Mostrando las entradas con la etiqueta politicos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta politicos. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de noviembre de 2020

EL UCUMARI - DE: "CUENTOS PARA CCOROS" - 02

 

En los profundos abismos que desde el comienzo del movimiento de sus aguas el río Apurímac sigue tallando en los cimientos de las altas montañas, pueblan los bosques de este inmenso cañón los legendarios y poderosos osos de anteojos que los naturales llaman: "Ucumaris".

Cuenta la memoria de los viejos que, en una de las estribaciones de la gran montaña que cae desde las altas nieves hasta el poderoso río, vivía una hermosa pastora que horadaba el corazón de sus pretendientes con terribles heridas que jamás lograban sanar. Su fama de mujer bella y fría sonó en todas las quenas y se entonó en las más desesperadas canciones de amor. Cuanto más tristes eran los sufrimientos, suspiros, lágrimas y lamentos que por su amor lanzaban a sus oídos después al aire los mozos de su comunidad, más inútiles se hacían sus súplicas amorosas y más aún de otros más ardientes enamorados venidos de lejanos lugares.

Refieren que el día de la fiesta de los carnavales, la esquiva muchacha se quedó sola en su casa, para huir del acoso de los atrevidos por su amor. Ese mismo día llegó a esa morada el Ucumari, quien sin hacer preguntas, ni mucho menos confesión de amor, se la llevó en vilo a una cueva lejana, que desde tiempos inmemoriales había perforado el río Apurímac en una roca gigantesca e inaccesible, que se encuentra en la otra orilla del caudaloso torrente. Dentro de ella, el Ucumari, la hizo su mujer y dos hijos también. Con cabeza y forma de los hombres hasta la cintura y con las señas de un oso desde la cintura hasta los pies; pero ambos con evidente corpulencia osuna.

Para asegurar la permanencia de la muchacha, el Ucumari la mantenía cautiva en aquella profunda gruta, sellada con una enorme piedra plana parecida a un gran batán circular, que solo podía ser movida por el propio carcelero. Si bien podía acusársele de cruel centinela, no podría decirse lo mismo de su generosidad, pues jamás les hizo faltar comida, ricos vestidos, y hasta auténticas joyas de los tiempos de los incas llegaron a ese encierro. Esa prisión no afectaba a los humanos oseznos pues estos salían con su padre a cazar, pescar, comer los dulces frutos silvestres y jugar con los demás ucumaris de aquella ceja de selva, aprendiendo en esos paseos las cosas de los osos, pero cuando estaban encerrados en la cueva, aprendían de su madre, las cosas que andan metidas en la cabeza de los hombres.

Con  el  paso  del tiempo  los  niños  del Ucumari se fueron haciendo fuertes como su padre, pero además podían hablar el lenguaje de su madre y conocer de oídas las costumbres  de  las  gentes que  vivían  en  las  partes altas de las montañas y eso los mantenía muy ansiosos por reunirse con los otros niños de la aldea materna. Conocer a sus abuelos, tíos y primos tal y como habían conocido a los parientes de su padre, y donde según les había asegurado su madre, tendrían libertad y todas las fantásticas cosas del mundo de los humanos. Aprovechando esos ávidos deseos, un día que andaba lejos el Ucumarí, por órdenes de su madre, los oseznos movieron la gran losa que sellaba la cueva y cruzando juntos el caudaloso río, tomaron el sinuoso y apenas visible camino que llega hasta el pueblo.

Al atardecer del día siguiente el Ucumari se apareció en el hogar de la fugitiva, tan preocupado como enfadado. La mujer lo calmó asegurándole que había retornado tan solamente  para  llevarse  algunas  cosas  que  pudieran servirle  a  los  muchachos  que después de todo, además de su fuerza y generosidad, también tenían el entendimiento de los hombres. En seguida, con mucho comedimiento, le hizo tomar asiento sobre un poncho tendido que tapaba un gran perol de agua hirviendo, donde cayó el Ucumari, para quedar sancochado junto a su bestial ingenuidad.

Los niños del Ucumari quedaron muy desconsolados después de haber conocido la astucia y crueldad del mundo de los hombres, y por muchos días lloraron como lo hacen los osos, frente al pelado pellejo de su padre, que para escarmiento de otros audaces ucumaris, había sido clavado por orden de las autoridades en la pared de la iglesia del pueblo.

Llegado el tiempo del consuelo y la resignación, con su fuerza e inteligencia los ucu-humanos hicieron muchas cosas para su madre y la gente de la aldea. Ellos construyeron el puente, los caminos anchos y seguros y las altas terrazas de la comunidad, donde podía sembrarse hasta doscientos topos de maíz. Cumplida estas tareas, un día partieron al lejano lugar de la floresta paterna, por culpa del frío amor de una pastora que abría sangrantes heridas en el corazón de sus anhelantes enamorados.

Llegados a las altas selvas preguntaron por sus parientes y les contaron que un arma asesina había partido el corazón de su tío y mientras corría con su agonía a cuestas, otro vómito de fuego le atravesó la cabeza, y que con tan solo su pellejo se alejó el asesino. Preguntando por su tía,  les dijeron que esta desapareció para siempre cuando salió desesperada tras los hombres que habían robado a sus primos, y cuando estaba a punto de alcanzar a los ladrones estos hicieron caer sobre ella un montón de grandes piedras que la arrastraron hasta un profundo barranco sin salida donde murió de hambre y pena. Cuando indagaron por el hermano menor, por el tío juguetón, les contaron que por goloso y retozón se fue tras unos viajeros, que lo vendieron a un circo, y que ahora por un poco de comida, tiene que trabajar primero.

Les aconsejaron que si no querían morir, se fueran con ellos a la profundidad de la selva, porque muy pronto los  cazadores vendrían por  los  pocos ucumaris que aún quedaban en aquellos bosques y quizá también por  ellos;  pero  al  enterarse de  las  pocas posibilidades que tenían como osos humanos para sobrevivir en ese infierno verde, es que apelando a los usos aprendidos de la gente de la aldea de su madre, decidieron hacer los graves daños que hacen el engaño y la doblez de los hombres, y para esto los hermanos cubrieron con pantalones y botas de hule sus partes de oso.

Avisando ser colonos de las altas selvas llegaban a los pueblos, y alardeando de ser los más grandes conocedores de aquellas montañas y el gran río Apurimac, pero sobre todo de la vida y las costumbres de los ucumaris, acompañaban a los codiciosos cazadores a las profundidades del  gran  cañón,  para  arrojarlos  por  los  barrancos  por  donde  suelen merodear los pumas, para que aprendieran a tomarle gusto a la carne humana, y así más tarde estos felinos pudieran acecharlos y cazarlos por su cuenta y para su provecho, hasta acabar con ellos.

Cuentan algunos que estos terribles ucu-humanos que aún siguen vivos, o tal vez sus hijos, mantienen encerrados a otras de sus  víctimas  en  aquella  profunda cueva  que  se  encuentra en  la  otra  orilla  del río Apurímac, y que desde allí piden a gritos un desesperado auxilio que el viento se lo lleva.






NOTA.- Fotos anónimas de Internet

viernes, 12 de junio de 2020

LOS FUNCIONARIOS


–El “huevoncito” que cree que por andar metido junto a sus chupes en esa oficina hasta altas horas de la noche, es el mejor jefe que haya tenido la institución. ¡Ya fue! –Afirmó Nicasio con una convicción que no dejaba la más mínima duda.

–¿Y cómo sabes tú? –Le preguntó un atribulado funcionario de confianza que recién y después de muchos ruegos, recomendaciones y no pocos gastos había alcanzado ese valioso puesto.

