pirobeado ese loco? ¿Tan pasado de vueltas estabas? –Suplicó el motero.

–¡Chismosos de mierda para eso les invito un troncho!

–Solo para saber nomás pues huevón. Para aprender a cuidarme.

–A ti quién mierda te va a culear baboso , si eres más feo que una caca, en cambio a este pasñahuya sí que se lo han culeado, sino de dónde ha salido la noticia. –Comentó el Brayan riéndose.

–¡Calla concha tu madre, a mí nadie me ha culeado jamás! ¡Déjate de hablar huevadas, baboso de mierda!

–¡Que tienes hijo de puta! ¿Por qué me mentas la madre?

Y ahí nomás se armó una bronca de la gran flauta que el motero no pudo sofocar, hasta que el Brayan cayó al suelo con la cabeza rota por una pesada botella de champan que andaba por ahí a medio vaciar desde el año nuevo.

–¡Lo mataste cabroymierda! –Grito el pacificador al tiempo que puso los pies en polvorosa, para llamar a su pata tombo y se llevara al cabroymierda, pero sin involucrarlo a él para nada.

 

sábado, 15 de agosto de 2020

LA SOMBRA


De repente aquella extraña criatura fue asumiendo su condición de bestia. Primero comenzó a modificar grotescamente la comisura de su hocico de donde le salía una baba que rápidamente se secaba, no sabría decir si era por el contacto con el aire o por el fiero aliento que le seguía. Después sus ojos comenzaron a llenarse de aquel vidrioso brillo que muestran las alimañas antes de su mortal ataque. Sus pelos se erizaron, mientras su cuello, sus orejas y sus pómulos comenzaron a llenarse de sangre hasta mostrar un grotesco color parecido al rojo. Seguidamente su cuerpo fue hinchándose cuán gordo era hasta acomodarse a esa monstruosidad.

Con voz gutural y sin dirigirse a nadie, gritó: –¡Yo soy el Gerente! –Y casi todos los que estaban en esa oficina asintieron llenos de temor. Enseguida se dirigió al hombre que muy sorprendido lo miraba pensando. “¿Qué le pasa a este patán? De ser gerente es gerente,  porque de la noche a la mañana, un cacaseno igualito a él, de un plumazo lo ha convertido en gerente. ¿De qué duda? ¿Por qué se inquieta hasta este horrible extremo?”

Mientras el Transformers estaba metiéndose a la cabeza que era gerente y hacia todas las muecas y movimientos del caso para que sin serlo por lo menos parecerse, pero no tuvo éxito, a pesar del esfuerzo que hacía toda su comparsa para decirle con sus expresiones llenas de complicidad, que sin lugar a dudas él era el gerente, su gerente, pero no pudo lograrlo por eso de que: "nadie puede ser, lo que no es".

En ese punto se podría decir que su problema era que aún no había logrado desarrollar la suficiente autosugestión como para saber por si mismo qué era ser un gerente y lo que además debía hacer en ese cargo, y como para su desgracia eso no era así, no le quedó más remedio que exhibir una grosera prepotencia con sus subordinados para hacerles saber que era superior a todos porque era el gerente, aun cuando delante de ellos mostraba una mansa sumisión con los que estaban por encima suyo. Además estaba muy convencido que asumiendo esa falsaria conducta, todos los trabajadores, administrados, usuarios y paseantes pensarían que era el mejor gerente que jamás haya sido designado en ese gobierno regional.

El extrañado pensante se puso a recordar que en algún curso había aprendido que un Gerente era una persona que estaba encargada de la dirección, coordinación o administración de una empresa, una institución u organización, y a pesar de que esa misión varía según las características del contexto donde se actúe, eran seis las responsabilidades básicas de la esencia de su saber: (1) incrementar el estado de la tecnología de la organización; (2) perpetuar la organización; (3) darle dirección a la organización; (4) incrementar su productividad; (5) satisfacer a los empleados; y (6) contribuir con la comunidad. También se acordó que el hijo de su amigo había obtenido esa condición sólo después de haber estudiado dos años en una escuela superior de estudios y a un costó más de 60 mil dólares.

Y en medio de esos recuerdos que lo distraían de las tribulaciones de aquel megalómano, de repente sintió que dirigiéndose a él, le gritaba.

–¡Yo soy el gerente! ¡Soy el gerente de aquí, de allá y de donde usted trabaja! ¡Yo soy el gerente y todos ustedes están bajo mis órdenes! –Y el extrañado, recién pudo percatarse que por fin aquel "sietezuelas" había encontrado la esencia del gerente que según él creía que debía ser, es decir, un psicópata.

–¿Y cuál es el problema? –Le preguntó muy tranquilo el extrañado. 

–¡Yo a ti te he llamado por teléfono!, y lejos de venir inmediatamente, tú le has llamado a mi secretaria para decirle que es lo que yo quería. ¡Eso no se lo voy a permitir! –Le gritó sin mirarle a la cara. 

–Usted no me llamó, ni yo le respondí. Su secretaria llamó a la secretaria del lugar donde yo trabajo, para decirle que me diga que debía acercarme a su oficina para firmar un Acta, pero como yo no le conozco a usted, ni sabía por qué o para qué debía firmar ese acta, es que llamé a su secretaria para que me aclarara ese punto, cuando me dijo que solo se trataba de una reunión, fui el primero en venir.

–¡No!, tú has dicho que no te daba la gana de venir y eso no lo voy a permitir mientras yo sea el gerente, y porque además todos ustedes paran hablando un montón de cosas….. –Y después de decir una pila de mentiras y otros disparates más, no dijo exactamente de qué cosas se trataba, pero dio a entender que detrás de la imaginaria conducta que estaba reprochando había un montón de intrigas y conspiraciones que el empleado no alcanzaba a entender, porque no andaba metido en las sonseras en las que neciamente se perdía tiempo y dineros en esa y todas las gestiones regionales que le antecedieron y por supuesto las que vendrán.

–¡Escúcheme! –le dijo el empleado alzando la voz. –Aquí no va usted a decir mentiras, porque la mentira distorsiona la realidad y una realidad deformada destruye la lógica y sin lógica nadie jamás se va a entender y sin entendimiento no vamos a conocer nada y si no conocemos nada, todos vamos a resultar unos ignorantes.