–Tengo mis fuentes de absoluta confianza, que me mantienen informado de todo lo que pasa y se decide en las altas esferas del poder regional.

–¿Y a quién carajo le interesa lo que pasa, esté pasando o dejando de pasar en esa olla de ayayeros, oportunistas,   chupamedias,  franeleros, sobones, serviles, aduladores, lameculos, lluncus, cacaneros e inservibles huevones? –Le refutó uno de los empleados y culminó casi gritando. –¡Yo no le rindo pleitesía a ningún incapaz, menos aun si es un maricón solapa! –Agregó frunciendo el ceño y mostrando con rabia su definitiva molestia.

En realidad así como él habían muchos otros empleados que nada tenían que ganar o perder, sin importar si trabajaban como unas bestias de carga o simplemente se “rascaban las bolas” a su gusto. Total eran nombrados y poco les importaba lo que pasaba o dejaba de pasar en esa oficina por culpa de todos esos asquerosos politiqueros que llegaron a ser sus jefes, solo por haber pintado paredes, repartido volantes, gritado hasta la ronquera en mítines y pasacalles o puesto alguna  cuota miserable para la elección del ganador, y que más tarde, solo por eso, hayan asumido cargos de responsabilidad, sin saber leer ni escribir sobre lo que se debía hacer en esa oficina, ni para que servían cada uno de sus empleados. Esa no era parte de sus preocupaciones, menos aun si el “jefazo” estaba ahí por ser pariente o amigazo del presidente, vicepresidente, consejeros o gerentes de turno. "¡Que se vayan a la mierda!", decían.

Menos aun cuando esa Entidad se había convertido en un tugurio, donde todo el mundo quería ser algo más de lo que en circunstancias normales o legales, jamás serían, y por eso andaban peleándose por un cargo de confianza, que a pesar de no sacarlos de la miseria, por lo menos podía elevarlos hasta los límites de su aspiración personal, o situarlos en medio de la envidia muy mal disimulada de los otros aspirantes que también andaban como locos por ganar sin hacer nada. Y quizás, si la suerte quería o la vaquilla lo permitía, poder ganarse alguito de todo lo que se malversaba en esa oficina, que en realidad no era mucho, pero en medio de tantas carencias, ese alguito podía ser suficiente.

–¡A ver pues, termina de contar tus "últimas andes"! –Lo animó uno de aquellos que no podía dejar escapar un chisme que le pudiera dar la bendita oportunidad de ocuparse toda la larga y ociosa mañana que se venía por delante.

–¡Bueno! Lo que me enterado es que el presidente ha dicho, que está bien que haya sido elegido por un movimiento independiente que él no ha constituido, ni mucho menos ha sido su afiliado, sino simplemente su invitado de honor. Pero que de ahora en adelante va actuar y gobernar como el legítimo y disciplinado compañero que es desde sus ancestros de aquel antiguo partido del pueblo, y además dijo que conste que eso jamás fue un secreto, porque siempre dentro de su línea ideológica había desarrollado su actuación política, personal y social. –Afirmó.

–¿Y eso que tiene que ver con el "huevoncito" que anda metido por aquí? –Preguntó uno de sus oyentes con más deseo de traer abajo su chisme que por enterarse de algo que a nadie le interesaba. Porque desde que llegaron estos gobiernos  regionales, ya se habían sucedido en la dirección de esa oficina una sarta de imbéciles de todos los colores, tamaños y olores, que hace mucho tiempo ya los habían hartado con toda clase de estupideces, y que uno más no hacía la diferencia.

–Es que ahora en todas las oficinas van a mandar solamente los compañeros, y todos aquellos que han creado y luchado porque el movimiento independiente llegue al poder regional, se irán de patitas a la calle. –Dijo esto como la revelación de un alto secreto que nunca debió dejar que se le saliera de la boca.

–Pero si el "huevoncito" que tenemos de jefe, es el sobrino del vicepresidente, va a ser muy difícil que lo echen por la ventana. –Aclaró uno que creía saber más que el Nicasio sobre todo lo que pasaba bajo el tejado de esa politiquería provinciana.

El Nicasio, con el fin de hacerle callar la boca a su impertinente rival, se deshizo en un interminable monólogo que duró casi media hora, en el qué quiso decir que el "huevoncito" se iba de todos modos, porque el asunto ya no estaba en manos del presidente regional, sino del “Tuco Mañuco” que era el “men” del partido del pueblo designado desde Lima, y que cualquier cosa que debía suceder o hacerse dentro del Gobierno Regional, se haría conforme a los dictados del Comité Central del Partido con sede en la capital de la república, y que las decisiones de este órgano político de nivel nacional se ejecutarían solo a través del tantas veces mencionado Tuco.

Cuando su no menos chismoso rival le preguntó sobre la guerra que se desataría entre el dueño del Movimiento Independiente que ganó las elecciones regionales y los compañeros del “Tuco Mañuco”, casi matándose de risa, le espetó en la cara lo ingenuo y hasta cojudo que era para creer que un movimiento político regional creado  únicamente  para  la  coyuntura  electoral,  podría sobrevivir una vez ganada las elecciones regionales, distribuido los cargos políticos y de confianza de la alta dirección, fijado los términos de entendimiento con las empresas mineras y repartido las cuotas de ganancia con los proveedores, frente a un Partido Político con casi 100 años de existencia en la vida social, histórica, política y cultural de la patria. “No seamos tan sonsos como para creer que la grosera pelea política es la que estamos viendo con nuestros ojos y a nuestro alrededor. La verdadera lucha por el control del Gobierno Nacional se desarrolla en Lima, de modo que lo nuestro acaba siendo una pequeña cojudecita".

Y seguía hablando e ilustrando con argumentos como estos, que eran para no creerle. “Ahí están metidos los militares que tienen más ganas de sacarle la mierda a los peruanos que a los chilenos. Los organismos autónomos del Estado como el Tribunal Constitucional y la Fiscalía de la Nación. La Corte Suprema de la República que te puede arreglar o joder la vida para siempre. Los organismos reguladores de los servicios públicos. Los ministerios que pueden expedir normas con más autoridad que los gobiernos regionales y donde van a pedir permiso todos los que quieren robarle al Perú. El Banco Central de la Reserva que mueve el valor del billete nacional y el Banco de la Nación que lo hace circular. Los banqueros nacionales y extranjeros que traen y se llevan los dólares. Las grandes empresas transnacionales que explotan nuestros recursos naturales. Los organismos internacionales; las embajadas; el manoseo que a nivel nacional nos hacen los grandes medios de comunicación que además pertenecen a gigantescos grupos de poder económico, y por supuesto el cochino Congreso de la Republica, donde un montón de idiotas que nosotros mismos elegimos fabrican las leyes a favor de los que compran sus voluntades y por supuesto el presupuesto público que es el dinero de todos los peruanos y que sigue controlando el centralismo limeño. ¡El que tiene eso, lo tiene todo! Si mañana esos deciden no pagarnos los sueldos, pasado mañana nos cagamos de hambre todos".

–Aquí no existe ningún conflicto serio por el manejo del poder regional que pudiera ser tomado en cuenta en los anales de la historia política del país. Aquí lo único que existe es un escandaloso pleito provincial por el  reparto de los pequeños cargos  como los de esta oficina,  para seguir controlando las limosnas que obsequia la corrupción, y les aseguro que en eso el “Tuco Mañuco”, es un chucha. – De ese modo casi apocalíptico culminó su terrible discurso.