–¡Yo soy el gerente, así que contigo no voy a discutir nada! –Gritó como para poner fin a ese asunto que no había hecho más que enredarse, y cuanto más confundido estaba, más energúmeno se ponía ser para salvar su apariencia de gerente.

Y mientras el empleado seguía alegando por su derecho a ser reconocido y tratado como una persona humana y otras cosas más, el gerente se salió de su oficina a trasladar ese lío a su secretaria, porque el que estaba adentro tenía toda la intención de hacerse respetar. Pero como los gerentes regionales no tienen ninguna obligación de respetar a nadie, porque su deber es solo mangonear sin saber porqué ni para qué, estaba demás perder su tiempo con un empleado al que además, él como gerente que era, podía despedir e incluso denunciarlo por delito contra la autoridad y esas otras fantasías jurídicas que los mandamases provinciales creen que tienen dictadas a su favor.

La estúpida reunión a la que había sido malamente convocado aquel empleado, era para tratar el traslado de ciertas funciones que debían ir de un lado para otro dentro de la misma gerencia, y que a él en absoluto le interesaba. Porque al igual que muchos otros empleados, este también ya estaba harto de cómo estos "buenos para nada y malos para todo" manejaban a su antojo o según su mediocre criterio la gestión y los dineros de estos gobiernos regionales, las más de las veces violando flagrantemente las leyes y sólo en el afán de favorecer a unos y perjudicar a todos.

Para él lo que simplemente debía hacerse en este país leguleyo, era lo que las más de 30,000 leyes, 150,000 decretos supremos, un millón de resoluciones ministeriales y otro tanto de directivas ordenaban, y punto. En ese sentido poco o nada le interesa, lo que al margen de la legalidad esos facinerosos decidan, aun cuando mucho le doliera que lo hicieran en agravio de la gente de esta pobre región que dizque gobiernan, y más aun cuando se imaginaba que por todas esas barrabasadas estos gerentes cobraban, sin la menor vergüenza, un montón de dinero.

Después de aquel trago amargo plagado de prepotencia, mentiras y confusión, buscó la forma de calmarse atendiendo lo que más le calmaba. Cuando ese estúpido incidente ya se había trasladado a la papelera de reciclaje de su mente, por la tarde se aparecieron en su oficina un grupo de trabajadores a quiénes las secretarias que provocaron esa desazón, les habían informado con pelos y señales del muy malcriado modo cómo él se había comportado en aquella gerencia, y que por eso aquel gerente que era una “mierda……” y que “.....por tu mala conducta ya no nos van a transferir las competencias…..”.

Y así, por boca de estos visitantes se fue enterando que, por ahí existían unas cuántas y agotadas competencias, que hacía más de cuatro años debieron transferirse a esa oficina por mandato de la Ley de Bases de la Descentralización, "pero que el corrupto, ratero, pendejo y conchadesumadre" que anteriormente había manejado también a su antojo esa gerencia, se las quedó en su poder, porque vio que con un cutrero manejo de esas funciones podía volverse millonario, y así lo hizo.

Y no pasó nada, porque escrito está en el "código de honor" de las mafias políticas que gobiernan esta triste y paupérrima región andina, que la cadena productiva de la corrupción jamás debía romperse, porque sino se echaría a perder para siempre ese pingüe negocio. Entonces si no hay esa ganancia para qué serviría ser político y funcionario de su Alta Dirección. Nadie va a invertir un millón de soles en una campaña electoral, para luego decirle a sus paisanos: "¡Ya soy el elegido por todos ustedes, para qué puedo ser bueno"!, y olvidarse de la millonaria inversión que tuvo que hacer para ser elegido el masmás de aquella comarca. "¡Eso sería de lo más huevón!"

Pero ahora la cosa era distinta, porque los nuevos consejeros “a caballazo”, como decían los que se oponían, habían votado un mandato que ordenaba el inmediato traslado de unas funciones que estaban en esa gerencia a otra oficina. Aunque esa orden provocó una gigantesca olla de grillos en las más altas esferas de la administración regional, en realidad no revestía un interés de primer orden, porque después de tantos años ya no era gran cosa lo que legalmente se podía hacer con esas competencias, y menos aun cuando con ese traslado se podía destapar las miles de trapacerías que se habían hecho con el uso y el abuso de esas funciones, cuando lo lógico y correcto era seguir tapando toda esa caca, para que pueda continuar con corruptela que también se hacia en las otras gerencias de ese organismo enfermo.

Después le contaron, que a pesar que ese gerente estaba haciendo hasta lo imposible para que esas funciones se quedaran ahí donde estaban, no le quedaba más remedio que trasladarlas, porque no quería ni le convenía mantenerse en permanente pleito con los consejeros, que "en realidad no son ni mierda, pero pueden ser peligrosos"

Nunca se supo si era porque sobre él nadie más debía mandar, o porque tenía miedo a ese fantasma que los políticos llaman  “la democracia” a la hora de postular a un cargo de elección popular, pero que odian a muerte cuando son elegidos, pues eso de: “¡Aquí nadie manda. Aquí manda la Ley!” Eso era muy cojudo.

Lo que más le molestaba era, porqué los anteriores gerentes habían hecho lo que les daba la gana y ahora él no, y encima tener la desgracia de enfrentarse durante todo su mandato a esos animales que a "caballazo limpio” estaban aprobando normas regionales que no le convenía a su gerencia e incluso a propio presidente regional. Así, tampoco, tampoco era la cosa.

Resulta que en ese salvaje tire y afloje entre el “ejecutivo” y el “legislativo”, como huachafamente les gustaba llamarse a ambos bandos, se metieron en un palurdo pleito todos los que querían estar metidos "para ganarse alguito", porque entre esos dos grandes "poderes" estaban discutiéndose varios asuntos importantes que nada tenían que ver con el desarrollo de la región. Así que en esas cerriles y grotescas batallas ideológicas y políticas, todo ese enjambre de polichinelas acabaron reemplazando los asuntos que debían hacerse en cumplimiento de las leyes, con el morboso afán que engendran las intrigas, las confabulaciones, las maquinaciones, los complots, los cabildeos, los enredos, los chanchullos y las falsas y malintencionadas interpretaciones de las normas que hacían los abogados al servicio de cada cual, para anotar un gol en ese partido de todos contra todos, y todos contra la población de esa región.

Al final resultó que todos esos aborrecibles y ciegos pleitos, solo producían un inmenso nubarrón de dimes y diretes y un increíble caudal de chismes que terminaron confundiendo aquellas ya de por sí embrutecidas mentes, como la del energúmeno ese que alucinándose gerente se dedicaba a atropellar sádicamente a los que no conocía, porque ya tenía por cierto que se trataba de un miembro de la contraria, de la otra provincia, del enemigo. A quien había que tratarlo sin piedad, pero sobretodo hacerle saber quién era quién, y lo malo que la podían pasar los empleados si chocaban con ellos, los jefes.

En medio de esa charla que más se parecía a la narración de una telenovela de intriga, drama, suspenso, comedia, malos amores y todos los condimentos que tienen esos culebrones, les preguntó.

–¿Dónde estamos?

–¡Cómo donde estamos!, estamos en la oficina pues. ¿Por qué nos preguntas eso? 

–¿A que venimos a la oficina? –les volvió a preguntar. 

–¡Pues a trabajar! –respondió uno de ellos.

–¡Claro!, a trabajar y por eso nos pagan, y no solo eso sino que de nuestro trabajo se espera mucho. Todos nosotros tenemos la obligación de hacer algo para que la extrema pobreza, la desnutrición crónica infantil y las enfermedades asociadas a ella, así como el alcoholismo, el analfabetismo, la minería ilegal, la contaminación  ambiental,  la miseria intelectual y todas esas otras taras que acosan y penetran nuestras pobres almas, desaparezcan aunque sea un milímetro de la faz de nuestra tierra. Sin embargo nos estamos dedicando a engañar y a engañarnos metidos en este inmenso y psicótico pleito liderado por unos pobres huevones que creen que han llegado a ser gerentes, directores o jefes de la administración pública regional para andar metidos las veinticuatro horas del día en maquinaciones, intrigas y complots, como si estuvieran en el congreso de la república, donde los congresistas provincianos van a ufanarse del poder que le han obsequiado sus ignorantes electores; mientras sus colegas limeños que viven en Estados Unidos, Europa o Japón, sacan las leyes que se cumplen desde los ministerios para saquear al país a cambio de una coima. –Mientras estaba diciendo todo esto fue interrumpido con algo más importante que todo lo que se estaba hablando.

–¿No saben la última? 

–¡No! ¿Cuál es? –Preguntó con curiosidad. 

–¡Al jefe lo van a cambiar mañana! Eso lo sé de un pata que es amigo íntimo de uno de los consejeros. Y a ese consejero se lo ha dicho un asistente de la gerencia regional porque así se lo dijo un empleado de la oficina de asesoría jurídica que ha redactado la resolución del nuevo jefe. –Lo dijo con la boca y la voz de quien nos estaba llenando con la enceguecedora luz de un feliz vaticinio que solo él había tenido la dicha de saberlo. 

–Pero si al jefe lo están echando desde el primer mes que lo designaron y hasta ahora no pasa nada. –Refutó y agregó. –Con esa amenaza de la despedida inminente, los tienen cogidos del pescuezo a todos estos jefecitos para que se porten bien y no estén haciendo lo que les dé la gana, menos aun lo que la Ley ordena, porque para estos corruptos, así no es la vaina.

–¿Y quién lo va a reemplazar? –Le preguntó lleno de curiosidad uno que estaba seguro que sabía quién era el nuevo llamado al reino de las sombras. 

–¡El perro Dantón! –Soltó la novedad esperando un aplauso. 

–¡Estás hasta las huevas! ¡No sabes ni mierda! A ese cojudo nadie lo hace jefe de nada, ni a él mismo le interesa. Está feliz con las cutras que hace mientras todos los huevones como nosotros, nos estamos preocupando de quién será quién. Ni el propio cojudo que cree que por ser gerente tiene derecho a insultar gratuitamente a los empleados sabe quién es, y tú vas a saber. –Desmintió otro que por chismoso sabía más de lo que no iba a suceder, que lo que estaba sucediendo, y agregó. –¡Quién fuera que sea!, a nosotros que nos importa, pues el nuevo jefe hará exactamente lo que ha hecho este, que dicen que se va, pero no acaba de irse nunca. 

Dicho esto y para que no se diga más, por lo menos en su delante, el trabajador ofendido se fue algún lugar donde no pudiera alcanzarle esa morbosa neblina que envolviéndolo todo, todo lo rebajaba, lo envilecía, lo pervertía.

Mientras tanto en las radios, la televisión local, en los pasillos de las oficinas, en las calles, en las cantinas, en los dormitorios, en las mesas de los comedores de todas las ciudades y pueblos de aquel departamento, la discusión de quién era quién, y dentro de todos ellos quién era el masmás, estaba enfocada a establecer, no unas categorías de poder local sino de responsabilidad, pues todos querían saber quién o quiénes eran los culpables de la catástrofe social, económica y cultural por las que infelizmente desde que funcionan estos gobiernos regionales se sufre en estas tierras cordilleranas.

Todo lo que se decía que pasaba y lo que dejaba de pasar, eran sombrías historias de sujetos corruptos, carentes de afecto hacia sus semejantes, de desvergonzados manipuladores, de egocéntricos narcisistas que no podían controlar sus rapaces impulsos. 

Pero para el colmo de todos los males, también de psicóticos gerentes, jefes,  directores y hasta descolocados empleados mandando, desgobernando y disponiendo impunemente del erario público y cometiendo groseros abusos de autoridad, tráfico de influencias,  nepotismo,  acosos  sexuales, robos descarados, opíparos banquetes, borracheras salvajes, y Trucutú: "¡Amarra a tus locas!".