–¡Así nomás es pues!, y por eso"Los chauchillas" que han visto un gran negocio en toda esa pendejada, se han convertido en sus más fieles cronistas y críticos, y como para esa vaina nomás sirven, porque no pueden ver más allá de sus narices, ni pueden ir más lejos de lo que la chusma que los escucha les obliga a decir u opinar, aprovechan esas oportunidades para hacer de esa basura su negocio redondo. –Agregó alguno de los agraviados por la insolente prensa local.

–Pero lo cierto es que los sintonizan solo para cagarse de risa con la diarrea de huevadas que sin ton ni son se mandan, o para sorprendernos con el achoramiento que les provoca tener un micrófono delante de sus bocazas para despacharse a su regalada gana en un motoso castellano todas las mentiras, insultos, infamias, agravios y calumnias que les place contra inocentes y culpables. Aunque después caminen por las calles, cabizbajos o saltones, porque temen que alguna de sus víctimas los apaleen por su insolencia, porque al igual que ellos, no faltan los que también andan de "malas pulgas" y ahí nomás los pasan a mejor vida por no respetar la de nadie. –Comentó uno de aquellos que odiaba a muerte a "Los Chauchillas", pero aun así los escuchaba.

–Para mí un buen comunicador social es un profesional capaz de analizar y sintetizar en forma objetiva la realidad política, social y cultural de una colectividad, además de tener una alta capacidad científica, técnica y lingüística para comunicar a través de los medios masivos con el fin de influir positivamente en las actitudes y comportamientos de una ciudadanía libre y democrática, no sólo como sistema político, sino también como sistema de vida. –Dijo alguien con reposado tono.

–Y no solo eso, sino que además debe tener una sólida conciencia moral y respeto a su profesión, y por eso ser capaz de vivir y actuar conforme a los principios éticos y abiertos a la crítica constructiva. También tienen que ser leales a la verdad, amplios de criterio, libres de prejuicios, y solo así podrán ser los los incansables investigadores del quehacer nacional, regional y local. –Agregó otro.

–¡Hablan ustedes como unos sonsos! ¿Creen acaso que quienes hacen periodismo de su boca para afuera, porque no entienden lo que está pasando en el mundo real y en la psiquis colectiva, puedan hacer algo que valga la pena para el crecimiento moral e intelectual de este pueblo? ¡Lógicamente que no! Por eso estos patanes a la hora de hablar o escribir, no tienen más remedio que asumir su rol de odiadores públicos y limitarse ser los maledicentes y difamadores impunes que son. –Replicó alguno de ellos.

–Eso solo puede pasar en una comunidad ignorante y mediocre, donde todos le desean el mal a todos, bajo esta premisa: “Si yo no puedo ser lo que yo quise y todavía no puedo ser lo que yo quiero, entonces porqué tú tienes que ser mejor que yo”. Y para eso cuentan con ese periodismo grosero que toda la convivencia social la reducen a un show vulgar, un triste circo y un espectáculo barato donde todos sus actores se sienten tan porquerías como para desearles el mal a todos.

Al cabo de algunos días, se escuchó una publinoticia pagada por el “Tuco Mañuco” por la radio que trasmite a  "Los Chauchillas", señalando que el incapaz Jefe de la Oficina de Recursos Materiales iba a ser destituido, y en su reemplazo sería designado el valiente, consecuente y combativo compañero Aquilino Ninahuamán  Huayhua,  a  quién todo el personal de esa  oficina  estimaba,  quería y conocía como el mejor profesional del medio. Esa novedad no causó ninguna extrañeza entre los empleados de esa oficina, porque todos vieron cómo el "Tuco Mañuco" lo defendió a capa y espada cuando el "huevoncito" le quitó al Aquilino el cargo de confianza que mantenía desde la anterior y putrefacta gestión regional, de modo que en un abrir y cerrar de ojos lo repuso, nada más ni nada menos que con la firma del mandamás regional, por supuesto previo pago por sus correrías. Y no solo fue el abogado del Aquilino sino de otros doce funcionarios más, de tal manera que en esa oficina hoy y por siempre seguirá reinando la corrupción.

Estas “habilidades” y/o “pilas” son las "virtudes" que más se admira que odia en estos pueblos provinciales y campechanos, le otorgó al "Tuco Mañuco" tal prestigio que los interesados "en llevársela fácil", comenzaron a esperarlo en la puerta de su casa haciendo interminables colas solo para sacarle  una cita. Y como esas trapacerías le salían más que buenas, sus "caseritos" que así era como los llamaba, comenzaron a difundir por toda la región el nuevo “modus operandi” de la corrupción que jamás faltará en estas tierras, porque si no es de un modo, será de otro.

Cuando el Aquilino, gracias a los artificios del  “Tuco  Mañuco” ya  estaba a punto de tumbarse al "huevoncito", las alarmas se activaron entre los funcionarios, pues si no hacían algo más poderoso estaban sentenciados a ser barridos en bloque. Pero como esos jefazos no eran solo de ayer sino de hace más de treinta años atrás y por eso expertos en supervivencia política, sin que nadie se los diga, sino tan solo su olfato adiestrado para estas ocasiones, se fueron a hacer cola a las puertas del susodicho Mañuco con el objetivo de seguir manteniéndose en sus cargos de confianza, porque como dicen los empleados nombrados: "Fuera de esos puestos no saben ni limpiarse el poto".

–Hay que pagar pues. Acaso eso es una novedad, o es que ya nos hemos olvidado que siempre hemos venido pagando. –Le contestó uno de los que había salido de su cita con el “Tuco Mañuco”.

–¿Y cuánto está cobrando? –Le volvió a preguntar el funcionario tacaño, que además de ganar sin hacer nada quería quedarse con la billetera entera.

–Lo de siempre pues. Este sabe todo sobre el negocio. Menos mal que no se le ha ocurrido levantar la tarifa, aunque podía hacerlo porque su demanda es muy alta. –Le contestó de mala gana como queriéndole decir: “Entra pues, y entérate por ti mismo cómo es ahora esta vaina”.

–¡Eso me da mala espina! –Refunfuñó de mala gana.

–¿Por qué? –Preguntó el otro.

–Porque si no ha subido la tarifa, eso quiere decir que no puede garantizarnos los cuatro años que nos corresponde, o que dentro de unos meses o tal vez un año, la va a subir al doble.

–No creo. Yo pienso que como tiene elevada la demanda de sus servicios puede darse el lujo de ser barato, y si así es su dumping hay que aprovecharlo. No te olvides que en la administración regional anterior había dos y hasta tres a los que teníamos que contribuir, pero como ahora este maneja solito el negocio, la cosa es muy diferente. Y  además como tiene la oportunidad de controlar hasta quince cargos de confianza por cada oficina, es lógico que deba rebajarse o por lo menos no resultar más caro. –Le dijo lleno de sapiencia y agregó además: “La ley de la oferta y la demanda, pues”.

La cosa seguiría recontra buena, sino fuera porque el “Tuco Mañuco” había pagado a “Los Chauchillas”, para que una vez más anuncien que muy pronto el Aquilino sería el Jefe de la Oficina de Recursos Materiales, y seguro que les habría pagado más que bien, porque esos locutores festejaron llenos de alegría esa futura  designación, y advirtieron a todos “los comechados” de esa institución que se cuidaran de su gran capacidad moralizadora, y acabaron diciendo: “Si el compañero Aquilino, asume que es un compañero y se porta y actúa como el buen compañero que es, se queda solo, porque esa oficina es como Sodoma y Gomorra, donde no existe un solo hombre y menos una buena mujer que sea justo, limpio y honrado, así que como en el Antiguo Testamento, el nuevo jefe va a tener que destruirlo todo”.