La fantasía popular sobre estos temas no tenía límites, pues a medida que pasaba el tiempo iban creciendo como una bola de nieve, porque casi todos los empleados que debían hacer responsablemente sus tareas por las cuales, no los jefes, sino el Estado les pagaba, estaban metidos de lleno en esa larga, delirante, alucinante y gratuita chismografía, alimentándola como a una víbora gigantesca que amenazaba con despertar y destruirlos. Gracias a esa agobiante asfixia, la razón quedó quebrada así: "Todo lo que estaba pasando no estaba pasando, aunque pareciera que estaba sucediendo".

Las sombras de ese brutal quiebre de la racionalidad y caos moral, habían llegado a esa pobre región para quedarse eternamente, sumergiendo a toda su población en una  invisible ceguera colectiva, que no les permitía darse cuenta de la oscuridad en la que estaban metidos.

De modo que no sería nada extraño que aprovechando esas sombras, otra vez salieran del mismísimo infierno los pervertidos que justifican sus sanguinarias existencias cometiendo execrables actos de violencia terrorista, que ya habían matado a miles en estas tierras y depredado sus pobrezas, por culpa de las conductas brutalizadas de esos gerentes, jefes, directores y serviles empleados que a espaldas de todos sus gobernados, están construyéndose una sociedad donde reine el abuso del poder, la corrupción, la exclusión, la intolerancia y la supresión de la dignidad humana, y con esa canalla actitud acaben provocando a los que tienen controlados sus pensamientos, sus comportamientos y sus emociones en la ilusión de horrorosas patrias sangrientas.

Para que una vez más estos irracionales fanáticos que parecían aniquilados, un mal día de todos los que padecen estos pobres pueblos resuciten y en nombre de todos los indigentes de estas cordilleras se encarguen de acabar hasta con el más mínimo atisbo de la convivencia básica y elemental que necesita la supervivencia de los hombres que cruzando el estrecho de Bering y navegando gigantescos océanos, hace miles de años llegaron a esta parte de los andes para vivir en paz, alegría y abundancia.

domingo, 9 de agosto de 2020

LA FIESTA FAMILIAR

–¿Vas a ir a la fiesta de los Maldonado? 

–Tengo que ir pues. Si mi mujer, que nada tiene que ver con esa majadería, ya ha puesto la cuota para el almuerzo solo porque le encantan esas sonseras. 

–Yo también tendré que ir, porque ya me han jurcado para recordarme que en mi borrachera del año pasado, me había ofrecido diez cajas de cerveza. Voy a cumplir pues, para que ninguno de esos huevones que se creen ejemplares empleados públicos, empresarios y hasta líderes políticos, vayan diciendo por ahí que no tengo plata y menos palabra de hombre. 

    Esa conversación se repetía, con más o menos el mismo tenor, en muchas partes del pueblo y en la comunidad de Samanapata. “Yo debo un torete”. “Yo cuatro carneros”. “Yo dos chanchos”. “Yo un castillo de fuegos artificiales”. “Yo seis bombardas de tres tiempos”. “Yo el equipo profesional de sonido”. “Yo a la cantante Florecita de Sicuna”. “Yo un ciento de gaseosas para los chicos”. Aunque todos de buena gana no querían ir, pero mal que les pese tenían que ir para no quedar mal con los “pulgosos”, “piojosos”, “abigeos”, "ccalasiquis", “ccarcatacas” y también con “los funcionarios cutreros”, “los empresarios coqueros”, “los mineros ilegales” y todos los demás distinguidos miembros de esa familia, comunidad, aldea y distrito. 

    Sea como fuera. De buena o mala gana. Por compromiso o simplemente para no quedarse atrás, tenían que ir a la “Fiesta de los Maldonados” y de la santísima virgen de la Natividad, patrona de Samanapata. Y aun cuando algunos habían decidido que jamás irían, después de haberse tomado dos o tres cervezas en cualquier cantina se aparecían en la fiesta. “¡Porque tenemos derecho pues!”, y bien que lo tenían, porque sin que les costara un solo céntimo, podían comer y beber como vikingos, y hasta bailar como Cantinflas. 

–¡Ta’ madre, por tu culpa casi no venimos! –Le endilgó Crisóstomo al otro. 

–¡Cuál por mi culpa! ¡Es por nuestra culpa!, porque los dos estamos tan misios que no podíamos pagarnos una botella más en esa chingana. –Se defendió Remigio. 

–No importa que ese huevón del Hilario o ese cojudo del Panchucha se crean de otro lote como para venir a esta fiesta a tirarse los discursos que les da la gana, en honor de su mujer, sus hijos, sus viejos y toda la gente que le parece importante, porque según él son sus parientes, aunque los otros lo nieguen. Con tal que no falte el combo y el trago, todo se puede soportar. ¡Ahorita mismo me voy a sacar a bailar a esa chinita coqueta que está más rica y jugosa que una tuna! –E hizo el ademán de levantarse frotándose las manos. 

–¿Y si resulta siendo tu pariente? –Sembró la duda Remigio. –Mejor pues. “A la prima sobre la tarima. A la tía con mayor garantía” 

–¡Ccarccacha! –Gritó bastante entusiasmado. 

–¡Ja, ja, ja, ja! –Se rieron de buena gana. 

    A pesar que estas reuniones están organizadas para unir a los paisanos, nadie quiere recordar que desde su comunidad han llegado a este pueblo huyendo de la "guerra sucia" que los terrucos y los cachacos habían sembrado en estas cordilleras sólo para matar a los comuneros y campesinos más humildes, y también para vanagloriarse que estaban aplastando al enemigo en esa batalla. Porque los que debían morir en esa revuelta ya habían sido despojados de sus haciendas, sus fundos y sus querencias todavía en los tiempos del chino Velasco. 

    Pero lo que empezó como la mesiánica ilusión de unos cuántos, esta se hizo cada vez más grave cuando comenzaron a matar autoridades, dirigentes comunales y atacar e incendiar comisarías y municipalidades, y reventó cuando el gobierno declaró en Estado de Emergencia estas provincias. Fue entonces cuando comenzó el infierno de los aniquilamientos, el reclutamiento forzado de niños, la violación de las mujeres de cualquier edad, las prisiones clandestinas, las torturas, las desapariciones forzadas y las muertes cotidianas. Cuando las cosas se pusieron así de graves, miles de campesinos salieron en estampida de sus pueblos a lugares como estos, donde se había instalado un Comando Político Militar. 