Como el anzuelo con la rica carnada ya estaba en el río, al día siguiente se presentó ante "Los Chauchillas" una comitiva de indignados empleados de esa institución, para que previo pago de su derecho a réplica, se mandarán una andanada de denuncias contra el Aquilino. Un poco más y le echan la culpa del secuestro de todos los perritos cuya fotografía se exhibe en todos los postes del pueblo y de la mismísima muerte del “Ño Carnavalón”.

Al día siguiente, por mucho más tiempo y sin  ser interrumpido por  “Los  Chauchillas”, el Aquilino se largó todo lo que le dio la gana contra todos y cada uno de los empleados de esa oficina asegurando que tenía pruebas de esto, de eso y de aquello, y valientemente ventiló a los cuatro vientos otras muchas cosas más, pero por recomendación de los muy bien pagados locutores se cuidó de mencionar nombres, documentos y fechas. Solo decía: En la Dirección tal cosa, tal otro y eso también. “En tesorería…..”. “En Planificación……”. “En administración……”. “En logística…..”. “En personal…..”. “En patrimonio…..”. “En asesoría legal…..”. En ese proyecto y en el otro, etc., etc.

Al día siguiente “Los Chauchillas” hicieron su agosto en enero, porque a un precio bastante asequible le llovieron las exigencias de descargo de todas las áreas de las que el Aquilino alegremente había despotricado. Teniendo en cuenta que cada servidor aparentemente afectado por esas difamaciones había puesto una cuota de cincuenta soles por cabeza, el negocio resultó más que exitoso. Aunque no faltó uno que otro empleado que les advirtió que conocía perfectamente la industria de esos miserables, y que no caería en ese asqueroso chantaje, ni aunque sea gratis.

–¡No se dan cuenta que esa huevada es puro chisme barato, donde solo ustedes saldrán perdiendo, porque como dice el pueblo, “Cuando el río suena es porque piedras trae”, y ustedes solo estarán contribuyendo a que suene más, y al final solo resultarán ganando esos pendejos! –Para mayor ilustración de lo inútil de esa visita, les preguntó. –¿A ver cualquiera de ustedes díganme, cuántos presos hay en la cárcel gracias a las denuncias de esos pulgosos? ¡Ninguno! –Se respondió solo y continuó: –Simplemente porque cuando las denuncias se hacen a través de "Los Chauchillas", más tarde los jueces y los fiscales lo echan al tacho de la basura, no porque sean puras mentiras, sino porque a esos  jijunas  también esas mierditas los paran jodiendo en nombre de la libertad de opinión. ¡Colegas, no vayan! ¡No caigan en ese sucio juego!  –Pero nadie le hizo caso, especialmente los comisionados, porque más tarde podían despacharse un rico adobo con el vuelto de la “chancha” y tomarse el resto del día libre.

Finalmente para advertirles que estaban yendo a un matadero psicológico y moral, los despidió suplicándoles una vez más.

–¡No vayan porque los van a fregar! ¡Esos indios lengua e’trapo, son una mierda, además de no ser gratis! Esos viven de los incautos como nosotros, sino cómo pagan el alquiler de la radio, su comida, sus borracheras y la mantención de su gente. –Agregó Federico, pero siguieron su camino, seguros y orgullosos de aclarar públicamente lo que se había dicho de su área en esa emisora, y demostrar a la ciudadanía entera que eran unos intachables servidores públicos.

Luego de sus inentendibles descargos que solo los empleados del Estado pueden descifrar, la numerosa comitiva reparó que su entrevista con los falsos periodistas, además de inútil acabó siendo una vulgar demostración de su incapacidad para lavar sus trapos en casa. Pero sobretodo porque "Los Chauchillas" hablaron hasta por los codos sin saber a fondo de qué se trataba el problema que querían aclarar los entrevistados. Lo peor de todo fue que abrieron el teléfono para que cualquier avinagrado radioescucha los insultara a su gusto, pese a que la entrevista estaba sabrosamente pagada.

Caídos, cabizbajos y dándole todita la razón al Federico, salieron de aquella entrevista radial que no aclaró nada. Luego cada quien tomó su camino por el lugar que les dio la gana. “¡Ta’mare, les pagas, no te dejan hablar y encima rajan a su gusto de la oficina y conchudamente cobran hasta con yapa!”. Esto fue lo que más o menos pensaban todos al momento de asimilar el decaimiento que los invadía. Cuando estaban mirándose las caras en señal de despedida, se les acercó uno de los entrevistadores que no dijo ni pio, para sugerirles que sería bueno que les invitarán a los periodistas un caldo de gallina en el local que queda en el kilómetro ocho de la carretera que va al rio grande.

–¡Diles que se vayan a la concha de su madre! –Le respondió rabiosamente uno de los entrevistados, al que vejaron salvajemente apagándole el micrófono.

Solo unas horas más tarde repararon que aquella estéril entrevista fue una chusca metida de pata. También cayeron en la cuenta de que su trabajo estaba debidamente supervisado por la Oficina de Control Interno, por la Contraloría General de la República, por la Comisión de Fiscalización del Congreso de la República y por las quejas y reclamos que de acuerdo Ley puede hacer cualquier ciudadano, y por nadie más.  Además recordaron que el Estado les pagaba para que sirvieran a la Nación, no para que como bestias salvajes salgan a mostrar en público sus garras y dientes, solo para marcar su territorio.

Pasado algunos días, muchos de ellos y de varias maneras  se enteraron que el comentario de la ciudadanía, era más o menos este. "Que tal raza tienen esos desfachatados. No contentos con ganar un sueldazo, tener seguro social completo y la garantía de recibir una pensión cuando lleguen a viejos, todavía les queda tiempo para pelearse entre ellos como en el cachascán. ¡Con razón esa oficina anda patas arriba!". De esa vergüenza no se habló más nada, porque todos habían entendido en carne propia aquella sentencia del saber popular que dice: "Quién mal anda, mal acaba".

Más tarde el “Tuco Mañuco”, pagó a “Los Chauchillas” para que anunciaran el cambio de otro jefe y a la semana de otro y después de otro más. Y la historia volvió a repetirse con el mismo argumento, pero esta vez con mayores ganancias para su autor y los locutores.

Mientras el Aquilino y por lo menos doce aspirantes más esperaban con impaciencia que el “Tuco Mañuco" cumpliera con sacarles su resolución de designación como jefazos de esa u otra oficina, y más de cien su ratificación como funcionarios de confianza. No faltaron los envidiosos que pintaron en las paredes del pueblo y donde se podía pintar, avisos que decían que el masmás era: “Un semejante cabrazo". "Un pobre maricón". "Un miserable homosexual que no se atrevía a salir del closet", y a raíz de esas pintas, muchos de los enemigos del Mañuco acabaron corriendo la bola que este "era su monta oficial y por eso podía hacer lo que quería con el rosquete y pedirle lo que le daba la gana”.

Para cuando oficialmente salieron a aclarar públicamente que no se había autorizado a ninguna persona natural o jurídica, nacional o extranjera, política o apolítica, para que por fuera de los conductos legales se estén ofreciendo puestos de trabajo o cargos de confianza, el pueblo no se quedó en absoluto tranquilo porque quería escuchar de su propia boca y con sus propias palabras que no era un homosexual, ni algo parecido.

Ningún funcionario fue removido, por lo menos durante algún tiempo, pero el “Tuco Mañuco” desapareció del pueblo, porque muchos de sus "caseritos" lo estaban buscando para matarlo por toda la plata que les había sacado, y según algunos era mucho más dinero que la quiebra de esa Mutual o aquella Cooperativa de Ahorro y Créditos, que sin más ni más desaparecieron del lugar.

Mientras que en la  Fiscalía Penal les decían a sus víctimas, que no tenían competencia para perseguir a quién  ellos por su  propia voluntad y hasta haciendo colas en la puerta de su  casa lo habían convertido en su estafador, sin recabar siquiera un mísero recibo. Cuando los reclamos eran muy airados, un flamante, leído y sonriente fiscal les hacía este acertijo: "¿Quién es el delincuente, la prostituta que ofrece callada sus servicios en una esquina o el cliente que va a buscarla para hacer sus cochinadas con ella?

–Magister,  cómo  voy a  dictar orden  de  captura contra una persona  a  la que usted  mismo  ha entregado voluntariamente sus dineros a cambio de su designación como funcionario público, y menos aun cuando todo el mundo conoce que eso se hace a través de lo dispuesto por la Ley de Bases de la Carrera Administrativa. –Le explicaba el dueño de la justicia.

–¿Entonces señor Fiscal, todo esto se va a quedar así nomás? –Le preguntó.

–Si usted tiene un recibo de los quince mil soles que dice que le ha entregado al supuesto estafador, entonces puede cobrarlo por la vía civil, pues por esta vía no puede ser.

–¡Váyanse al diablo inútiles! –Gritaba al tiempo que abandonaba esa Fiscalía. Ya casi en la calle Nicasio Gómez Achicoria, cuidando que se le escuche en el interior de ese edificio, remató vociferando. –¡¡Entre un mostacero, unos locutores pendejos y una justicia de mierda, me han dejado calato!!

000ººº000

–¿Nicasio, cuál es la última? –Le preguntó Reynaldo con un tono de inocente burla.

Se hizo el sordo o no quiso responder a esa maliciosa pregunta. No ahora ni nunca más, respondería a ningún "hijo de puta". Y así en su mente y tan solo en su mente, les decía lleno de un odio que nadie jamás habría podido imaginar.

–¡Hola Nicasio!, ¿por qué estás molesto mi hermanón? –Le preguntó Gervasio después de saludarlo.

      No le respondió el saludo y menos aún le haría enterar si estaba molesto, serio, alegre o indiferente, porque ese también era uno de los babosos que desde hace tiempo se venían burlando de su amplio conocimiento, de lo que hacen o dejan de hacer los presidentes, vicepresidentes, los gerentes, subgerentes, directores y consejeros regionales.

Pero su verdadera cólera no le venía de su sapiencia en cuestión de novedades y flashes sobre los asuntos de la cosa pública regional, sino porque estaba seguro que estos le habían pagado a “Los Chauchillas”, para que esas "cagadas" lean por la radio un montón de mentiras que involucraba a su sagrada persona con toda la jauría regional en grandes comilonas, borracheras salvajes y jaulas de locas donde él era la estrella principal.

–Ahora no va a decirles nada de nada. ¿No es cierto Nicasio? O acaso creen que las últimas novedades de todo lo que nos interesa saber se consiguen gratis. Por eso nuestro sabidillo Nicasio tiene todo el derecho de guardarse los secretos que conoce, y si quieres saber algo de todo lo que sabe, tienen que pagarle pues,es su derecho. –Dijo Lucio con la satisfacción de haberle callado la boca al más chismoso de todos los empleados de la Oficina de Recursos Materiales, sin compadecerse de que el sabelotodo era uno más de los vilmente estafados por el maldito "Tucu Mañuco" que huyó lleno de dinero y esos otros bichos que como si nada siguen rajando a su gusto de quien les de la gana, simulando ser periodistas.

"¡Arranca nomás hijo de puta, sino quieres que ahorita mismo me raye y te rompa la crisma con ese fierro que está allá y que me está llamando!", pensó para sus muy adentros como a modo de calmarse y luego casi en automático, como todos los días en que lo provocaban con esa su desgracia, se marchó a la calle metido en ese bluyín que le llegaba a medio trasero, enfundado con esa minúscula casaquita de cuero marrón y parado sobre esos zapatos de punta falsa que se prolongaban hasta la talla 45 o quizás más.




domingo, 24 de mayo de 2020

EL ESKUNQUI


Tras verlo sentado por varios días en la puerta de la Presidencia, desde la cinco de la madrugada hasta las ocho de la noche, nadie tuvo necesidad de adivinar qué iría a resultar de esa estoica y paciente espera.

Después de haber servido los últimos cuatro años como funcionario de confianza del ex Presidente Regional José Carmen Suárez Monje, dizque por haber sido socio fundador del Movimiento Regional Independiente “CAMBIO SEGURO”, y cuando ya todo el mundo estaba convencido que era su más fiel y fundamentalista militante desde el primer minuto en que su dueño ganó las elecciones regionales, resulta que ahora es el más acérrimo partidario del Movimiento Regional Independiente “PUCAPONCHO”, sólo porque ganó las elecciones.

–¡Ta’mare, ese huevón es más vivo que las arañas!, no solo porque ha estado esperando qué candidato iba a ganar las elecciones regionales, sino que se ha inscrito en todos los partidos políticos y movimientos independientes, y por eso ha tenido que asistir  a todas sus reuniones, sus ollas comunes, sus pasacalles, sus mítines y todas las demás andanzas que la campaña electoral exigue, para hacerse notar que estaba peleando a su lado “hasta la victoria final”, y a la hora del reparto de cargos tener el derecho para reclamar su parte al ganador. –Comentó alguien cuando conoció que lo designaron Director de la Oficina de Desarrollo Social.

–¡Ese pendejo es como el corcho, siempre está en la cresta de la ola, nunca se hunde! ¡Jamás pierde carajo! –Dijo otro mostrando su asombrada incredulidad.

–¿O sea que ese cholo es igual que las cabras y los curas que no tienen mal año? –Preguntó uno que era nuevo en esa oficina.

–No, ahora ya no son sólo los curas y las cabras los que nunca se mueren de hambre, sino también los funcionarios de confianza como el Eskunqui, que además de engordar la panza, hinchan también sus bolsillos. –Le aclaró.

–Para mí  esa  no  es  ninguna  novedad,  porque  ese huevón  ha sido  tránsfuga hasta de Sendero Luminoso. ¿Se acuerdan que hace años estuvo preso en la base militar porque lo habían encontrado metido en esa vaina? –Les recordó alguien.

–¡Claro!, pero eso fue por un tiempecito nomás, hasta que en alguna secreta charla los cumpas le informaron que no estaban buscando el poder para gobernar como los políticos tradicionales, sino que su intención era  trasladar a todos los habitantes de Atunrumi hasta la pampa de aquella antigua hacienda. –Dijo esto señalando un lugar en la estribación de una montaña que estaba pasando el rio grande, y continuó. –De ahí solo iban a volver los menores de quince años dizque porque todavía no estaban contaminados por la ideología capitalista, los guerrilleros y sus familiares y todos los que hayan estado apoyando a "la cuarta espada de la revolución mundial". ¡Ni ese cholo de mierda iba a salir vivo de ese campo de concentración para que lo nombren funcionario de confianza. –Dijo esto y se rieron todos.

–Pero dejándonos de bromas. Dicen que ese pendejo salió vivo del cuartel, gracias a que se convirtió en un soplón del servicio de inteligencia y que acabó señalando como un “presunto” a todo el que no le había hecho algún favor de los que siempre andaba pidiendo, o porque  simplemente les caían mal. Pero un día tuvo que meterse la lengua al culo, porque sin darse cuenta había tirado dedo a un “cumpa” firme, y como lo estaban buscando para darle vuelta, tuvo que largarse con todo su circo a trabajar por varios años a un lugar donde los terrucos no lo conocieran y quedarse inmóvil como un caracol, hasta que esa maldita vaina que solo jodió a los pobres, se acabó como por arte de magia cuando se anunció la "Captura del siglo". –Recordó con rabia uno de sus denunciados.