    Como ese alboroto demoró más de quince años, los fugitivos terminaron avecinándose en el pueblo donde acabó su huida. Casi de inmediato, apelando al ancestral ayni construyeron sus viviendas en sus contornos. Luego empezaron a trajinar entre este refugio y la comunidad para procurarse lo que proveía la pachamama. Los que emigraron con dinero criaron y educaron a sus hijos, y cuando de la noche a la mañana acabó esa salvaje locura que los marcaba como terrucos, empezaron a hacer notar lo buena gente que eran o que podían ser, siendo vecinos de ese lugar. Los demás volvieron a Samanapata a seguir siendo lo que siempre fueron: comuneros. 

    Con los años los hijos de unos pocos llegaron a ser profesionales, empresarios y hasta políticos. Fue entonces cuando comenzaron a buscarse, a encontrarse y a reunirse, no como lo hicieron sus padres para compartir las lamentaciones de sus destinos fieramente arrancados de sus escenarios, sino para presumir, al menos entre ellos, el nuevo status que habían alcanzado. 

    No pudieron hacerlo frente al pueblo entero porque sus moradores originarios, que se creían descendientes de los blancos españoles y por eso hacendados, se habían mudado a Lima el día que llegó la carretera, de eso hacía más de cincuenta años atrás. De modo que ahora el "pueblo nuevo" está habitado por todos los mestizos que se diferencian en hatajos formados por los ex colonos de las haciendas que se devoró la Reforma Agraria, por todos los refugiados que había expulsado aquella violenta y banal "guerra sucia" y por los que desde algún buen tiempo habían llegado a sus calles con el deseo de hacer fortuna en el comercio, y sumados a todos estos, gobernando y disponiendo del pueblo entero, los infaltables funcionarios públicos. 

    Como lo hicieron los refugiados de las otras comunidades, no tuvieron más remedio que juntarse entre sí, y una buena manera de hacerlo para diferenciarse los unos de los otros, era festejar el día de la familia o del santo patrono de su pacarina. Quizá algún día los hijos de estos avecinados, llegarán a mezclarse para entre todos transformar este babélico pueblo en algo así que pudiera llamarse ciudad con sus raleas políticas, económicas e intelectuales, mientras tanto seguirán conviviendo solo entre ellos y a su modo pueblerino. 

–¡Mira que huachafo ha llegado ese huevón!, con terno negro común y corriente, pero para diferenciarse de todos con corbata michi. –Exclamó Crisóstomo. 

–Y su mujer no se queda atrás. ¿Dónde mierda se ha visto que se deba llegar a un almuerzo con un vestido de noche y un paraguas para hacerse sombra? Entonces si lloviera esa mamacona se vendría con una sombrilla. –Observó Remigio. 

–Como son hijos cariñosos y responsables se han traído en esa vetusta y destartalada silla de ruedas, al machula Mamerto que hace rato debe haber pasado los cien años. No es que sean cariñosos, sino que tienen miedo que el viejito se les muera de susto en su casa pensando que lo han abandonado y sin que les diga donde tiene escondido sus libras esterlinas y sus macuquinas de oro y plata. 

–¡Carajo! –Interrumpió abruptamente. 

–Habiendo tanto cojudo en quien fijarse, lo haces con el pobre anciano. ¡Qué te ha hecho el viejito? Más bien fíjate si al machula le alcanzan una cerveza para que disimuladamente te lo traigas a la mesa. 

    De un momento a otro se escuchó a todo volumen una voz impersonal que lentamente decía por unos poderosos altavoces: “Uno, dos, tres, probando, probando”…… “Uno, dos, tres, probando, probando”, hasta que por fin el manipulador pudo decir “Okey”, y tomó la posta un animador para anunciar. 

–¡Señoras y señores, con el calor de este hermoso día y la luminosa alegría de todos los niños que nos rodean, les damos la bienvenida a los integrantes de la familia Maldonado, ¡¡Un aplauso para todos ellos!! –Reclamó a viva voz y continuó. –Como todos los años nos encontramos reunidos en este grandioso evento, esta vez gracias a los cargontes don Anastasio Vilca Camero, su esposa Raymunda Maldonado Checcalla y las dignísimas familias de ambos, para quienes pido un caluroso aplauso! –Luego siguió anunciando la grata presencia de todas las personas que le habían favorecido con el alquiler del equipo y de sus servicios como maestro de ceremonias. “Un fuerte aplauso para el señor Leopoldo Sánchez Lucero”. “Un cariñoso aplauso para nuestro estimado Paulino Chalco Villavicencio”........ 

–Mira al cholo Pilco. Un poco más y ese abigeo se alucina magistrado del Tribunal Constitucional, porque anda con terno. Cree que porque está estudiando derecho en la universidad que le da alas a todo el mundo, ya es abogado. ¿Por qué andará siempre flaco ese huevón? 

–Porque así flaquito y descalcificado nomás, le convine a su mujer. 

–¡Claro!, como no tienen plata, tiene que andar a dieta si es que quiere educarse en una universidad privada y andar día y noche con el único vestido que tiene. 

–No es por eso. Si es que su mujer le hiciera comer carne, leche, huevos, pescado, al cholo le crecerían los cachos hasta el cielo, que hasta los tombos cazadores lo seguirían con sus AK–47 para meterle un balazo. 

–¡Ja, ja, ja, ja! 

–¡Mira allá está el indio Montesinos!, que cree que es un CPC o sea Conchudo, Pendejo y Corrupto. Ese indio tiene la mala costumbre de tirarse como una alfombra a los pies de los jefes que ganan las elecciones, para agarrar algún carguito de confianza y seguir robando a sus anchas, y lejos de las oficinas donde todos saben que es un cutrero avezado, alucinarse un gran funcionario. 

–¡Y no será! Si hasta a su jefe ha traído, aprovechando que esta fiesta no le cuesta ni un solo céntimo. Pero sin embargo seguro que ahorita mismo le está diciendo que esta reunión le cuesta el sudor de la mismísima frente con que se rebaja hasta hacerla chocar con el piso, desde donde pide la limosna de un puestecito. ¡Lluncu de mierda! 