–Después anduvo metido con la gente del chino Fujimori hablando maravillas del Yoshiyama, Montesinos, Hurtado Miller, Boloña, Joy Way, Tudela, Hokama, y un poquito más y se manda jalar los ojos y se cambia de apellido por uno japonés como Fukunaro. Cuando cayeron esos gánsteres, sobre el pucho se convirtió en el más ferviente admirador del Presidente Paniagua. Pero el colmo fue cuando ganó el cholo Toledo, porque se declaró el más cholo de todos los cholos, que hasta le daba ganas de bajarse los pantalones para que todos pudieran ver que tenía el poto más verde que una palta, y que su cara era igualita a los huacos precolombinos con sonrisa de choclo y todo. –Recordó Felipe con la criolla gracia que lo caracteriza.

–Cuando llegó toda esta chanfaina de los gobiernos regionales, su habilidad para hacerse designar funcionario de confianza, ya no era una aspiración, sino una profesión. Como esa reforma del Estado no fue algo que pudiera haber cambiado el país para nuestro bien, al toque se dio cuenta  que cada huevón que llegaba a capitanear esta cagada de región, no venía a gobernar para el progreso de esta tierra, sino a llenarse conchudamente los bolsillos con la plata de todos los cojudos que lo habían elegido, y como para eso, estos ladrones necesitan de un montón de pendejos como el Eskunqui, que con tal de andar metidos en un cargo de confianza se prestan para cualquier manjuina. –Comentó otro.

–Para nadie es un secreto que desde hace más de diez años, los que han gobernado esta región han robado a su antojo y por eso estamos hasta las huevas. ¿Pero cómo hace este pendejo, para que al toque los nuevos jefes que llegan lo designen como su funcionario de confianza? ¡Eso es lo que me deja más cojudo! –Dijo uno rascándose la cabeza.

–Tienes razón nadie sabe cómo lo hace. De repente tiene una laicca, un hechizo o alguna pócima mágica para dominar a los nuevos jefecitos, o algo así por el estilo. –Comentó el más callado del grupo.

–¡Qué laicca, ni que ocho cuartos! Ese pendejo se encarga de juntar "una chancha" con el sueldo de los demás funcionarios, para que el jefe los siga considerando como su gente de confianza, sin necesidad de que sean buenos o malos en el cargo,  y así, todos felices pues. –Dijo el flaco Oblitas que renegaba de lo más mínimo, porque se ufanaba de conocer la pura verdad de todo lo que nos rodeaba.

No era ni una, ni otra cosa. Simplemente era lo que todos sospechaban, pero como eso nunca había estallado por los aires, no se atrevían a revelarlo. Y era que el Eskunqui simplemente conocía que todos esos que llegaban como jefes de esa oficina eran vanidosos de nacimiento o vanidosos por designación, y por eso bastante fatuos como para que después de un pequeño halago, medirles el grado de su arrogancia y enseguida enredarlos con su experimentada seducción.

Por experiencia el Eskunqui conocía muy bien que existían dos clases de posibles jefes. Unos eran los que se sienten más que satisfechos y honrados de llegar a ser jefes de una prominente institución regional, sólo por el hecho de haber gritado en las calles y en los  mítines políticos el nombre del elegido o por haber pintado en las paredes, las piedras y hasta los cerros las siglas y el logo del movimiento independiente o del partido; y los otros, porque tenían la suerte de ser parientes o allegados de los ganadores, para que de repente, como si se hubieran sacado la lotería, se vean sentados en un cómodo sillón y ante un gigantesco escritorio, sin saber leer ni escribir acerca de lo que se hace o de lo que debería hacerse en esa oficina.

Entonces en medio de esa debilidad, trastocando morbosamente la realidad para no volverse locos, no les quedaba más remedio que suponer que habían llegado hasta esas alturas por sus muy merecidas virtudes y para reforzar esa chifladura se metían dentro de sus oídos y sus mentes los seductores halagos del Eskunqui, que eran aderezados con sus chismes acerca del respeto, la admiración y hasta el temor  que secretamente le tenían todos los empleados, y era así que los cacareados acababan creyéndose, algo que definitivamente no eran aquí, ni en la China ni en la Cochinchina.

También conocía que según su grado de inteligencia, el jefe “suertudo”, solo podía hacer tres cosas: una inteligente, otra ilusa y una bastante común y por eso estúpida.

La primera consiste en ubicarse, tanto en su fuero interno como dentro de la Institución y preguntarse: “¿Estoy realmente capacitado para asumir la responsabilidad de conducir con acierto esta oficina?”, la respuesta más atinada debe ser: ¡No!”, pues el hecho de haber conseguido un título profesional, no lo hace a ninguno automáticamente experto en algo. ¿Entonces que había que hacer?, simplemente preguntar como lo hacen los caminantes para llegar a algún lugar. ¿A quiénes? A todos, por lo que hacen y por lo que deben hacer para que mejore su quehacer laboral. Preguntar, preguntar y preguntar hasta que se hayan agotado las respuestas, y él mismo comience a darse cuenta qué se debe hacer para llegar a ser su verdadero jefe y conducir acertadamente su rumbo hacia el progreso.

Que en buena cuenta es leer "de pe a pa" el Reglamento de Organizaciones y Funciones de la oficina para saber qué se hace en ese lugar. La ley del procedimiento administrativo general para saber cómo se hace. El Texto Único de Procedimientos Administrativos, para saber qué puede hacerse. Leerse la ley del presupuesto de la república y dos papeluchos más. Si ese milagro llegara a suceder estaban demás todos los Eskunquis, pero como los milagros burocráticos no existen, nunca faltaran estos fatuos. Claro que hay una cosita más como eso de ser honrado, sin eso no vale nada.

La  segunda: la ilusoria. Consiste en suponer que lo que se debe hacer dentro de la institución, es lo que se encuentra escrito en el Plan de Gobierno Regional, que para su campaña electoral ha pergeñado el candidato ganador, haciendo copy y paste de un montón de otros mamotretos parecidos que en abundancia están publicados en la Internet, y encima creer que ese documento expresado en oficios y memorandos va a dejar estupefactos a los empleados que por tener más de 10, 20 y 30 años de andar metidos en ese negocio, saben exactamente lo que se tiene y lo que se puede hacer dentro de esa oficina, que no es otra cosa que cumplir exactamente lo que la Ley ordena. Los que se echaban a andar por ese camino, no hacían más que denunciarse como uno más de los varios zopencos que habían llegado a la administración regional. "¡Para cagarla más!", como suelen decir los trabajadores con malhumorado tono.

La tercera: la estúpida. Consiste en aceptar discretas conferencias privadas con gente como el Eskunqui, para recibir sus embusteros halagos y después de eso echarse al abandono sin importarle lo que pase con él y con esa dependencia pública.

000ººº000

–¡Magister!, hace tiempo que estábamos esperando que un profesional de su calidad tomara las riendas de esta institución, y no lo digo porque me da la gana o con el fin de caerle simpático, sino que he escuchado atentamente cada una de las palabras que usted nos ha dirigido en la ceremonia de su juramentación y francamente debo decirle que todos los trabajadores nos hemos quedado gratamente sorprendidos, porque habló como si nos hubiera leído la mente, porque es así como todos pensamos que debería ser la correcta conducción de esta oficina que hace tiempo estaba esperando un directivo de su valía. –Cuando en realidad el taimado solo había dicho más de una estupidez el día que juramentó, y lo más seguro es que seguirá hablando y haciendo el resto de la bellaquería que haga falta, por todo el tiempo que dure su designación.

Si le había dicho eso y el incauto se lo había creído: !Ya estaba en la bolsa del bribón!, y enseguida el Eskunqui se aprovechaba de esa debilidad para hacerle llegar todos los demás halagos que hiciera falta, para que el nuevo jefe se vaya directamente al diablo, y no solo él, sino la oficina entera.

Después y especialmente cuando lo veía un poco abrumado y hasta deprimido por no haberse desempeñado con altura en uno u otro trámite, reclamo, petición, contradicción, favor o súplica que los usuarios del  servicio suelen hacerles a estos jefes provinciales, el Eskunqui le levantaba la moral diciéndole.

–¡Magister!, los trabajadores han quedado muy admirados con el nuevo enfoque que usted le está dando a la administración del Sector, porque nunca han visto nada parecido. Claro esos son los buenos trabajadores, pero tampoco…tampoco faltan los picones, pero precisamente eso es lo que nos indica que estamos cambiando lo que hace tiempo debía cambiar. Total a esos solo los puede curar la rotación, la destitución o la jubilación”. Y remataba diciendo: “¡Hay que hacerse notar, pe' jefe!”. Después le hacía creer: “Jefe, cuando en taxi estaba viniendo a la oficina, en la radio, no recuerdo cual, han dicho que usted es el mejor funcionario del nuevo gobierno regional. Más tarde le daré los detalles de esa noticia para que se entere quién y por qué ha dicho eso”. Pero como la noticia nunca iba a ser completada, para distraerlo de esa buena nueva le daba estas otras mejores: “Jefe, la hembrita de ojitos claros se muere por usted, pero quien se orina realmente es la morena alta, que han enviado del Gobierno Regional”.

Con la confianza ganada de ese y otros modos, el Eskunqui seguió inflándole el ego hasta el punto de impedirle una fluida relación con los demás trabajadores, pues a golpe de tanta marrullería, su “punto” se sentía más importante de lo que realmente era, y por eso suponía que tenía derecho a exigir más respeto de lo que convencionalmente le estaba asignado. Incluso llegó a pensar que desde su escritorio podía hacerles sentir a los empleados, no solo sus sonseras, sino  hasta el mismo temor que lo angustiaba a diario por no saber qué es lo que debía hacerse en esa institución, o cómo debía ser él, para parecer su jefe.

Aprovechando que el “punto” había caído en el abismo abierto entre lo que realmente era  y lo que le parecía que debía ser, el Eskunqui comenzaba a manipular su mente, diciéndole quién era quién dentro de la oficina, sin ni siquiera separar los buenos de los malos, sino tan solo los malos de los peores, que para la desgracia de ellos, eran los que más lo despreciaban.

–¡Jefe!, cuídese del Yojan Ampuero, porque es un cutrero de primera. –Y solo cuando le preguntaba por qué, respondía. –Porque ha tramitado los documentos bamba de seis ex trabajadores que no tenían derecho a ser pensionistas, pero  gracias a que le pagaron diez mil soles cada uno,  ahora esos seis cobran una buena pensión de donde le pagan el veinte por ciento mensual.  –Y cuando le preguntaba, “¿y por qué no lo denuncias. por escrito e iniciamos una investigación?”, le respondía diciendo que tenía miedo, porque acaso él no le veía,"la cara de hampón que se maneja".

Y muy respetuoso de la igualdad de géneros, también tenía algo que decir acerca de las féminas.

–¡Jefe!, no le haga caso a los coqueteos de la Clarisa, porque esa no es una verdadera servidora de carrera, sino un cuerito que no se sabe cómo entró a trabajar en la oficina, pero que el antepenúltimo Jefe la engrió hasta hacerla su querida con el cuento que se iba a casar con ella, y que gracias a ese mismo cuento la Clarisa hizo lo que le dio la gana en la institución creyéndose la “primera dama”. –Y cuando le preguntó si la empleada había llegado a casarse, le respondió. –No jefe, solo la han huevoneado nomás.

Para crearle problemas a los que consideraba sus enemigos naturales, que eran esos trabajadores que saben decirle “al pan: pan y al vino: vino”, y que lo molestaban con eso de: “Te conozco bacala'o, aunque vengas disfraza'o”, logrando arrancar muchas risas burlonas de los que escuchaban ese y otros certeros disparos.

–¡Jefe!, cuídese del Alvarado porque es un denunciador de primera. –Y cuando le preguntó qué era un denunciador, le respondió. –Son esos traidores que en fotocopias se roban los documentos de la oficina y lo entregan a los “chauchillas”, que son unos indios ignorantes y motosos de mierda, que haciéndose pasar por periodistas usan la radio para rajar de lo lindo de todo el mundo a cambio de unos cochinos soles. –Cuando le preguntó si alguna vez habían rajado de él esos “chauchillas”, le respondió con la más solemne seriedad e hinchando el pecho: “Jefe, en este pueblo de mí nadie se puede atrever a decir ni una sola mala palabra, porque yo soy un hombre limpio, honesto y respetuoso. ¡Por eso me quieren todos mis compañeros!"

–Si esos “chauchillas”, rajan por rajar, ¿no crees que ya deberían estar en la cárcel? –Le preguntó.

–No, porque los jueces corruptos de este pueblo venden la justicia al mejor postor y como tienen semejante “rabo de paja”. tienen mucho miedo que esos “chauchillas” les rajen con las pruebas que tienen en sus manos y que por eso la oficina de control de la magistratura de Lima se dé cuenta con qué dineros han comprado tantas casas,  carros,  chacras  y  mansiones  en  Lima,  Cusco  y  hasta  en  Trujillo.  –El  jefe  se  quedó sorprendido con aquella respuesta y se prometió saber más de ese asunto.

Más adelante el magister siguió recibiendo con mucho deleite las novedades del chismosón. “El Munive es un vago porque ……sería bueno que lo trasladara a…….”.  “Ese ha venido traído por su hermano que alguna vez fue un jefazo, pero no sirve para nada. Sería bueno que se aperturara una investigación sobre esa fraudulenta acción de personal”. “Ese es peligroso porque….. sería bueno  trasladarlo  a  Chinchaypuquio”.  “Jefe  cuídese  de  la  Mendivil  porque  es  una  chismosa,......sería bueno que la trasladara a Monjaspata. “Ese es un malvado porque su mujer se queja que le pega mucho a su entenadito, sería bueno que se vaya a Salviapampa para alejarlo del pobre angelito”, “Ese es un imbécil porque …...”, “Ese está loco porque….. ”,  y a golpe de tanta lenguaraz noticia, su “punto” iba conociendo que al parecer no estaba al frente de una entidad de la administración pública, sino que lo habían asignado a una especie de cárcel o manicomio. Entonces para librarse de todo mal no le quedaba más alternativa que aferrarse al Eskunqui, y para eso debía designarlo como su funcionario de confianza en el cargo de menor responsabilidad, para que el hombre tuviera tiempo de ocuparse de sus labores de inteligencia.

–¡Cómo siempre ese cholo pendejo se ha escogido un cargo donde se viatica todo el año, y dónde para durar no hay que ser más que un soplón y hacer unos cuantos adefesiosos papeles, que no lo hará él, sino su secretaria que se desvivirá en suplicar a medio mundo cómo se redactan esos documentos. –Comentó con mucha envidia un turulato colega.