–¡Un saludo para el CPC Emmanuel Montesinos Chalco, Jefe del Área de Abastecimientos de la Gerencia Regional de la Producción y al distinguido funcionario que lo acompaña! –Se escuchó por los altavoces y ahí nomás casi se les revienta el hígado al Crisóstomo y al Remigio. 

    Después de tantos saludos y el pedido de miles de aplausos, que no fueron los únicos y que se repitieron a lo largo de la tarde y bien entrada la noche, a eso del mediodía se anunció las palabras del cargonte, quien bastante sudoroso y haciendo de tripas corazón, se limitó a agradecer la bondad que habían tenido para él y su familia por haberles confiado el cargo para seguir festejando el día de la familia Maldonado en la fiesta jubilar de la Virgen de la Natividad patrona de la comunidad de Samanapata. Luego les dio la bienvenida a esa reunión y finalmente les agradeció de todo corazón que le hayan cumplido a la virgencita con sus promesas. 

    A los airados reclamos de su esposa y sólo quitándole el micrófono al animador, porque en este país las mujeres todavía no tienen derecho para hablar en público, tomó la palabra para decir lo mismo que su marido y para recordarles a todos los conchudos que aún no habían cumplido con su ofrecimiento a la santísima virgen, que ese era el momento para hacerlo, y acabar diciendo desafiante. 

–¡A ver compadre Paulino Amézquita Maldonado!, quiero ver si usted cumple con su palabra de ser el cargonte para el próximo año! –Con la mirada cargada de sorpresa y de infinita rabia porque nunca se habían ofrecido para nada, los Amézquita recibieron el más grande aplauso de toda la fiesta. 

    Después a exigencia de hasta cuatro presentes en el escenario, el animador se vio obligado a anunciar las palabras de todos los oradores espontáneos, que dijeron todo lo que hay que decir en estas reuniones y que podía resumirse en estas palabras: “Unión, “Amor”, "Solidaridad", “Esfuerzo”, “Lucha”, “Generosidad”, “Ama sua, ama llulla y ama ccella” y “Yo, y yo, y yo.…… y más yo”, para decir que después de todo, ellos también eran. 

    Cuando todos esperaban que el último orador iba a decir más de lo mismo, les salió con la narración de una particular historia de la familia Maldonado que todos escucharon con desconfianza, porque quizá se trataba de la historia de otra familia, pero de la que festejaban, jamás. Como la memoria de ese antiguo ayllu y reducción de indios se había perdido en la oscuridad de la dominación española, todos convinieron en aceptarla como cierta, siempre y cuando se le diera igual crédito a los orígenes hispanos de la suya propia. 

    Que en la historia del virreinato peruano se registra el nombre de Diego Maldonado de las Trinitarias, del antiguo y noble linaje gallego de Aldana que procede de Teodorico, rey de los ostrogodos. Un buen cristiano, natural de Santiago de Compostela que se había embarcado del puerto de Palos en España; que había llegado a una isla americana que los europeos llamaron La Española y que hoy es la república Dominicana; que de allí viajó a Panamá, donde fue reclutado por Francisco Pizarro para participar en el descubrimiento y la conquista del Perú; que había conocido personalmente al Inca Atahualpa antes de su muerte; que había viajado con Pizarro al Cusco; que había peleado en las batallas de Abancay y Chuquinga donde por su valor fue ascendido a capitán de la corona española; que como pago a sus esfuerzos en la conquista del imperio de los incas recibió la encomienda de Samanapata donde fundó el pueblo de sus amores; que trajo desde España la sagrada imagen de la Virgen de la Natividad, y que finalmente procreo y crió con mucho amor a sus diecinueve hijos en los ciento diecisiete años que Dios y la virgen le dieron de vida, y de los cuales todos ellos eran sus descendientes directos. 

–¡Ese tío está más loco que una cabra! Un poco más y nos dice que, como ese tal Diego Maldonado era de sangre real, todos los cholos que estamos reunidos aquí también somos de sangre azul. La verdad es que todos los machulas de Samanapata conocen que ese lugar pertenecía al ayllu de Ccocharima por la laguna que existe encima del pueblo, que cuando corre el viento levanta unas pequeñas olas que se golpean contra las piedras de sus orillas produciendo un alegre murmullo y que por eso se llama "la laguna que habla"; que lo de Maldonado les viene del empleado de un hacendado que en sociedad con el Prefecto de los tiempos de Ramón Castilla explotaban unas minas de oro que existen en sus punas, y que ahora ambicionan los gringos. ¡Pero no todos somos hijos de ese Maldonado. Ni que este hubiera sido un poderoso cututo capaz de preñar a todas las mujeres de la comunidad. Todos somos hijos de todas las sangres como decía el maestro José María Arguedas. 

–¡Carajo Remigio, ahora me sales con que tú también eres historiador! –Se burló su acompañante. 

–¡Eso lo sabemos todo el pueblo! Lo que pasa es que no queremos saberlo cuando nos conviene. Lo que más me ha gustado es que la mujer del Anastasio, le haya ensartado la fiesta al Amézquita, porque ese cholo ratero se quiere hacer el misio, cuando todos saben que como presidente de la comunidad nos ha "metido la yuca" con el dineral que los gringos nos han pagado por las perforaciones diamantinas que han hecho en las orillas de la laguna Ccocharima y lo que pagó el Estado, para que en el territorio comunal se instalaran hasta dieciseis torres electricas de alta tensión. 

–En ese lugar hay grandes yacimientos de oro, pero para explotarlo se necesita vaciar la laguna y entonces de qué viviría el pueblo. 

–De su monárquico apellido Maldonado y de fiestas como esta, pues. 

–Y como siempre también de las lluvias. A ver, ¿quién utiliza el agua del nuevo canal de riego y del reservorio? ¡Nadie! Todos siembran solo en tiempo de lluvias y después todos se regresan a los lugares dónde viven, y el resto del año la comunidad sigue desolada. 

–¿Y quién ahora vive de la agricultura nomás? Si sembramos es para celebrar la fiesta de la patrona del pueblo y si algo cosechamos es para la marca y para que en nuestras casas no nos falte la rica cancha y nuestro mote. Ahora se vive de otra cosa. 

    Después repasaron que la primera fiesta la hicieron cuatro verdaderos Maldonados. Uno que está enterrado en la comunidad, dos de Lima y uno del Cusco que tuvieron el acierto de traerse la sagrada imagen de la Virgen de la Natividad, para que tuviera su misa en este pueblo, porque la pequeña iglesita de Samanapata no conoce cura desde hace más de un siglo. Además de tener la amabilidad de invitar a los demás integrantes de la comunidad que se habían refugiado por aquí y en el Cusco, que de buena gana asistieron con toda su familia para rendirle culto a la santísima patrona. En esa reunión se festejó a lo grande sin necesidad de pedir tanta jurca como se hace ahora, porque cuando se tiene verdadera devoción y amor a la familia, la virgen nunca falla como no les falló a esos cuatro que los hizo ricos, después que huyeron de la comunidad. Luego de esa primera fiesta se hicieron cargo los que tenían el apellido Maldonado, sea por su padre o por su madre, pues el desafío fue que no muriese esa tradición que además de alegrarlos, los reunía para que nunca se olvidaran de donde habían venido. 

–Seguro que cuando todos los Maldonados hayan pasado este cargo, seguirán celebrando esta fiesta, ya no por ellos, sino en honor a la Virgen de la Natividad, entonces podrán ser cargontes los Ccocharimas, los Ancahuaman, los Allcas, los Huamancanis, los Pocco y todos los paisanos de nuestro pueblo, que no por ser Maldonados son unos pobres diablos, y porque además entre los Ticahuancas hay un montón de millonarios, que ni siquiera conocen este pueblo, pero sí la comunidad y la bondad de su patrona. 

    A toda esa pesada ceremonia le siguió un suculento almuerzo amenizado por el cuarteto criollo “La flor de la canela”, que con el aire achorado que supuestamente deben tener todos los criollos, urgían a beber a los invitados la cerveza que los auspiciaba. Después de está animada presentación le quitó el micrófono al animador, un paisano al que todos conocían con el apelativo de “lacla Campana”, para hacer memoria de los tiempos en que se llegaba a caballo o a pie a Samanapata y recordar que su tío Mariano era el que tenía los mejores caballos de toda la comarca, y esas otras cosas referidas a los antiguos sufrimientos que padecían los paisanos para conectarse con el mundo exterior.  

    Seguidamente se anunció a la orquesta tropical “Copacabana Show” del maestro Mauricio Ccopa Ccahuana con su cantante estrella Sonia Sandra “La amapola del sabor” que acompañada de dos bien despachadas bailarinas que exhibían casi todas sus carnes, interpretaba las cumbias del momento, sin dejar de exigir que siguieran bebiendo la cerveza de su sponsor. Luego anunciaron la presentación de “Florecita de Sicuna”, una gorda más parecida a un zapallo, que cantó los más achorados huaynos del momento que matizaba con graciosas y groseras ocurrencias para el deleite de todos. “¡A esa parejita de la mesa de allá!: Si tú no te sirves, ni a ella le sirves, entonces, ¿para qué mierda sirves”. 

    Esta vez también se comidió a intervenir el "lacla Campana", quién aprovechando las groserías de la folklorista se mandó una andanada de las suyas en quechua y castellano: “¿Saben cómo le dicen en quechua al bigote del Fabio? ¡¡¡No!!!! ¡Chupipichana”. “¿Que le dicen a Cipriano Maldonado? ¡¡¡Que le dicen!!! Zancudo. “¿Porqueee?! Porque tienes que meterle un lapo para que deje de chupar”. “¿Que le dicen a la Maruja Chipana?¡¡¡Que le dicen!!! Boomerang. “¿Porqueee?! Si la tiras bien, regresa”. Saben cómo se dice orgía en quechua” ¡¡¡No!!!, Chupiraymi”, hasta que tuvieron que quitarle el micrófono para que no siga derramando tanta lisura. 

    Cuando el animador se convenció que todos los invitados ya estaban más que alegres por las cervezas que circulaban sin medida porque ya estaban pagadas. Después de más de media hora volvió al escenario, para anunciar que tal como lo había vaticinado, don Paulino Amézquita Maldonado y su digna esposa Margarita Pocco de Amézquita, habían aceptado ser los cargontes de la fiesta del año entrante. Entonces se produjo un alboroto de aplausos, vivas, hurras y todo el jolgorio que se hace cuando las cosas buenas se repiten. 

    El comprometido hizo uso de la palabra diciendo que había aceptado ese reto porque él era un Amézquita Maldonado de pura cepa y como todos los maldonados no se chupan, él tampoco se chupaba, y agradecía de todo corazón a su compadre Rómulo Aychahuacso por los dos toros, a su primo Pelayo por los cuatro chanchos, a su tío Gerónimo por el torete, a su hermano Zacarías por la vaquillona, a doña Agripina por los 50 cuyes, al doctor Cahuantico por las 10 cajas de cerveza, al ingeniero Pacheco por la orquesta, y así fue leyendo una lista que se parecía al inventario de una granja y de un almacén. 

–¡Carajo! Si la cosa es así de fácil, el próximo año asumo el cargo y me hago rico. –Prorrumpió Remigio. 

    Terminada la ceremonia de entrega y recepción del guion de la Virgen de la Natividad, a todo lo largo de la fiesta se fue corriendo un Libro de Actas donde los invitados se comprometían hacer una donación, ya sea en animales, productos agrarios, cerveza, chicha, presentaciones artísticas, adornos, fuegos artificiales, petardos, etc. etc., que cuando eran grandes y valiosos se anunciaban a través de los altavoces. “Un aplauso para el Licenciado Jacinto Huaraca Pereira que se ha comprometido a traer a los danzantes de tijeras de Puquio”. “Atención el catedrático Gualberto Matute se ha comprometido con traer un ajuar completo para la mamacha natividad”. "Un caluroso aplauso al ingeniero Américo Pocohuanca Villena que pagará el cura, el coro y la misa que se celebrará en este mismo local", y así anuncios como estos se fueron repitiendo casi hasta el aburrimiento. 