–Hablando en oro, ¿qué aporte ha hecho el Eskunqui para el mejoramiento de las capacidades de la oficina o para su crecimiento institucional? –Se preguntó el gordo Rosada y se respondió. –No te has dado cuenta que para nada ha servido que durante los últimos quince años haya sido funcionario de confianza, incluso si fuera un simple empleado tampoco serviría para algo.

–Pero hablando en oro también. ¿En realidad que hace el Jefe en su oficina? –Preguntó uno de ellos.

–No se sabe, pero lo cierto es que con cualquier cojudo que lo espera por largo rato para entrevistarse, el huevón se cierra por horas. ¿Para qué se cierra?, si todos conocemos a que ha venido, y si no, ya dentro de la marcha de la oficina nos llegamos a enterar qué es lo que quería en realidad el visitante.  ¿Acaso  no  puede decirle que esta u otro Área  o Unidad te va resolver tu  petición,  reclamo o problema? –Respondió otro.

–Lo que pasa es que el huevonazo necesita darse aires de gran autoridad,  y cuando el incauto se encuentra dentro de su oficina, le hace contar su vida entera, para luego decirle que él le va a solucionar su problema, o que no puede hacer nada con su desgracia, de modo que el entrevistado sale sonriente porque se salió con la suya, o vomitando de rabia porque a nadie le gusta contar su vida por las huevas, ni mucho menos bajar la cabeza frente a un inútil.

000°°°000

Cuando los trabajadores comenzaron a recibir sus memorándums de traslado a los lugares que había recomendado el Eskunqui, empezaron a presentarle personalmente sus reclamos y tras recibir una terca negativa, comenzaron a presentar sus oposiciones escritas a esos torpes, gratuitos y hasta delictivos abusos, cada quien según su humor o carácter, ya que algunos eran airados, otros suplicantes y no faltaron los amenazantes.

Los reclamos salieron de la órbita de los damnificados y acabaron propagándose en la emisora que trasmitía las opiniones de los “chauchillas”, donde por el costo que corresponde no solo demandaron a voz en cuello para que se corrijan estos abusos, sino que lo hicieron como si ellos mismos serían los directos perjudicados por esas injusticias, y aprovechando que el jefe había declarado procedente la petición de reconsideración de una trabajadora, a la par de otro que tenía parientes y amigos en las altas esferas del poder regional, los comedidos informadores señalaron que a la primera le había hecho pagar con varias noches de sexo y alcohol, y que al segundo le había cobrado hasta 5 mil soles para dejarlo en paz. Y así durante toda la semana fueron difundiendo un montón de otras endiabladas trapacerías que habría hecho el abusivo funcionario con los sagrados dineros del Estado, que recién cayó en la cuenta quiénes eran y que poder destructivo tenían esos “chauchillas”.

Tampoco faltaron los que teniendo parientes y amigos abogados, presentaron varias denuncias penales por abuso de autoridad, y para el colmo de sus males el sindicato de trabajadores se declaró en huelga de brazos caídos, pidiendo por todos los medios la destitución de aquel jefe incapaz y abusivo, que no había tenido más carta de presentación que ser sobrino de aquel que le seguía en mando al mandamás regional.

Estando así de revueltas las cosas, al Jefe ya no le interesaba mantenerse en aquel cargo, sino que suplicó a todos los denunciantes para que retiraran sus denuncias, porque a los pocos meses de haber logrado su cartón universitario, no quería ver manchada su carrera profesional con sentencias penales que le podían cerrar el acceso laboral ante el único patrón que da trabajo en estas tierras: el Gobierno Regional. Así que no le quedó más remedio que reunir a los trabajadores para contarles con lujo de detalles lo que el Eskunqui le había metido en la cabeza, aprovechándose que era novato en el cargo y de paso, con lágrimas en los ojos, pedirles perdón para que no le hicieran daño. Finalmente les suplicó que constituyeran una comisión con los trabajadores más antiguos para que le sugiriera lo que debía hacerse para remediar ese daño y después de eso ya no lo verían más por esa oficina.

Luego del desenmascaramiento público del Eskunqui, la sesión designó a tres de sus más encarnizados enemigos, quienes al cabo de un día sugirieron por escrito solo dos acciones, sin cuya ejecución no se levantarían ninguna de sus quejas y denuncias penales: la primera era dejar sin efecto todos esos abusivos traslados y la segunda era aperturar un proceso administrativo disciplinario, por hasta las más de doce faltas graves que había cometido el Eskunqui en sus más de quince años de funcionario de confianza al servicio de todos los gobiernos regionales de turno, que iban desde la utilización de los bienes de la oficina en su beneficio; la concurrencia reiterada al trabajo en estado de embriaguez; el abuso de autoridad y el uso de la función con fines de lucro; su descarado acoso sexual a las trabajadoras; sus actos de inmoralidad y sus reiteradas faltas injustificadas.

Cuando el Jefe expidió los documentos que dejaban sin efecto los abusivos traslados y la resolución reemplazando al Eskunqui por un trabajador que los empleados le habían sugerido, así como la resolución donde se le aperturaba proceso administrativo disciplinario por todas sus fechorías.

Seguidamente se desistieron de presentar las denuncias penales que estaba en manos de sus abogados, sin que faltara la intervención pagada de los “ chauchillas” que decían que gracias a que ellos se habían hecho carne de los malos pasos que se estaban dando en esa oficina, las aguas habían vuelto a su cauce, y lo que era mejor, se había detectado y castigado al autor material de esos abusos aprovechando que el nuevo jefe era un bisoño profesional que recién estaba dando sus primeros pasos en los vericuetos de la Administración Pública, y de eso culparon al mandamás regional por confiar una responsabilidad de tanta envergadura a un mocito inexperto, seguramente para robar en esa dependencia aprovechando que estaba jefaturada por un pobre bellaco.

Dicen que cuando el  Eskunqui recibió  ambas resoluciones, y cuando como de costumbre iba a ponerse a vociferar, amenazar y todos esos arrebatos que hacía cuando las cosas no le salían a su antojo, primero se puso rojo, después amarillo y poco a poco fue tornándose verde, y muchos afirman que cuando llegó al hospital del Seguro estaba completamente azul, casi morado. También comentaron que luego de un corto coma inducido tuvieron que operarle de todos los males que se habían alojado en su cuerpo por culpa de su perversa mente y su malvada lengua. 

Ante esa inesperada noticia muchos de los trabajadores no se sintieron bien, porque temieron que el Eskunqui podía morirse en ese malvado hospital, y a ninguno le gustaba que se pudiera matar a un pobre perro que les había mordido, solo porque otros lo habían malcriado. Además casi todos estaban convencidos que gracias a que existen sujetos tan malos como él, de alguna manera, los que cargamos con una cuota de nuestra propia maldad, en parte dejamos de serlo o por lo menos disimularlo, porque gracias a dios o al diablo, siempre puede existir uno mucho peor que nosotros.

En buena cuenta el Eskunqui con todo lo que era y lo que es, a lo largo de muchos años nos había hecho sentir que  de algún modo éramos buenos. Pero si por un milagro el sería consciente de eso y nosotros reconoceríamos lo que nos corresponde, todos estaríamos mucho mejor. El mundo sería más bueno.

Al cabo de algunos meses, como un zombi llegado de ultratumba se apareció en el trabajo el apenas reconocible Eskunqui, trayendo unos papeles para solicitar su jubilación anticipada, porque una junta médica lo había calificado como incapaz para el trabajo.

Cuando más tarde eso fue así, lo despidieron con una bonita ceremonia con diploma, medalla de honor y emocionados discursos, donde incluso se sirvió un potaje y se brindó una copa de vino.