–¡Escucha pues huevón! Todo el mundo está ofreciendo lo que buenamente puede y estamos seguros que lo van a cumplir porque son buenas gentes, pero esa mierda de la Rosalbina Maldonado, a pesar de tener una cadena de hoteles y puticlubes no ha cumplido con poner las dos cajas de cerveza que miserablemente se ofreció, y como no quiere gastar ni la suela de sus zapatos no ha venido ahora. ¡Tacaña de mierda!, seguro que se va a morir sobre su dinero igual que todos esos mercachifles millonarios que han amasado fortunas enteras en este pueblo y nunca han obsequiado ni siquiera un cuaderno para una escuela comunera, pero sin embargo se han muerto sin haber vivido, ni gozado jamás. 

    Más tarde según avanzaba la fiesta, llegaron al local los “Amaru's” a interpretar los lacrimosos huaynos de moda. Al final de su participación una vez más el "lacla Campana" quería irrumpir en el estrado hasta que un comedido guardián le metió un feroz puñetazo en el pecho que le hizo perder todo el fuelle y se estuvo tranquilo de músculos, pero inquieto de venganza. Por fin y después de tanto ruego tuvieron la amabilidad de cederle el micrófono a la señora Hortensia Morón, quien muy emocionada agradeció que la hayan invitado a esa importante reunión, y luego con nombres y apellidos completos se dirigió a todos los paisanos que con su gran inteligencia habían logrado labrarse un nombre en ese pueblo y acumular una muy bien merecida fortuna; después de esto la mujer se quebró y con los ojos llenos de lágrimas y con adolorida voz pidió a los que todavía podían escucharla, para que así como tenían tanta plata para festejar ese gran día, la ayuden a superar una grave dificultad económica que atravesaba y que solo sumaba mil soles. 

–¡Qué conchuda es esa perra! Después de haberse metido con casi todos nuestros maridos para sangrarles a su gusto, ahora tiene la desvergüenza de pedir plata públicamente. –Comentó una ebria mujer al tiempo que se reía. 

–¿Pero cómo es no comadre?, los años también pasan por todos como una maldición. En sus buenos tiempos esta Hortensia, con el cuerpazo y la carita que se manejaba, marcaba la hora donde se aparecía. Ahora que no ha sabido aprovechar su juventud está pidiendo limosna. ¡Pobrecita! 

    Como vio que sólo las mujeres hacían comentarios mirándola a ella, y como sintió que ninguno de los nombrados la llamó para nada, la pobre mujer se alejó para siempre de aquel local y de todos esos “indios de mierda” que festejaban su vanidad poniendo a la Virgen de la Natividad como testigo. Después dijeron que se mató arrojándose al río grande, aunque otros dicen que se fue a la selva, sin que falte alguno que asegura que se marchó para Estados Unidos donde tiene un montón de parientes. 

    Como a la medianoche se lanzaron las bombardas que se lucieron como solo ellas pueden hacerlo en un cielo oscuro, a la par que se prendieron los dos inmensos castillos de fuegos artificiales y junto con ellos todos los jaraneros sintieron que sus almas llegaban al cielo de los Samampatinos, y de allí solo se bajarían para volver a subir el próximo año. 

    Al final de la fiesta los hermanos Ancahuamán, hicieron llorar a su arpa y gemir a su violín, y a su son todos los paisanos cantaron a lágrima viva las dolorosas letras de esas jamás grabadas trovas que se entonan desde siempre en Samanapata. Al final de cada canción todos gritaban al unísono: “¡¡¡Otro!!!, ¡¡¡Otro!!!, ¡¡¡Otro!!!”, y cuando la mayor parte repararon en que se habían canturreado casi todo el repertorio del pueblo, los que tenían carros en la puerta del local comenzaron a marcharse, luego le siguieron los que tenían negocio que atender al día siguiente, después salieron los que tenían empleo y solo quedaron los finalistas, esos a los que no les gusta desperdiciar el trago, menos aún si era gratis. 

    Como faltaba la música para distraer el alma, los últimos parroquianos se dieron al afán de hacer oír más que sus palabras, sus gritos: “¡Vete a la mierda!, la fiesta del año pasado fue mejor”. “¡Huevón chupa tranquilo nomas que nada de todo lo que has comido o lo que estás tomando, te cuesta!”. Mientras que otro grupo ajeno al malcriado bullicio se dedicaba a cantar al son de una vieja guitarra que tocaba el omnipresente bohemio de Samanapata, hasta que alguien dijo: “A mí que mierda me importa que tu hermano sea para ti un doctor, y menos cuando todo el mundo sabe que es solo un tinterillo ratero como cualquier otro”, y ahí nomás se armó una bronca donde salieron a ventilarse las envidias, los rencores, las angustias, las depresiones y todas las malditas yerbas malas que tenemos creciéndonos en el alma, y a su orden llovieron los puñetes, las patadas, los botellazos, los gritos, los ayees de las cobardes huidas, y por poco habrían matado a más de uno si el dueño del local no apagaba todas las luces, lo que confundió a los peliches. Hasta que en medio de ese osco silencio peleantero, se escuchó el doloroso quejido del guitarrero que lloraba con el mástil de su guitarra en la mano, maldiciendo desde el fondo de su llorosa alma trovera, el día en que nació y esa noche en que murió su vihuela. 

    Después de las denuncias policiales que puntualmente saben hacer estos paisanos. Al día siguiente se supo que los únicos agraviados de seriedad fueron el Remigio con el ojo izquierdo completamente tapado y la muñeca derecha dislocada. El Crisóstomo con tres dientes menos y algunas fisuras en las costillas y el "lacla Campana" con el brazo izquierdo roto y una herida de doce puntos en la cabeza producto de un botellazo bien colocado. 

–¡Huevón, yo no quería ir a esa fiesta de indios salvajes!, pero tú dale que dale con estar en ese lugar. –Le recriminaba el Remigio al Crisóstomo. 

–Ni tú, ni yo tenemos la culpa de haber llegado a ese infierno, donde todos esos cholos figuretis se han tirado más pana que un distinguido intelectual o un connotado industrial. Eso fue culpa del destino y como todavía no me quiero morir, nunca más voy a ir a esas fiestas cojudas. 

 –¡Y que en ese chongo de mierda, sólo se maten esos malditos indios ostentosos!